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(3) Omertá en el hospital de mi ciudad.

San Pedro del Largo Silencio es un diminuto pueblo del norte peninsular. Se encuentra a trescientos noventa y un metros sobre el nivel del mar y su ubicación es cuarenta y dos grados, veintiocho minutos, doce segundos Norte, dos grados, veintiséis minutos, cuarenta y cuatro segundos Oeste. La meteorología de la villa se suaviza debido a su localización en el valle, siendo sus condiciones las típicas del clima mediterráneo continentalizado.

Etimología

El origen del nombre, como ocurre con tantos otros lugares, es desconocido. Muchos han sido los estudiosos que han intentado resolver el misterio. Uno de las teorías más aceptadas es la que Isabel Bathory – Kubala —la prestigiosa arqueóloga húngara que logró descifrar la paradoja del edificio de Maternidad Virgen del Corrillo— enuncia en su premiada obra Santos y virgenes: un acercamiento lejano:

«Posiblemente, el nombre del Largo Silencio haga referencia al tradicional temor que la población de la zona, analfabeta y supersticiosa, sentía por aquellos que gestionaban su devenir. Recordemos que en el escudo de la villa podemos leer el lema Audire, Videre, Silere; se puede afirmar, con muy poco margen de error, que tal expresión está detrás de su formación. Hemos comprobado, recientemente, lo que puede ocurrirles a aquellos que advierten sobre realidades funestas e incómodas. San Pedro del Largo Silencio no había estado tan de moda desde el siglo quince».

Organización

El sistema que rige la vida de los habitantes de San Pedro del Largo Silencio es el Feudalismo del siglo XXI aunque sus diferencias con el de toda la vida son inapreciables. Además, San Pedro del Largo Silencio está muy influido por lo que acontece en otros municipios como Santa Guadaña del Hoyo, localidad célebre por el despotismo de su gobernador; entre sus travesuras destacan la sustitución de todos los peldaños del lugar por personas o la reducción de la edad del derecho de pernada de dieciséis a catorce.

Lugares de interés

Son multitud los monumentos que se pueden admirar en San Pedro del Largo Silencio. Las salas de espera con televisión, la máquina de café o los parking (tanto público como privado) son espectaculares. También merece la pena echar un vistazo a los laboratorios faltos de personal. Se puede comer bien en el extrarradio de San Pedro; hay una oferta muy variada que incluye menús de diversas partes del mundo.

Cómo llegar

Aparte de coger el diez, el tres o el once, usted puede conducir hasta allí e intentar estacionar en alguno de los parking patrimonio de la humanidad. Si quiere ahorrarse todo esto, puede llegar atravesando la pedanía de Urgencias; sólo si está gravemente enfermo presenciará el cartelón de bienvenida: San Pedro del Largo Silencio. Esperen las molestias.

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(2) Sin resultados, ni enfrente ni a los lados.

Neoformación dicen los doctores. Yo busco en Internet aunque sé que el resultado es fatal. «Aparición de un organismo de carácter tumoral, benigno o maligno. Ver también neoplasia». Vaya. La verdad es que tener una neoformación en la nariz es mucho más cinematográfico y elegante que un simple, popular y aciago tumor. Suena a ciencia ficción que mata; es la nueva carne. ¿Estoy en una antigua película de Cronenberg? De momento viajo en el diez, mirando por la ventanilla, pensando que el autobús atraviesa un trozo de circunvalación a gran velocidad, sin paradas, como en los sitios grandes; la ciudad ha crecido y ni me he enterado. Antes los buses no salían del casco urbano en ningún momento, circulaban como el Tren Chispita, deteniéndose cada dos minutos. Daba igual porque aquí está todo a mano y es supercómodo vivir.

«Hay que esperar a los resultados de la biopsia pero, en principio, no parece que sea malo. Este tipo de cosas son comunes y mucha gente las tiene. A veces ni se interviene». Que sea algo extendido no tranquiliza demasiado; en ciertos lugares son habituales las hambrunas. Lo normal, a veces, es morirse. Pero hay que ser positivos, optimistas; pensemos que si hubieran visto algo indeseable, no nos hubiesen dicho nada acerca de las posibles buenas intenciones de la neoformación. ¿Qué necesidad tendrían de jugársela? ¿Y si después resultaba que la caprichosa neoplasia estaba en pie de guerra? ¿No hubiera sido un gran error?

Lo peor de las cosas es que hay que esperarlas. Espera de juicio, esperan un hijo, lista de espera, esperan los resultados de la prueba, esperan el dinero que no llega, esperan que vuelva. Lo mejor es no pensar en ello. Le veo bien, no obstante. Igual que antes. No le pregunto qué tal está porque en realidad no le duele nada y si le pregunto acerca de lo que piensa, supongo que no sacaría más de un «Nada, qué voy a pensar…» o alguna obviedad del tipo «a ver qué nos dicen». No espero tratados existenciales ni falta que hacen. Los días se suceden como peldaños hacia el cadalso y mientras ascendemos fingimos que todo es normal.

«No hemos podido analizar la biopsia». No estoy presente en la consulta; me lo cuentan mi madre y mi hermana. «Ahora no hay patólogos suficientes y no damos abasto con todas las biopsias que tenemos pendientes. Lo sentimos de verdad, pero van a tener que esperar un poco más los resultados». ¿Más? Me acuerdo del no parece que sea malo el día de la prueba mientras –también– espero a que venga el diez. Cruzo el cachito de circunvalación a toda velocidad. Hay un señor que se parece a Woody Allen y me parece una coincidencia mágica. ¿No era él quien decía que las palabras más bonitas de nuestro idioma no son «te quiero» sino «es benigno»?

 

P.D: Hace unos pocos días,  escuchamos las palabras mágicas “es benigno” vía teléfono móvil.

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(1) La limpiadora que llora o el vértice superior de la pirámide.

«Majo, no sabes lo que me ha pasado, menudo bureo… La yaya se ha hecho pis al levantarse; nada, cuatro gotas. Entonces he salido al pasillo y he llamado a la chica para que pasara la fregona; muy maja, la verdad… Y después, con la ayuda de las enfermeras, la he acostado. Pues nada, al rato, llaman a la puerta, y es la mujer llorando como una magdalena: “que me van a despedir, que me van a despedir…” Por lo visto, a su encargada no le ha gustado que retrocediera a rehacer una habitación que ya había terminado o qué se yo… Y que estaba escaqueándose, hablando conmigo, ¿tú te crees? Hace falta ser sota y sinvergüenza… Una obrera, virgen santísima… Se pensará que luego el jefe, que vivirá en la Conchinchina, se va a acordar de ella cuando la echen, por muy encargada que sea… Qué impresión me ha dado la mujer, toda compungida. La madre que la parió… ¿Cómo se le ocurre hacer eso? Se habrá quedado con el borro bien ancho… Ya le he dicho: “no te preocupes, que ahora mismo voy a hablar con ella, a decirle que has entrado porque te lo he pedido yo, que tu no tienes falta de nada, que ha sido mi culpa.” Además están las enfermeras de testigo, ¡ojo! A ver si voy a poner una queja… Claro, luego decimos que son ariscas y que son tal… Si es que no me extraña; mira cómo trabajan, si no pueden mover ni un pelo de la ceja, las pobres… Qué poca vergüenza, hace falta ser… ¿Es que no se acuerda de cuando ella era obrera o que? Majo, hay algunas que son tontas del bote… Desde luego, qué paciencia… Pocas cosas pasan. Y no te lo pierdas, voy a contarle lo que ha pasado, con buenas palabras ¿eh?, con educación, y aún se inflaba la muy zorrupio; qué aires, tenías que haberla visto… Para mandarla a tomar viento; porque no puedes, a ver si, encima, la van a despachar después de todo… Me han dado unas ganas de darle un cucazo así, ¡zas!, en la cabeza y estornillarla, fíjate lo que te digo… Virgen del Pilar, qué mundo, adonde vamos a llegar… Vamos para atrás, si es que vamos para atrás… ¡Ay si pasa esto antes! Buena le esperaba. La cogíamos entre todas y la llevábamos a escobazos de la puerta de la fábrica a su casa… O el vacío. Que te hagan el vacío, eso es lo peor. Que sepa todo el mundo que eras una mala persona, que conozcan cómo tratas a las mujeres, como putas… Parece mentira, siendo mujer que es, y obrera… ¿Sabes lo que pasa? Que a algunas en cuanto les dan cuatro alhajas ya se piensan que son la collares y ¡hala!, a pisar, a pisar, a pisar, y entremedias, a rascarse la seta. Que no es así, hombre, que no… Ya está bien. Vaya trago ha pasado la muchacha con estos hijos de la Gran Bretaña… Mira, ya viene la médica. Es jovencísima, ¿la conoces? Es la que ha operado a la yaya. Encantadora. Y menudo tipo… Ya es hora de que vayan quitando a los viejos que llevan ahí doscientos años… Es que me han puesto de mal talante de par de mañana, me ha sentado mal hasta el desayuno, fíjate lo que te digo. Pobrecita… Me estoy acordando más de ella… Al final, me van a hacer hablar. Y verás…».