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UNA FOTO

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Tamara la encontró en una carpeta creada el miércoles 3 de enero de 2013. Antes de venir a Inglaterra. Recordaba perfectamente lo que hizo aquella semana; papeles para el nuevo trabajo, despedirse de sus padres, de los amigos, visitar el cementerio para contárselo a su abuela, que se murió sin verla colocada, quedar con Indio para decirle que se iba y follar con él por última vez.

Amplió la imagen escaneada de la original. Año 2000 más o menos, Indio aún no llevaba coleta. Los cinco hacinados en el banco de madera de la plazuela. Indio, Tata, Sanse, Ceci y ella. Aunque la imagen mostraba la plaza del barrio, su mente se empeñaba en transportarla a sitios que no aparecían encuadrados. De repente se encontraba en su trastero, desnuda, Indio frente a ella, tembloroso, admirando su cuerpo escuálido y desvaído, a medio hacer.

La polaca llegó a casa. Es viernes y me dirá de ir tomar algo, pensó Tamara. Tenía ganas de salir, pero la foto se había interpuesto entre ella y su voluntad. La había anulado. Fue un golpe a traición. Pero, ¿de quién? ¿Por qué se había puesto a revisar el disco duro? Necesitaba saber que todos los megabytes estaban debidamente ubicados. ¡Tantas manías! Si no fuera tan ordenada no la hubiese encontrado y ahora no dudaría ante la proposición de la polaca; le diría que sí, claro, que era viernes y había que salir, quedar con los del trabajo, tomar unas pintas, ir a una discoteca, bailar canciones en español, huir de los del trabajo, juntarse con desconocidos, acostarse con uno quizás, ahora era atractiva, nunca más escuálida. Escuchó los pasos de la polaca en el pasillo, puertas de armarios que se abrían y cerraban. Se le pasó por la cabeza que a lo mejor deseaba ver la foto. Le aterraba el hecho de que, inconscientemente, hubiera llegado a conectar el aparato a la corriente, enchufar el cable a su portátil para bucear hasta el archivo. No había nada que ordenar; Vacaciones Turquía, Currículum, Renta, Temarios Oposiciones; todo seguía en su sitio. No se acostumbraba a la ensoñación en la que vivía; Indio aparecía en el metro a veces, cuando sus párpados caían; casi podía notar cómo el aire caliente del verano recorría el vagón directo a su rostro; una moto que nunca le gustó mucho. Otras veces ocurría durante una reunión soporífera. El aburrimiento y la somnolencia invocaban su imagen, fue su diagnóstico ¿Por qué ahora? Tengo una red de conocidos estable y espacio para mis cosas. ¿Qué son mis cosas? Tengo que distraerme. ¿De qué? Ya voy al gimnasio, colaboro dando clases de alfabetización en una oenegé, leo, estoy al corriente de la actualidad de mis dos países, el natal y el de residencia. Sobrevivo más o menos de acuerdo a mis principios morales e ideológicos. Soy feliz, hago lo que quiero. ¿Por qué vuelve para complicarlo todo? ¿Era aquello lo que popularmente se conocía como dejar una profunda huella?  ¿Sabrá él del cambio? ¿Era consciente de que ella limó -casi eliminó- su arrogancia y soberbia? Lo mejoró para que lo disfrutaran otras; aportó algo bueno a la sociedad.

La polaca abrió la puerta después de llamar un par de veces. Ya se había puesto el pijama.