Etiquetado: steven spielberg

LAS MONSTRUOPELÍCULAS

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Ando con veinte pestañas abiertas, café en ristre, saltando de una a otra (Filmaffinity, IMDB, Wikipedia…) averiguando si la película Escalofrío (Carlos Puerto, 1978) se tituló de otra manera en Estados Unidos, Francia, Latinoamérica o Inglaterra. O en Alemania Federal, grandes aficionados al terror charcutero que me han salvado la vida muchas veces con versiones dobladas de calidad repugnante-vhs-grabado-del-salón-de-casa. Satan’s Blood fue el título en Estados Unidos e Inglaterra. También se acredita Don’t Panic para la versión de vídeo –apostaría a que sólo fue estrenada de esa manera–. Mis amigos tudescos no decepcionan y contribuyen con su versión llamada Schok. Ya dispongo de información más que de sobra, así que al lío: a escribirlos en el buscador de recónditas páginas web. No me cuesta demasiado obtener resultados con Satan’s Blood así que, antes de fumarme un cigarro a la salud del botín que me llevo, me despido de las sonrientes rusas que desean ser mi esposa y renuncio al método mágico para hacerme rico en la red. Doy un sorbo al café congelado, síntoma de Nivel de Navegación Severo y, justo en ese preciso instante, unos tambores acompañados de jadeos me dan un susto de muerte. En alguna pestaña ha pasado algo. Y no es porno, es algo más “artístico”.

Es un tráiler. El Renacido de Alejandro González Iñárritu, la que peli que hemos escogido para ver en el cine. Después de ciento cincuenta y seis minutos, coincido en que se trata de una historia de supervivencia, pero no sólo para Leonardo DiCaprio… ¿Qué hemos hecho, oh Hollywood sagrado, para que nos castigues con tanta dureza? ¿Por qué nos agredes con ladrillos interminables? Es cierto que la fotografía es magnífica, que está rodada de maravilla, pero la historia no da para tanto. Es costumbre añeja la de hacer películas a base de clembuterol dando como resultado paquidermos admirables desde un punto de vista científico -¿cómo habrán hecho eso?-, pero de huella escasa. Y no es que los directores no tengan talento; supongo que producción obliga y la gran longitud del metraje será una cláusula insalvable cuando hay grandes presupuestos entre manos. De entre las últimas producciones de Hollywood que he visto, no hay ninguna que se salve de la maldición y no sobrepase las dos horas, un tiempo más que prudencial para contar la mayoría de historias: El despertar de la Fuerza (135 minutos), El puente de los espías (135 minutos), Spectre (146 minutos), Los odiosos ocho (167 minutos). Y tantas otras que todavía no he tenido oportunidad de ver como The Martian (142 minutos) y el resto de nominadas a los Oscar, el festival donde está prohibido dar un premio por debajo de las dos horas. El caso de Los odiosos ocho es de juzgado de guardia, una venganza sangrienta contra nosotros, el público desarmado. Quizás esta tendencia por lo monstruoso en todo (longitud de películas, tamaño de edificios, tochos inabarcables, discos eternos) es signo del tiempo que vivimos. Yo ya he empezado mi terapia anti-pestiños repasando pelis viejas de la Hammer que solamente te hacen perder una hora y media de tu vida, como mucho. Necesito tiempo para mi Nivel de Navegación Severo.

 

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QUERER SER SAM NEILL

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Parque Jurásico significa la última película-fenómeno que recuerdo; significa interminables colas en el extinto cine Diana; significa una infancia coleccionadora de fascículos, gafas 3D, maquetas —¡una brillaba en la oscuridad!— o tebeos relacionados con dinosaurios; significa conocer los nombres impronunciables de un ciento de bicharracos; significa querer ser Sam Neill de mayor. No es necesario continuar enumerando los factores por los que la película de Spielberg se eleva a la categoría de intocable dentro del género Para Ver en Centro Comercial Con Toda La Familia. También fue la última que mi padre vio en un cine; «ya no necesito ver más», debió pensar tras contemplar al T-Rex bajo la densa lluvia nocturna.

Con estos antecedentes pueden hacerse una idea de lo que me ha parecido Jurassic World (JW). Y más teniendo en cuenta que su condición de relanzamiento de la franquicia obliga a compararla con la original de1993 y no con sus penosas secuelas. Puede decirse que es una revisita a Jurassic Park (JP), un calco estructural sin talento ni gracia, únicamente guiado por la tecnología. El misterio, el suspense y la sorpresa han sido sustituidos por imperativos o elementos técnicos; si en JP, Spielberg los utilizaba para apoyar o acentuar el drama (los jeeps por raíles detenidos frente a la zona T-Rex, por ejemplo), en la nueva versión más parece que las cosas se han hecho porque podían hacerse, sin reflexión ni inteligencia. En todos los malditos planos tiene que haber un holograma de dinosaurio (casi salen más que los dinosaurios reales), una pantalla táctil, una mamarrachada con luces que no sabemos para qué demonios sirve. El realismo de los dinosaurios sufre entre tanta sobredosis de efectos especiales y el resultado es que parecen más de mentira que en 1993, cuando todavía existía pudor 3D, el temor —más que razonable— a que los espectadores notaran los bichos «pegados» y lo digital debía camuflarse con autómatas o decorados para conseguir una hibridación perfecta. La conclusión es que la vorágine efectista que rodea JW la defenestra hacia la irrealidad más absoluta. JP era una película que se tomaba en serio a sí misma, tan bien hecha que te creías el tinglado montado en Isla Nublar.

Los personajes son otro problema; quieres que mueran todos. Los dos hermanos son vomitivos; el mayor es un imbécil intrascendente y el pequeño un pitagorín descafeinado, desprovisto del aire nerd y underground del original. La protagonista (tía de los niños) es la directora del parque y la campeona de los cien metros lisos en tacones selva a través. Su homólogo masculino (un domador de velociraptores) es un ex marine cabeza cuadrada mezcla de Rambo y César Millán. Un humanista que vive retirado en su bungaló. Entiendo que el objetivo de esta —fatal— caracterización romántica del fulano es contraponerla con la de la chica. ¿Quién va a querer ser este anormal de mayor? Ambos son detestables, verlos es una tortura y la comparación con la pareja Neill-Dern sería un crimen de lesa humanidad. Del resto, mejor ni hablar. El argumento y su desarrollo son estúpidos, simplemente. Son más idiotas de lo que cabría esperar, quiero decir.

Dios. Qué horror.

POTRO CURSI

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War Horse. 2011. Estados Unidos. Dir: Steven Spielberg.

Después de la apabullante adaptación de las aventuras del reportero belga más célebre, Spielberg se sumerge en las trincheras de la I Guerra Mundial para contarnos la trayectoria vital de un caballo; desde su nacimiento en una campiña inglesa de cuento de hadas, su posterior reclutamiento por el ejército británico para la peripecia bélica continental, hasta su vuelta final a las islas. War Horse es un ejemplo más de cine para toda la familia, una categoría a la que el director americano ha contribuido con varias joyas desde E.T a Jurassic Park. Un cine castrado de referencias eróticas, libre de hemoglobina y tramas políticamente incorrectas, listo para ser consumido por toda la saga familiar en un centro comercial el sábado por la noche. El invento definitivo para llenar las salas de cine. Si bien normalmente contemplo estas películas –casi todas de aventuras y con frecuencia entretenidas- con cierta reserva, me da pereza enfrentarme a la historia de buenos y malos; quizás todo tenga su momento y ví War Horse en el menos adecuado. Me ha parecido la película más ñoña que he visto en mucho tiempo, relamida en extremo, plomiza y barroca a partes iguales. Solamente las escenas de batalla me llamaron la atención y conseguían despertarme de un profundo letargo. El principio del film me recordó a los ponys de juguete color pastel.

BACK TO THE FUTURE. Part III (Robert Zemeckis, 1990)

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Back to the Future. Part III. 1990. Estados Unidos. Dir: Robert Zemeckis.

Aunque comienza en el espacio 1955, el cierre de las aventuras de Marty y de Doc se desarrollan por casi por completo en el Hill Valley de 1885, un esqueleto de la ciudad posterior donde se va a inaugurar el famoso reloj en torno al cual se despliegan sus correrías. El encanto de esta tercera parte reside en su ambientación en el oeste americano más que en su argumento, afectado de gran inmovilismo y predictibilidad, el humor en caída libre desde la primera. Los guiños a la historia y a otras películas siguen funcionando a toda máquina. Doc encuentra a su alma gemela, la maestra Clara Clayton, se enamoran; otro obstáculo más para finalizar el film de manera feliz y correcta. La película muere en el espacio 1985, el Delorean se destruye y Marty también es feliz con Jennifer. Después Doc vuelve a 1985 desde el pasado para darnos una lección moral tras todos sus vaivenes cronológicos; el futuro lo haces tú. Un mensaje optimista. Doc se aleja con su aero-locomotora y desaparece en el tiempo, pero ya no hubo cuarta parte.

BACK TO THE FUTURE. Part II (Robert Zemeckis, 1989)

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Back to the Future. Part II. 1989. Estados Unidos. Dir: Robert Zemeckis.

Doc y Marty despegan en su Delorean volador, debidamente adaptado, hacia el futuro 2015, un tiempo venidero de estética obsoleta. Me invadía cierta curiosidad por observar lo que vamos a encontrarnos a la vuelta de la esquina, cómo serán las futuras Hill Valley o Lardero. La fecha iluminada en el salpicadero del coche temporal marca 2015, y sin embargo –obviando los vehículos voladores-, a los ojos del espectador de 2013, el futuro de Zemeckis nos parece el pasado, una versión revolucionada y saturada de 1989. No logro diferenciar las vestimentas de los ciudadanos de 2015 de las que utilizaban Technotronic en el mismo año en que se produce la película, es decir, cuatro años después de la fecha en la que se desarrolla la ficción. Back to the Future II está emparentada con los cuadros de temática cristiana del Renacimiento; están pintados en el siglo XV y XVI e ilustran pasajes ocurridos mil quinientos años antes. Cuando era pequeñito no entendía bien qué era lo que no funcionaba en esos cuadros, había algo de ilógico y antinatural en ellos. Los personajes representados, -los reyes magos, la virgen, un ángel- visten como en el siglo XV o XVI; los edificios se pintaban obedeciendo a las nuevas ideas arquitectónicas y corrientes humanistas del siglo XV o XVI. Es decir, son cuadros que representan épocas pretéritas, elaborados desde la perspectiva de un pintor renacentista. Sobra comentar la confusión que esto puede causar cuando eres más joven y sabes que necesariamente una persona que vivió en el año cero y otra de 1530 no pueden vestir de la misma manera; más cuando abres el álbum familiar, observas fotografías antiguas de tus ancestros y ves a tu bisabuelo con pinta de Curro Jiménez, recién salido de Los desastres de la guerra. No ha pasado tanto tiempo –si la comparamos con la distancia entre Renacimiento y albores del cristianismo- y las diferencias saltan a la vista.

Comienzan las nuevas aventuras donde las dejamos en la primera parte, pueden verse ambas películas seguidas sin ningún problema. La diversión y el humor decaen un poco en favor de un laberíntico guión que toma como base los sucesos de la primera parte. Crea una historia perfecta introduciendo un pasado alternativo, así que Doc y Marty tendrá que volver a 1955. Se crea, por tanto, un triple escenario temporal 1955-1985-2015. También presenta un nuevo espacio-tiempo, 1885, donde se tendrán lugar las últimas aventuras. Esta segunda parte sigue siendo una película entretenida, repleta de auto-homenajes y guiños tanto a su predecesora como a otras películas del pasado. Es una muy digna sucesora, aunque se encuentra un peldaño por debajo de Back to the Future, una película mucho más redonda.

BACK TO THE FUTURE (Robert Zemeckis, 1985)

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Back to the Future. 1985. Estados Unidos. Dir: Robert Zemeckis.

Ya saben que todo empezó hace unos meses con la revisión de la saga Star Wars. Los compis del cine de los lunes hemos decidido no frenar nuestra ansia de aventuras de la infancia y continuar con las famosas películas vistas una y mil veces. La saga Indiana Jones ya nos la hemos fulminado –pronto llegará a este espacio que tanto adoran- y ayer comenzamos con otro puntal básico del cine familiar – aventurero de los ochenta: Regreso al Futuro. Spielberg de nuevo tras los hilos, con su equipo habitual de producción, Dean Cundey a la fotografía y Robert Zemeckis a la dirección en una cinta deudora de la ciencia ficción clásica norteamericana, la serie b de la Troma –sin sangre y sin sexo-, el cine de aventuras de toda la vida y los videoclips de Devo. Fundamentada en un guión bastante agudo, que recoge hasta el más mínimo detalle, y en su inocuo pero acertado sentido del humor, esta primera parte supone una diversión constante sin momentos flojos. Muy sólida, bien hilada y, en general, bastante redonda. Yo no recordaba la última vez que la había visto y, sin embargo, me ha parecido que aguanta perfectamente nuestro tiempo. Y la recordaba más floja. El argumento es archisabido, me gusta como se rebobina el sueño americano para grabar encima. Marty McFly viaja en el tiempo, de manera accidental, hasta el año 1955. Allí correrá un montón de aventuras, y de paso, cambiará el destino y la personalidad de sus padres. Los mejora. McFly padre se convierte en un escritor seguro de sí mismo, con personalidad a prueba de bombas y su madre Lorraine ha dejado de ser alcohólica, un cero a la izquierda de su marido y sus hijos, la prole inoperante, ahora provechosa y educada. Además está delgada al final de la película, como advierte McFly hijo, y su aspecto ya no es desaliñado ni sucio. También han sabido domar a Biff, el coco del instituto; McFly padre ha tenido la consideración de guiar su inestable existencia destinada a la cárcel de manera irremediable, recordemos cuando Biff intenta forzar a su futura esposa. El único que no cambia es McFly hijo, al que todo esto le parece muy extraño, pero aún así está orgulloso de su familia mejorada: por lo menos ahora transigen con la relación que mantiene con su novia. Ahí está la necesidad de cambiar la inercia de nuestros fracasos para convertirnos en algo; todos en la película son unos grandes perdedores. McFly padre es un pusilánime, McFly hijo es un músico frustrado, Lorraine una borracha, los hermanos languidecen frente a la televisión y Doc es el loco del pueblo, además de –podría ser, quién sabe-  colaborador indirecto del futuro atentado de Lockerbie. Pero todos terminan contentos y felices con su nuevo estatus. Hasta que Doc llega del futuro con alguna mala nueva…

JEEPERS CREEPERS (Victor Salva, 2001)

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Jeeper Creepers. 2001. Estados Unidos. Dir: Victor Salva.

Volví a ver The Thing de John Carpenter, no pude resistirme. Esta vez con making of incluido, además del comentario del director. En la pequeña entrevista, Carpenter explica los factores que le llevaron a realizar el film, fundamentalmente su fascinación por la película de 1951 The thing from another world, al que podría sumarse su gusto por todas las películas de terror de serie b de los años cuarenta y cincuenta. En todas ellas hay un elemento común, nos dice; al final, el monstruo-alienígena-criatura de turno no deja de ser un tipo disfrazado, fácilmente reconocible bajo un ortopédico pijama. En otras palabras; la cota de misterio se menoscaba de manera radical en este tipo de historias, reduciéndose en última instancia a la simple curiosidad por lo estrambótico del atuendo. Incluso Alien (Ridley Scott, 1979) es un pijama.

Es muy difícil turbar. Sobre todo en el género terrorífico, tan manido, transitado y vilipendiado; suplantado por la truculencia charcutera, los sustos permanentes y la sordidez sofisticada. Exhibir la aberración se ha convertido en una de las leyes del terror, aunque sea porque sí, sin ninguna razón o justificación – por favor, no confundir esta denuncia del género con la mojigatería-. Los personajes se limitan a dar vueltas como pollos asados, esperando su turno… Parece que la vieja costumbre del  no mostrar, haciendo partícipe de la película a la “perturbada” mente del espectador se haya pasado de moda, que si no nos lo dan todo bien triturado con el pasapurés no reaccionamos. Ahora todo parece un decorado; un lugar común de lo que se entiende por película de terror y, claro, así asustas, pero no das miedo de verdad. Resulta que la gracia de Tiburón (1975), es que el bicho no sale hasta la mitad de la película; Spielberg consigue acojonar simplemente filmando el agua, haciendo perdurar nuestro miedo en el tiempo. Hay muchos ejemplos, y tampoco es justo meter a todos los directores de horror en el mismo saco; aún quedan algunas excepciones como Ti West, que se afanan a una idea de terror no apta para idiotas. Y ahora, once años después de su estreno, también he descubierto a Víctor Salva.

Jeepers Creepers contiene una de las mejores partes del terror reciente. Desde su comienzo hasta prácticamente la aparición total del Creeper en la casa de la anciana de los gatos, es una película perfecta. Una road movie aterradora, con una fenomenal pareja protagonista, un ambiente tenso durante todo momento y una sensación misteriosa que se intuye en cada uno de sus planos. Salva consigue estirar la sensación de terror durante gran parte de la película, pero una vez la criatura aparece, también lo hace lo manido, y la magia que impregna el resto de la película se pierde. El Creeper es un tipo disfrazado con un buen pijama, pero daba más miedo vestido de -¿granjero?- chungo y conduciendo un camión oxidado a toda leche que de criatura satánico-nocturna. No obstante es una buena película de terror si atendemos a su espectacular inicio y a su machacado final.

Publicado en la revista Fuerza Vital.