Etiquetado: relatos

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A Jean Pierre le jodía mucho no tener pelo en el pecho. «En Mali, a las mujeres les encantan los hombres como tú», le había contado a Indio al tiempo que trataba de levantarle la camiseta. Jean Pierre vivía obsesionado con su ausencia de vello y, en el curro putrefacto de ETT donde coincidió con Indio, su presencia fue un regalo de los dioses de la precariedad a sus hijos más avanzados. Le hicieron ir a la farmacia a por Semen de Choto, la clave de los frondosos pectorales ibéricos. «A nosotros tampoco nos salía como ahora, no te creas; para tener una buena mata te tienes que untar bien, después de las comidas y al acostarte». Txarly, un desterrado de Bilbao, conectó los cables de la bomba; el bar donde sacar la conversación, la farmacéutica adecuada, el establecimiento acristalado con visibilidad óptima.

Cuando doña Margarita le encargó la misión de buscar dos «caballeros solventes y con estilo», Indio no dudó en exhumar su agenda. Jean Pierre, tieso, vendiendo mierdas por las terrazas del mundo; no dijo que no, no dijo que sí, pero fichado. El ángulo faltante lo encarnó Miguel, un rumano yonqui del crossfit que en realidad se llamaba Mihai, pero al que toda su fábrica llamaba Chauchescu.

En un eterno coto manchego, Doña Margarita holgaba acompañada. La escoltaban Frau Sigrid, un cíborg de silicona de casi dos metros y Miss Williamsson, que se parecía a todas las reinas de Inglaterra a la vez. Entre los tres deneís, dos siglos. Allí quemaban días siameses; al alba se vestían de doctor Livingstone y no dejaban perdiz viva; después de comer charlaban sobre negocios y familia -que venía a ser lo mismo- hasta la cena. Luego empezaban los juegos.

Son ustedes unos desalmados que han irrumpido en la residencia veraniega de tres amigas con la intención de robar una valiosa joya. Las mujeres permanecen ocultas en algún lugar de la casa y solo una conoce dónde se esconde el tesoro. Ganarán el juego si consiguen la joya antes de que finalice la hora y media que tarda la policía en llegar a la villa. Si eso ocurre, serán gratificados convenientemente. Si pierden, no podrán hablar durante lo que resta de estancia. Como ven, tienen los atuendos y todo lo que necesitarán para triunfar. Kevin, usted será Equis, el jefe del grupo. Otelo será Ípsilon y Roman, Omega. Solo podrán referirse a sí mismos con esos nombres. En caso contrario, perderán. El juego comenzará cuando se apaguen las luces y terminará cuando la corriente vuelva. No se anden con remilgos a la hora de sonsacar información. ¡Recuerden que son unos desalmados! Hagan lo propio; la verosimilitud es un gran afrodisíaco.

Indio reconoció la letra redonda, juvenil, de doña Margarita. Sobre la mesa se desplegaba el equipo de cada uno junto a un cartel con su nombre en clave; un disfraz de caco, una linterna y un maletín que ponía «No abrir hasta que la luz se apague».

Equis ordenó dividirse y cada uno buscó por un rincón de la casa. Dentro del armario de uno de los dormitorios se escondía doña Margarita. Se puso a gritar como una loca cuando Indio la sacó de los pelos. Ofrecía más resistencia de la esperable; aun así, doña Margarita simuló paralizarse por el miedo para que a Indio le diera tiempo de buscar, dentro del maletín, unas cuerdas y una mordaza que se habían enredado entre tubos de lubricante, bolsitas de polvo blanco y vibradores variados. Los gritos resonaban fuera de la habitación. Doña Margarita afirmaba no saber el paradero de la joya.

Se encendieron las luces. En el vestíbulo, Miguel e Indio se quitaban el disfraz. Apareció Jean Pierre al poco, pletórico. Les enseñó un sanguinolento diente dorado. «Hemos ganado», dijo. Después abrió su maletín y colocó los alicates en el lugar correspondiente junto al resto de herramientas.

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DOMINGO EN CIUDAD FRONTERA (II)

gas

[…] Ciudad Frontera se convirtió en megalópolis a mediados del siglo pasado, cuando las reservas planetarias de hidrocarburos parecían agotarse. En 2049 la empresa Nordpetrol comienza a explotar Texso I, un yacimiento descubierto cuatro décadas antes en un pueblecito fronterizo. Los avances tecnológicos permitían acceder al codiciado combustible fósil situado a gran profundidad. La sorpresa fue mayúscula al comprobar que no se trataba de un yacimiento corriente; Texso I era la mayor bolsa petrolífera del mundo y auguraba un áureo porvenir, no sólo a Ciudad Frontera, sino a toda la humanidad. Un año después, Fronteria solicita su entrada en la OPEP, petición que denegó la junta de gobernadores de la organización y que desencadenaría una serie de tensiones internacionales sin precedentes. Los gobiernos de Estados Unidos, Rusia, Venezuela y Arabia Saudí se reúnen en un complejo hotelero de la costa mediterránea con el fin de hacer frente a una nueva situación política y económica. El llamado Pacto de Benidorm decidió invadir Fronteria, que para entonces ya había proclamado su independencia del gobierno de Madrid. La nueva bandera (Nota: variación cromática en la primera franja horizontal. Se sustituye el rojo relativo a la tradicional cultura vitivinícola de la región, ya obsoleta, por el negro Texso, ausencia de luz muy de moda en la vestimenta de los habitantes de Ciudad Frontera) ondeaba en todos los balcones de los hogares fronterizos. […]

[…] Llego a la aduana y rebaso sin problemas el primer acceso vigilado todavía por la Guardia Civil. Mientras espero a que los Fronteria Migration Rangers (Nota: temido cuerpo de policía encargado de controlar la entrada de posibles inmigrantes ilegales. Son fácilmente reconocibles por la característica boina negra con borla en forma de torreta de extracción) den el visto bueno a mi entrada en la ciudad-estado, observo una placa conmemorativa que muestra el desprendido afecto del pueblo fronterizo:

ANTIGUO CAUCE DEL RÍO
¡NO TE OLVIDAMOS!
CIUDAD FRONTERA, 11 DE JUNIO DE 2021
500º ANIVERSARIO DE LAS FIESTAS PATRONALES

Se acerca un ranger y me pide el pasaporte. Me pregunta si voy a Santiago y le respondo que no, que soy profesor de antropología y que estoy escribiendo un artículo para una revista de mí país. Entonces el policía se disculpa al descubrir mi nacionalidad (Nota: Noruega es el único aliado de Fronteria, gracias a Dios). Me dice que no conoce los países, que cambian mucho. Levanta la barrera, no sin antes advertirme de tener precaución al circular, que hoy es domingo y juegan los negros (Nota: Fútbol Club Fronteria, el equipo más laureado de la historia. A los jugadores les llaman así merced a su equipación negro Texso). Por fin, ya estoy en Ciudad Frontera. Decido dejar mi vehículo en el aparcamiento más grande del mundo, diseñado por el arquitecto Frank Zippri, cuya cúpula de cristal y titanio puede contemplarse desde cientos de metros a la redonda. Además, el transporte público en Ciudad Frontera ha mejorado notablemente, aunque no deja de ser peligroso dependiendo de la zona de la ciudad en la que nos encontremos. Me monto en el monorraíl y decido hacer una visita a la parte vieja de la ciudad antes de ir al hotel. […]

[…] Casi no recordaba la magnificencia y el esplendor del centro comercial Nuestra Señora del Carmen, recientemente restaurado. En mi último viaje, tanto el museo como el interior del centro estaban cerrados. Todo el mundo debería visitar el Museo del Carmen al menos una vez en la vida pues alberga piezas arqueológicas de gran importancia. Las joyas de la corona son: el antiguo cine Sesión, capaz de reproducir filmes 3-D de principios del siglo XXI, todavía muy pedestres. Musical Pedro, tienda de discos de finales del XX que constituye una fuente inagotable de investigación gracias a su completo catálogo de productos. No hay que olvidar que la juventud disfruta de lo lindo escuchando las producciones musicales de la época; piezas complejísimas que a nuestros ojos, bien es cierto, pueden parecernos auténticas payasadas. Completan la colección una réplica a tamaño natural de la primera tienda de teléfonos móviles de la ciudad (finales del XX) y una vasta selección de frisos publicitarios de épocas variadas. […]

[…] Ya en el hotel, me quito los zapatos y me tumbo en la cama. Enciendo la televisión. En la primera cadena de televisión de Fronteria dan una película bélica, Los defensores, ambientada en la Guerra Negra (2050-2053). Narra la historia –ficticia seguramente- de un regimiento del ejército fronterizo que, aislado en un búnker, hace frente a un batallón del Pacto de Benidorm. En el televisor, los disparos cesan y la cortinilla del Avance Informativo cruza la pantalla. El rostro grave de la presentadora no presagia nada bueno.

“… esta mañana, el Parlamento noruego ha ratificado su adhesión a la Alianza. El último aliado de Fronteria ha traicionado a su amigo y compañero de viaje, ha declarado el primer ministro José Luis Pérez. Se rompen, así, medio siglo de buenas relaciones entre ambos países. “

No me lo puedo creer. Acto seguido suena el teléfono de la habitación. Es el embajador noruego en Ciudad Frontera. Me insta a salir pronto de la ciudad. Le pregunto cómo y no sabe qué contestarme. Al final, tras un largo silencio al otro lado del auricular, el embajador me recomienda que me disfrace de peregrino, tire mi pasaporte al váter y confíe en que la policía fronteriza se encuentre desbordada por el importante partido de fútbol. Me cuelga porque se va. Bajo a recepción y pregunto qué dirección hay que tomar para ir a Santiago. El recepcionista contesta que todo recto, pero que no me haga ilusiones porque me van a pillar. Me dice que vaya a una iglesia, a ver si me pueden esconder por ahí. Le hago saber que soy luterano y me comunica que eso es indiferente, que el padre Anselmo tiene un gran corazón y a buen seguro que no le importa esconder a una rata hereje enemiga de Fronteria. […]

 

Imagen: Gas. Edward Hopper, 1940.

DOMINGO EN CIUDAD FRONTERA (I)

 

petroleo

Por Sven Henriksson. Antropólogo de la Universidad de Oslo.
Extracto del artículo publicado en el número 25.582 del semanario del diario Aftenposten del 13 /03 / 2102.
Traducción del noruego de Allma Moguerrioci.

[…] Es mi segundo viaje al lugar que lleva por nombre Ciudad Frontera. Tomo un café en una estación de servicio que dista unos cien kilómetros de la tierra llamada Fronteria y de su excéntrica capital. Un cosquilleo asciende por mi estómago y las manos comienzan a sudar; siempre estoy ansioso de volver a la ciudad que se ha convertido en mi objeto de estudio. Doblo el mapa desplegable, y me dirijo a la barra para abonar el importe del café. Tras el mostrador, una mujer oronda y risueña devora a escondidas un emparedado que, a juzgar por la mancha de mayonesa en su labio superior, deduzco que es del tipo vegetal. Los nativos lo denominan de esta forma a pesar de contener anchoas y/o jamón, y mi dieta vegetariana ya sufrió el sabotaje en más de una ocasión durante mi primera estancia. La mujer se limpia con una servilleta de papel y agarra el billete de cinco euros que he posado al lado de un expositor de bollos industriales. Mientras manipula la caja registradora me pregunta hacia dónde me dirijo. Le respondo que a Ciudad Frontera. Sin duda mi esfuerzo por mimetizarme y pasar desapercibido entre la población autóctona ha fracasado. Decido quitarme el fajín rojo, las medias bordadas y la boina, acciones que tranquilamente desarrollo en el cuarto de baño del bar. Como el resto del calzado lo tengo en el maletero del coche, no puedo desprenderme de las alpargatas. Opto por vestirme a la occidental, traje, camisa y corbata color beige. Salgo del local y la camarera se despide de mí no sin antes advertirme de la calidad de la hostelería en el área metropolitana de Ciudad Frontera. Le respondo que ya la conozco, que he estado anteriormente en la zona y que aprecio la gastronomía fronteriza. Ella me dice que no ha viajado nunca a Fronteria, que se lo había contado su cuñado. […]

[…] El trayecto hasta Ciudad Frontera es un espectáculo imponente. A ambos lados de la carretera se despliegan miles de chimeneas y torres de extracción de hidrocarburos. Es la principal actividad económica de la región y aglutina a su alrededor una fascinante cultura tradicional en lo relativo a la elaboración y producción en serie de apreciados barriles de petróleo, muy competitivos en los mercados nacional e internacional. Además de las grandes corporaciones petroleras, abundan en Ciudad Frontera las explotaciones de yacimientos familiares; los fronterizos son un pueblo orgulloso de los frutos que brotan de sus privilegiadas tierras y defenderán sus oleaginosos con fe ciega, con una pizca de fanatismo si se me permite la subjetividad, pero también con una candidez e inocencia que emocionan al más curtido. Es entrañable el empeño de las familias en que su torre de extracción ( Nota: acostumbran a llamarlas torretas) luzca impecable al sol de mediodía, favoreciendo una sana competencia, una apuesta por la belleza que se traduce en maravillosos paisajes. Aunque los nativos consideran sus hidrocarburos los mejores, no hacen ascos a ningún otro, así que bien sujetos y sellados en el maletero viajan conmigo tres barriles de Brent de mi tierra, el Mar del Norte, que a buen seguro algún fronterizo sabrá apreciar como prueba de afecto y hermandad entre nuestros pueblos. […]

[…] Me para la Guardia Civil (Nota: o picoletos. En caso de utilizar esta forma popular ha de ir acompañada del determinante artículo masculino plural. Ambas formas pueden utilizarse: la Guardia Civil o los picoletos). Declaro que en el maletero hay tres barriles de Brent. El agente me mira por encima de sus gafas de sol y me comunica, muy serio, que el número de barriles de producción foránea permitidos en Ciudad Frontera es de dos por persona. Contesto que desconocía la nueva ley, puesto que en mi anterior visita a la ciudad, el límite era de tres por persona. El guardia civil asiente lentamente y responde crípticamente que el horno no está para bollos. Da media vuelta y con el barril ilegal en la mano se dirige a la parte trasera de un vehículo todoterreno vetusto, anticuado y con aerodinámica deficiente (Nota: Patrol. Pronúnciese pátrol). Me pide el pasaporte. Al ver mi nacionalidad me pregunta si voy a Santiago. Puede referirse a una peregrinación de origen medieval, clave en el desarrollo de la primera historia de la villa y actualmente en desuso. Arranco de nuevo y a los pocos segundos rebaso el cartel informativo; Ciudad Frontera 20 Km. Ruta del Oro Negro. Sonrío. Ya falta poco. […]