Etiquetado: relatos

AQUEL VERANO DE 2010

«Hay quien cree en la existencia de espíritus malignos que residen en lugares masacrados a la espera del huésped adecuado, en fantasmas que transitan los mundos de los muertos y de los vivos para zanjar asuntos inacabados, en la reencarnación animal, vegetal y mineral, en el mal de ojo, en criaturas míticas como Nessie, el Yeti o el Chupacabras. Nunca fui supersticioso ni crédulo con todas esas fantasías fruto de mentalidades pigmeas y oscurantistas hasta aquella mañana del 8 de julio de 2010. No queremos ser perturbados en nuestro aterciopelado sueño de dogmas firmes y afirmaciones contrastadas, por estúpidas que puedan parecer. Nosotros mismos somos un potente narcótico. A mí siempre me había parecido más cuerdo atribuir los hechos intangibles a la casualidad o a la mala suerte que a un sustrato mágico que afecta a todas las cosas. Entonces vimos el torbellino de agua en que se había transformado el río y pensé en Laura apuñalando un pequeño muñeco de trapo o quemándome en efigie en el auto de fe de Playmobil»

A partir de hoy, 22 de enero de 2016, puede descargarse LOS TURISTAS SIEMPRE MIRAN HACIA ARRIBA en varios formatos digitales (pincha en la portada a la derecha de la pantalla o en la pestaña LECTURAS CONTRAHECHAS).

No se me da muy bien la promoción, el saber venderse y todo eso; a los que escribimos no deberían dejarnos hablar de nuestras obras porque terminas diciendo siempre lo mismo. Tan solo llevo un par de entradas aquí y en Facebook sobre el tema, y ya no sé qué más contar sin destripar nada. Voy a parar ya, que me conozco. Léanla si quieren saber qué aconteció aquel verano de 2010.

Ni siquiera tengo Kindle ni libro electrónico. Pueden imaginar en el tormento que me he convertido en los últimos meses para aquellos que me rodean. ¿Se ve bien? ¿Salen cortados los pies de la falangista? ¿Cómo va de márgenes? Siento todos esos whatsapps intempestivos fruto de la incertidumbre, esos mensajes de chalado obsesivo. Es de admirar la paciencia de los siguientes héroes: Miguel Garraleta, Carlo Rosso, María Pujades, Rodrigo Velilla, María Moracia y Beatriz Castro. Me tenéis que pasar las medidas y tal. Para el escultor.

Que la disfrutéis.

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LOS TURISTAS SIEMPRE MIRAN HACIA ARRIBA

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Esta es la primera entrada del año y, para no desmerecer la tradición, también supone un anuncio (redoble y platillo). Voy a publicar mi primera novela: LOS TURISTAS SIEMPRE MIRAN HACIA ARRIBA.

Hace un tiempo que terminé una historia más larga de lo normal. De lo normal para mí, entiéndase. Partiendo de unos orígenes sencillos, decidí no planificar su longitud para liberarla de límites de caracteres requeridos por revistas o fanzines. Y también porque sí, porque me apetecía. El resultado es una novelita corta de terror pop con ínfulas de “entretenimiento trascendente”. O esa ha sido la intención, al menos. Estará disponible en descarga gratuita en este su blog de cabecera -en la pestaña LECTURAS CONTRAHECHAS, un poco más arriba- en los formatos PDF, EPUB y MOBI. Así que permanezcan atentos si quieren sumergirse en una locura que aúna maldiciones antiguas, pueblos turísticos, escritores de seudónimos extravagantes, técnicos de sonido cornudos, adolescentes grunge y viejos locos. Ilustra este post la portada del embrollo, una maravilla de Carlo Rosso que demuestra que todo esto es cierto. Guárdenla como señal hasta el día D que tendrá lugar en breve.

Feliz año nuevo.

EL TRUCAZO

Street Fighter II - Champion Edition

—Hay que pensar en otra cosa.

El Indio golpeó el grinder contra la mesa.

—Para no correrse, digo. Es el truco para seguir, ya sabes, pin, pan. Las tías tienen en cuenta eso, en serio; no sabes la cantidad de desagradecidos que hay por ahí. Ante todo, dale tú, que no se revuelva. Si no, mal. Como esté bien cachonda, te agarre y te haga la metralleta… pa-pa-pa-pa-pa, estás jodido. Ni con paja previa, primo. Aunque eso son cosas de cada uno, ya me entiendes.

Javito escuchaba absorto. Aunque sólo le pasaba tres años, el Indio ya le parecía un humanista o filósofo griego. Era la Wikipedia del barrio y el chamizo era su foro. A veces hablaba en tercera persona de sí mismo, como los reyes y los deportistas. Gracias a su piel aceitunada, su melena brillante y a dos certeros ojos azules podía hacérselo con la chica que le diera la gana; pero no era un fantasma, ni distante con los pequeños. Su talante pedagógico y altruista lo convertían en un icono, un ejemplo a seguir. No obstante, años atrás fue un as de los cuarenta y nueve centímetros cúbicos y el promotor de grandes avances técnicos como la masturbación con flema.

—Otra cosa. ¿Está buena? Porque entonces ya… lo que te faltaba…

—A mí me parece que sí. No sé, me gusta.

—Vamos a ver, Javito. O está buena o no está buena, no me jodas. Que no pasa nada, Indio respeta. Mira, ¿te acuerdas de la inglesa aquella que vino de intercambio? Pues era fea que te cagas pero el Indio no pierde bola, chico… Porque, ¿sabes una cosa? Todos tenemos derecho a la vida. Eso dice mi abuelo y es gran verdad. Que se te quede aquí metido, en la sesera.

Lió el cigarrillo de un rápido movimiento.

—No sé, Indio. Es así, alta, más que yo. Guapa, rubia, va bien de bufas y trasero, pero es mayor; por eso me da un poco de chungo. Estoy acojonado, primo, si te digo la verdad.

—Ostia puta, Javito. Mayor cómo. Porque depende. ¿Es del barrio?

—No. Y será como tú o más.

—Entonces te va a hacer falta más madera. Vas a tener que bajar. Eso es infalible.

—Joder, no sé yo, así de primeras…

—Nada, el trucazo.

El indio se detuvo para tomar aliento.

—Vas a pensar que soy un asqueroso pero esto es canela fina. Escucha: mientras estás ahí abajo, flas, flas, coges este dedo y poquito a poco se lo vas metiendo por la puerta de atrás. Pero con tranquilidad, si hay mal rollo, que no va a haber, pues paras. Ahí ya es para ti. En serio. Y no sé si te mola mucho o no esa chica, pero ya sabes… Esto es invertir en futuro. Las tías tienen esto colectivo, ¿cómo se llama?

—Inteligencia, conciencia.

—Eso. Si te has portado con una, las demás lo van a percibir, tronco. Se dan cuenta de esas cosas, primo. Te van a respetar. Van a decir: joder con el Javito, este sí que sabe, no como estos gilipollas.

—Muy fácil lo ves todo.

—Tú mismo. Puedes hacerme caso o fracasar. Una cosa tienes que tener bien clara. Qué quieres ser en la vida. Dime, Javito, ¿tú qué prefieres ser en la vida? ¿Un desgraciado o el puto amo?

—El puto amo, supongo.

El Indio exhaló un nubarrón titánico.

—Pues eso. El trucazo.

DOMINGO EN CIUDAD FRONTERA (II)

gas

[…] Ciudad Frontera se convirtió en megalópolis a mediados del siglo pasado, cuando las reservas planetarias de hidrocarburos parecían agotarse. En 2049 la empresa Nordpetrol comienza a explotar Texso I, un yacimiento descubierto cuatro décadas antes en un pueblecito fronterizo. Los avances tecnológicos permitían acceder al codiciado combustible fósil situado a gran profundidad. La sorpresa fue mayúscula al comprobar que no se trataba de un yacimiento corriente; Texso I era la mayor bolsa petrolífera del mundo y auguraba un áureo porvenir, no sólo a Ciudad Frontera, sino a toda la humanidad. Un año después, Fronteria solicita su entrada en la OPEP, petición que denegó la junta de gobernadores de la organización y que desencadenaría una serie de tensiones internacionales sin precedentes. Los gobiernos de Estados Unidos, Rusia, Venezuela y Arabia Saudí se reúnen en un complejo hotelero de la costa mediterránea con el fin de hacer frente a una nueva situación política y económica. El llamado Pacto de Benidorm decidió invadir Fronteria, que para entonces ya había proclamado su independencia del gobierno de Madrid. La nueva bandera (Nota: variación cromática en la primera franja horizontal. Se sustituye el rojo relativo a la tradicional cultura vitivinícola de la región, ya obsoleta, por el negro Texso, ausencia de luz muy de moda en la vestimenta de los habitantes de Ciudad Frontera) ondeaba en todos los balcones de los hogares fronterizos. […]

[…] Llego a la aduana y rebaso sin problemas el primer acceso vigilado todavía por la Guardia Civil. Mientras espero a que los Fronteria Migration Rangers (Nota: temido cuerpo de policía encargado de controlar la entrada de posibles inmigrantes ilegales. Son fácilmente reconocibles por la característica boina negra con borla en forma de torreta de extracción) den el visto bueno a mi entrada en la ciudad-estado, observo una placa conmemorativa que muestra el desprendido afecto del pueblo fronterizo:

ANTIGUO CAUCE DEL RÍO
¡NO TE OLVIDAMOS!
CIUDAD FRONTERA, 11 DE JUNIO DE 2021
500º ANIVERSARIO DE LAS FIESTAS PATRONALES

Se acerca un ranger y me pide el pasaporte. Me pregunta si voy a Santiago y le respondo que no, que soy profesor de antropología y que estoy escribiendo un artículo para una revista de mí país. Entonces el policía se disculpa al descubrir mi nacionalidad (Nota: Noruega es el único aliado de Fronteria, gracias a Dios). Me dice que no conoce los países, que cambian mucho. Levanta la barrera, no sin antes advertirme de tener precaución al circular, que hoy es domingo y juegan los negros (Nota: Fútbol Club Fronteria, el equipo más laureado de la historia. A los jugadores les llaman así merced a su equipación negro Texso). Por fin, ya estoy en Ciudad Frontera. Decido dejar mi vehículo en el aparcamiento más grande del mundo, diseñado por el arquitecto Frank Zippri, cuya cúpula de cristal y titanio puede contemplarse desde cientos de metros a la redonda. Además, el transporte público en Ciudad Frontera ha mejorado notablemente, aunque no deja de ser peligroso dependiendo de la zona de la ciudad en la que nos encontremos. Me monto en el monorraíl y decido hacer una visita a la parte vieja de la ciudad antes de ir al hotel. […]

[…] Casi no recordaba la magnificencia y el esplendor del centro comercial Nuestra Señora del Carmen, recientemente restaurado. En mi último viaje, tanto el museo como el interior del centro estaban cerrados. Todo el mundo debería visitar el Museo del Carmen al menos una vez en la vida pues alberga piezas arqueológicas de gran importancia. Las joyas de la corona son: el antiguo cine Sesión, capaz de reproducir filmes 3-D de principios del siglo XXI, todavía muy pedestres. Musical Pedro, tienda de discos de finales del XX que constituye una fuente inagotable de investigación gracias a su completo catálogo de productos. No hay que olvidar que la juventud disfruta de lo lindo escuchando las producciones musicales de la época; piezas complejísimas que a nuestros ojos, bien es cierto, pueden parecernos auténticas payasadas. Completan la colección una réplica a tamaño natural de la primera tienda de teléfonos móviles de la ciudad (finales del XX) y una vasta selección de frisos publicitarios de épocas variadas. […]

[…] Ya en el hotel, me quito los zapatos y me tumbo en la cama. Enciendo la televisión. En la primera cadena de televisión de Fronteria dan una película bélica, Los defensores, ambientada en la Guerra Negra (2050-2053). Narra la historia –ficticia seguramente- de un regimiento del ejército fronterizo que, aislado en un búnker, hace frente a un batallón del Pacto de Benidorm. En el televisor, los disparos cesan y la cortinilla del Avance Informativo cruza la pantalla. El rostro grave de la presentadora no presagia nada bueno.

“… esta mañana, el Parlamento noruego ha ratificado su adhesión a la Alianza. El último aliado de Fronteria ha traicionado a su amigo y compañero de viaje, ha declarado el primer ministro José Luis Pérez. Se rompen, así, medio siglo de buenas relaciones entre ambos países. “

No me lo puedo creer. Acto seguido suena el teléfono de la habitación. Es el embajador noruego en Ciudad Frontera. Me insta a salir pronto de la ciudad. Le pregunto cómo y no sabe qué contestarme. Al final, tras un largo silencio al otro lado del auricular, el embajador me recomienda que me disfrace de peregrino, tire mi pasaporte al váter y confíe en que la policía fronteriza se encuentre desbordada por el importante partido de fútbol. Me cuelga porque se va. Bajo a recepción y pregunto qué dirección hay que tomar para ir a Santiago. El recepcionista contesta que todo recto, pero que no me haga ilusiones porque me van a pillar. Me dice que vaya a una iglesia, a ver si me pueden esconder por ahí. Le hago saber que soy luterano y me comunica que eso es indiferente, que el padre Anselmo tiene un gran corazón y a buen seguro que no le importa esconder a una rata hereje enemiga de Fronteria. […]

 

Imagen: Gas. Edward Hopper, 1940.

DOMINGO EN CIUDAD FRONTERA (I)

 

petroleo

Por Sven Henriksson. Antropólogo de la Universidad de Oslo.
Extracto del artículo publicado en el número 25.582 del semanario del diario Aftenposten del 13 /03 / 2102.
Traducción del noruego de Allma Moguerrioci.

[…] Es mi segundo viaje al lugar que lleva por nombre Ciudad Frontera. Tomo un café en una estación de servicio que dista unos cien kilómetros de la tierra llamada Fronteria y de su excéntrica capital. Un cosquilleo asciende por mi estómago y las manos comienzan a sudar; siempre estoy ansioso de volver a la ciudad que se ha convertido en mi objeto de estudio. Doblo el mapa desplegable, y me dirijo a la barra para abonar el importe del café. Tras el mostrador, una mujer oronda y risueña devora a escondidas un emparedado que, a juzgar por la mancha de mayonesa en su labio superior, deduzco que es del tipo vegetal. Los nativos lo denominan de esta forma a pesar de contener anchoas y/o jamón, y mi dieta vegetariana ya sufrió el sabotaje en más de una ocasión durante mi primera estancia. La mujer se limpia con una servilleta de papel y agarra el billete de cinco euros que he posado al lado de un expositor de bollos industriales. Mientras manipula la caja registradora me pregunta hacia dónde me dirijo. Le respondo que a Ciudad Frontera. Sin duda mi esfuerzo por mimetizarme y pasar desapercibido entre la población autóctona ha fracasado. Decido quitarme el fajín rojo, las medias bordadas y la boina, acciones que tranquilamente desarrollo en el cuarto de baño del bar. Como el resto del calzado lo tengo en el maletero del coche, no puedo desprenderme de las alpargatas. Opto por vestirme a la occidental, traje, camisa y corbata color beige. Salgo del local y la camarera se despide de mí no sin antes advertirme de la calidad de la hostelería en el área metropolitana de Ciudad Frontera. Le respondo que ya la conozco, que he estado anteriormente en la zona y que aprecio la gastronomía fronteriza. Ella me dice que no ha viajado nunca a Fronteria, que se lo había contado su cuñado. […]

[…] El trayecto hasta Ciudad Frontera es un espectáculo imponente. A ambos lados de la carretera se despliegan miles de chimeneas y torres de extracción de hidrocarburos. Es la principal actividad económica de la región y aglutina a su alrededor una fascinante cultura tradicional en lo relativo a la elaboración y producción en serie de apreciados barriles de petróleo, muy competitivos en los mercados nacional e internacional. Además de las grandes corporaciones petroleras, abundan en Ciudad Frontera las explotaciones de yacimientos familiares; los fronterizos son un pueblo orgulloso de los frutos que brotan de sus privilegiadas tierras y defenderán sus oleaginosos con fe ciega, con una pizca de fanatismo si se me permite la subjetividad, pero también con una candidez e inocencia que emocionan al más curtido. Es entrañable el empeño de las familias en que su torre de extracción ( Nota: acostumbran a llamarlas torretas) luzca impecable al sol de mediodía, favoreciendo una sana competencia, una apuesta por la belleza que se traduce en maravillosos paisajes. Aunque los nativos consideran sus hidrocarburos los mejores, no hacen ascos a ningún otro, así que bien sujetos y sellados en el maletero viajan conmigo tres barriles de Brent de mi tierra, el Mar del Norte, que a buen seguro algún fronterizo sabrá apreciar como prueba de afecto y hermandad entre nuestros pueblos. […]

[…] Me para la Guardia Civil (Nota: o picoletos. En caso de utilizar esta forma popular ha de ir acompañada del determinante artículo masculino plural. Ambas formas pueden utilizarse: la Guardia Civil o los picoletos). Declaro que en el maletero hay tres barriles de Brent. El agente me mira por encima de sus gafas de sol y me comunica, muy serio, que el número de barriles de producción foránea permitidos en Ciudad Frontera es de dos por persona. Contesto que desconocía la nueva ley, puesto que en mi anterior visita a la ciudad, el límite era de tres por persona. El guardia civil asiente lentamente y responde crípticamente que el horno no está para bollos. Da media vuelta y con el barril ilegal en la mano se dirige a la parte trasera de un vehículo todoterreno vetusto, anticuado y con aerodinámica deficiente (Nota: Patrol. Pronúnciese pátrol). Me pide el pasaporte. Al ver mi nacionalidad me pregunta si voy a Santiago. Puede referirse a una peregrinación de origen medieval, clave en el desarrollo de la primera historia de la villa y actualmente en desuso. Arranco de nuevo y a los pocos segundos rebaso el cartel informativo; Ciudad Frontera 20 Km. Ruta del Oro Negro. Sonrío. Ya falta poco. […]