Etiquetado: ramones

COSAS GUAYS (Invierno 2017)

ncc

Nuevo Catecismo Católico

La primera vez que leí Nuevo Catecismo Católico tenía once años y no me interesaban nada el rock and roll ni la religión. Debió de ser un día de junio de 1995; al menos eso dice el número cuatro de la colección de tebeos de Beavis and Butt-Head que publicó World Comics en España. En esta ocasión, los dos imbéciles se travisten para pelear en el barro con dos crumbianas amazonas americanas. Después de sus estúpidas aventuras, en la última página, la Doctora Michelín -un más que probable seudónimo- firmaba la sección cultural Tira de la cadena, un compendio sónico-cinematográfico aún incomprensible para mí, que solo me interesaban las viñetas, algún que otro libro y entrenar para convertirme en el nuevo Pelé. A NCC les dedica un párrafo del artículo sembrado de nombres como Green Day, Black Flag o Bouncing Souls. Transcribo mi reciente redescubrimiento: “Soy un aberrante y Esta vida apesta son dos de las canciones que incluyen en su primer CD. Se presentan con pose chuleta frente aun poster de los Ramones y le dan a un punk-rock honesto, versión de los Saints incluida. Al cantante se le entiende y además el tío afina (¡milagro!), la banda tira bien y si al batería le alejaran los platillos de las manos un par o tres de metros, tiraría todavía mejor. Se resienten de la producción flojeras. Seguro que ganan un montonazo en directo. Atentos pues. Edita Goo Records (se dice Gu)”. Ese atentos pues me encanta por su inocencia. Una vez conocemos las consecuencias positivas de algo todo lo anterior rezuma candidez, se convierte en cuento con final feliz. Si el desenlace es triste, el cotidiano pasado precedente a la tragedia se magnifica, son los últimos momentos y saltan los porqués. Aquí, enternece leer la reseña pensando en lo que vino después. A pesar de la producción flojeras Nuevo Catecismo Católico se convirtieron en la mejor banda de punk rock. Pero, claro, eso yo aún no lo sabía. Tardé seis o siete años más en darme cuenta.

La primera vez que escuché Nuevo Catecismo Católico tenía dieciocho o diecinueve años y no recordaba haber leído aquellas tres palabras jamás. Iba a la universidad y el punk, el rock y más desechos auditivos ya hablaban por mí. Seguramente los escuché tarde, como siempre. Además, fue a la vez que la banda nodriza La Perrera, todo mezclado como las noticias confusas y contradictorias que llegan de los frentes: “dicen que son los mismos”, “creo que son de Bilbao”, “pues tenéis que escuchar lo primero, es lo mejor”. Los discazos se sucedían sin nombre ni orden ni lista de temas. Como no tenía Internet, me fie de un colega que afirmaba que Aún no habéis visto nada era la maqueta. Viví un tiempo con aquella seguridad, me permitía iluminar al personal cuando alababan el primer disco homónimo o el En llamas o el Generación perdida. “Tenéis que escuchar la maqueta”, les decía. Que te gusten NCC no es raro si amas el punk y el rock and roll, si el cerebro funciona correctamente y todavía conservas tus facultades mentales. Son una verdad objetiva: su música está muy por encima de todo, sus letras acostumbran a vivir siempre en el piso de arriba y en directo son una apisonadora. El resultado son canciones redondas siempre, impregnadas de una cercanía que solo se logra a partir de la sencillez y la honestidad con uno mismo. Esto es muy fácil de decir, pero cuando te pones a escribir una canción te das cuenta de lo complejo que es concentrar todo lo que sientes o quieres contar en unos pocos versos. Lo barato es agarrar el fanzine de turno y repetir como loritos.

La última vez que vi a Nuevo Catecismo Católico casi me electrocuto con el micrófono durante un concierto apoteósico, aquí en mi pueblo. En noviembre me quedé sin entrada para su fiesta de veinticinco cumpleaños; volví a llegar tarde, como es habitual. Pero los ausentes podemos resarcirnos porque ahora acaban de publicar una antología compuesta por un CD doble lleno de rarezas, caras b y canciones en directo. Una oportunidad perfecta para estudiar las páginas secretas del verdadero catecismo y transmitir la fe. ¿Acaso no es esa una de las labores del creyente?

GAGA Y LA “A”

INTERSCOPE RECORDS GAGA PHONE

Telephone. 2010. Estados Unidos. Dir: Jonas Akerlund.

¿Se trata del enésimo reciclaje de fetichismo punk por parte de la industria? El vídeo de Lady Gaga, perfectamente dirigido por el avezado Jonas Akerlund es un salteado saturado de cultura basura. Por estar, están todos los clichés que existen bajo la capa del cielo; onomatopeyas de cómic, pantallas partidas setenteras, saturación de colores, histrionismo, homenajes tarantinianos, subgéneros eróticos (cárceles de mujeres) y pop. Pero no era suficiente. Había que otorgarle una pátina de marginalidad al asunto. ¿Hay vida más allá de los Ramones?, debió preguntarse un productor musical en algún lugar de Norteamérica y los becarios en plan Anacleto agente secreto, ojo al parche en algún conciertillo de macarras. Línea caliente con el despacho del súper.

—Tenemos a un fulano que parece una ferretería, a una pava con un pantocrátor tatuado en los riñones desde cuyo interior sonríe Malcolm McLaren y a Charly, un tipo que acabamos de conocer en una gasolinera. Dice que nos pudriremos en el infierno. Cambio.

Nervios en Detroit. Los gerifaltes se revuelven en las butacas de cuero negro, apuran sus botellines de agua mineral, se masajean las seseras. El súper, hierático, habla:

—Sigan buscando.

Ivonne, una colombiana hecha de canela, atraviesa la estancia y sirve unos cuba libres. Posición de Apoxiomeno y sonrisa complaciente a los mandamases, pero el horno no está para bollos. Con inteligencia, flota hasta desaparecer. Que cada palo aguante su vela, piensa. La esfinge rompió el silencio de nuevo.

—Sigan buscando.

Los espías improvisados están al borde de sufrir un ataque epiléptico. Hay mucho humo, y luces de colores, y peinados estrambóticos. Charly es un indeseable que les ha dado el palo. A tomar por saco el equipo de emepecuatro con captador de ultrasonidos y la microcámara de vídeo con GPS camuflada en una tachuela de la chupa. Aún con todo, los agentes se reponen.

—… un personaje con chándal de mercadillo, una chica vestida de policía, perdón, puede ser policía…es policía, confirmado. Cambio.

Un estruendo y se corta la comunicación. La esfinge se frota los ojos. Akerlund, que ha tocado en Bathory, desafía al silencio.

G.I.S.M, Doom y la A dentro del círculo.

La esfinge no sabe de qué habla Akerlund. Alza la mano y le muestra el camino hacia una pizarra electrónica.

—Yo creo que si se lo pintamos a Lady Gaga en la chepa, no se va a hablar de otra cosa durante mucho tiempo. Incluidos los punkis.
La esfinge aplaude lentamente. La comitiva se incorpora a la gran ovación que se avecina. La conexión se restablece repentinamente y suena un eructo.

—Os pudriréis en el infierno.