Etiquetado: punk

COSAS GUAYS (Verano 2017)

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Maybe This

Si te fijas bien en la portada del nuevo álbum de Violets encontrarás las posibles claves de una banda que, a mi juicio, se han convertido en bandera del hardcore melódico actual. Los que me conocen dicen que siempre tiendo a exagerar, y llevan razón; pero al contar historias siempre conviene y, mi entusiasmo por aquello que me gusta funciona de este modo, a fuego y sin rehenes. Así que me cortaré y olvidaré lo de mejor disco de —— (rellenar con año, década, la historia…). Pues eso, observen la portada. A la izquierda el Dookie de Green Day, enfrentado al Everything Sucks de Descendents. Abajo, apenas puede leerse Bad Religion en el casete transparente; no consigo descifrar el título ni ampliando la imagen. Parece una sola palabra, así que apostaría todos mis discos de Bad Religion a que se trata del Suffer. En la parte superior han colocado su primer disco de 2012, aquel homónimo e impecable, fresquísimo, conceptual y técnicamente perfecto, en versión vinilo de H-Records. Lo han puesto allí como si quisieran decirnos de qué va la historia; o quizás con la voluntad de conectar su historia con otras. Juegan a ganar con las cartas vistas. Los incunables dispuestos en cruz también podrían ser los puntos cardinales: Violets son el Norte. Los más atentos descubrirán otro disco enterrado bajo el de Descendents. Aunque una estratégica pintura de cera azul tapa el nombre del grupo, reconozco el cincuenta por ciento del Late at Night de Dover. El arroyo subterráneo que irriga la superficie, que permite que florezcan un sonido propio y una personalidad auténtica; si añades el talento necesario para facturar canciones geniales a partir de un conglomerado de sonidos 90’s (grunge, hardcore, pop), el resultado es un disco maravilloso. Maybe This empiedra la senda que la banda abrió en 2012 con aquel disco que hizo plantearme rescatar los patines de las profundidades del trastero.

Gente de bien

Hace unos días vi a Generación Basura, una banda hardcore punk sevillana. Antes de acudir al concierto, había escuchado su recién publicado siete pulgadas; la verdad es que los recordaba más punk rockeros. Cosas de la memoria, en fin. Los andaluces ofrecieron un directo de hardcore dogmático en forma y fondo; así debería ser siempre un concierto de hardcore, enérgico y tan rápido que no te des cuenta ni de cuándo termina. Y es que son un auténtico torbellino de distorsión limpita, estos tipos. La bandera del colectivo Andalucía Über Alles recibía al respetable; la prueba  de que en el sur -en contra de lo que creen muchos- existe una escena fuerte y rica, con bandas de un nivel alucinante que resquebrajan el ombliguismo norteño. Recomiendo escuchar su nuevo single, seis temas con duración máxima de dos minutos, como manda el manual de instrucciones hardcoreta: canciones como Gente de bien, Los ciclistas de Satanás o Deben morirse te engancharán desde la primera escucha.

COSAS GUAYS (Primavera 2017)

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Señales de humo

Primero la venda: no quiero convertirme en un triste de esos que proclama que todo ha muerto. La afirmación de que algo ha perecido no es sino la proyección del fallecimiento del que lo dice. Uno llega, hace, escribe u compone algo y enseguida se apresura a asesinar la disciplina que cultiva por temor a que florezcan frutos más sabrosos o peligrosas hierbas parasitarias. Como si aquel que pusiera fin a las cosas porque sí encarnase un tope artístico insuperable, el capítulo final del libro. Este proceder me repele, aunque alguna vez he caído en las redes del sabihondo que se blinda artificialmente ante los acontecimientos y finge no sorprenderse por nada. En 2014 me percaté de que el disco más reciente de mi Mp3 era de 1999. Ahí la descubrí, la trampa para gilipollas. Durante mi verborrea inconsciente he afirmado que el rock murió por la repetición y la nula ambición de originalidad y frescura. No está de moda construir cosas nuevas con piedras viejas. Luego me enganché a Giuda, la cantimplora semienterrada en el desierto, y aún echo de menos a Lobo Eléctrico, reyes del olimpo del rock del país.

Que en Barakaldo -un lugar proclive al rock- surja una gran banda de rock no debería ser una gran noticia. Un repaso improvisado y acuden raudos Parabellum, Distorsión, Yo soy Julio César, y ahora, Porco Bravo, indiscutible banda -solo lastrada por su excesiva turbonegrización– que ejercen de auténticos embajadores underground. Desde hace unos diez años también están los Tiparrakers, cuyo punk rock seco y afilado no hace demasiado ruido. Cualquiera que sepa de qué va esto no tarda ni dos segundos en percatarse de que hay fondo. “¿Quién es el bueno de ellos?” preguntaba siempre mi tío en la vieja grada general. Bien, estos son los buenos de allí. Definir el sonido tiparraker es difícil; y eso es lo mejor que le puede ocurrir a cualquiera, una bendición, significa que has roto el molde y no saben en qué cajón meterte. Cuando te pones a escribir sobre un grupo y llegas a este punto, se suele hablar de personalidad. Yo creo que esta es consecuencia de la despreocupación y del talento, y me imagino a los Tiparrakers en el local, haciendo lo que les viene en gana sin ensimismarse con ningún artista en concreto. La base de la banda podría ser -vete a saber- esa zona gris entre rock agresivo y punk que trazó Motörhead. Pero la voz vehemente de su cantante, su manera de introducir los versos cortantes los eleva aún más, le otorga al conjunto una solidez envidiable. Una voz de extrarradio que tiende a la melodía y la claridad, que deja de lado los imprecisos dejes cazalleros. En Señales de humo, su cuarto y último trabajo, han conseguido tamizar ese ruido fronterizo mucho más. Es un disco perfecto, pegadizo, corto, lleno de futuros hits como “No comprendo”, “Quien es quien”, “Triángulo, cuadrado, rombo”, “8 días” o “Ciudad higienizada”; las tres canciones restantes no desmerecen nada y redondean el compacto. No me gustaría acabar sin hacer referencia a su directo. El pasado octubre les vi junto a los suecos The Baboon Show, una baza peligrosa a causa de la arrolladora energía de los nórdicos. Sin embargo, estos Vizcaínos Desconocidos fueron su austero contrapunto punk rocker, regalando una velada y actitud extraordinarias. La lección previa a las bufonadas de los de Estocolmo.

COSAS GUAYS (Primavera 2016)

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TURNO DI NOTTE A CITTÀ CONFINE

Seguro que conocéis la siguiente secuencia recurso, mis queridos cinéfilos. Una pareja se ubica en un espacio. Puede ser uno interior (bar, restaurante, lugar de trabajo…) o exterior (parque, bulevar, camino…). Mantienen una conversación intrascendente, mucha risa y tontería que denotan cierta conexión. Cada nuevo chascarrillo es una muestra de su atracción creciente, de su tanteo mutuo, de tratar de agradar sin aspavientos, discretamente, piano, piano, para no cagarla. Se conocen desde el minuto cinco del metraje y, aunque los créditos ya nos daban alguna pista, está claro lo que va a pasar. Sólo falta saber qué va a resquebrajar sus respectivos muros de contención. Sigue la charla. Trabajos anteriores, cómo tú por aquí, ¿te apetece tomar una copa?, hasta que a uno de los dos se le escapa algo que considera íntimo y secreto, algo importante para él o ella, un desliz que no estaba en la lista de automatismos a articular con desconocidos y que –piensa- seguro que no despierta el mínimo interés en el otro. Entonces la cara de nuestro interlocutor se ilumina (¿Te gusta la cerámica china?) a la vez que se convierte en piedra. Son milésimas de segundo pero, ¡qué sufrimiento!
—Sí, alguna vez, bueno, eh…
—¡¡ME ENCANTAAA!!
Se abrazan y se recitan las dinastías y sus estilos, se cuentan sus viajes a la Ciudad Prohibida, se quieren, es una pasión irrefrenable, se han librado del corsé de la convención, es la magia del cine y de la vida. Cenan en un chino y terminan en la casa-museo de uno de ellos, destruyendo porcelana por el pasillo al tiempo que se arrancan la ropa a dentelladas, durante un plano secuencia maravilloso. Funde a negro. ¿Cuándo demonios va a ocurrirme esto?, pensamos los espectadores en la butaca del cine.

Mi cerámica china de esta primavera se llama Buio Mondo y ha sido un amor a primera cuchillada. Hojeando la revista Karate Press (cuya lectura recomiendo a todo adorador subterráneo) me encontré con el portadón que ilustra este post (los guantes y el cuchillo los he añadido yo); un collage de objetos cortantes, pastores alemanes cabreados, máscaras sadomasoquistas, cristales rotos; y un título expeditivo sobre un restregón de sangre: Italia Violenta. Decir que llamó mi atención sería como afirmar que las mujeres y la cerveza me gustan un poco. Y eso que estaba en blanco y negro, no había descubierto sus colorines argentianos, esos verdes y rojos cegadores que el no versado puede identificar con Portugal, pero que a mí me teletransportan al país transalpino… Bien. Comencé a leer el artículo y a confirmar mi primera impresión… Pulso el stop del VHS.

Buio Mondo son dos tipos (Il Forense y Dr. Freudstein) que practican sludge o metal pesado con rastros de sintetizadores. Hasta aquí todo ¿normal? La gracia, o mejor dicho, hito civilizatorio, es que lo hacen tomando como referencia las bandas sonoras del cine de terror que Italia produjo desde finales de los sesenta hasta los años ochenta; sobre todos los géneros cultivados (Poliziesco, péplum, erótico) el giallo era el rey de reyes. Un género fruto de la noche apasionada entre una Psicosis ciega hasta las cejas de Amaretto y el Krimi alemán, que ya iba torcido de serie, los dos apretaditos en un Fiat 600 aparcado frente a la playa. Buio Mondo recoge esta tradición terrorífica y (sobre todo) homenajea a aquellos que pusieron música (Goblin a la cabeza) al grito aterrorizado de mujeres espectaculares, a la amenaza del cuero negro. Italia Violenta es genial, todos los detalles se han cuidado al máximo. Temas como A mezzanotte mi prendo la tua carne, Il gatto con la coda di cristallo y Omicidio sotto le luci al neon te pondrán como una moto si te suenan nombres como Bava, Argento, Fulci, Martino, Avati, Nicolodi, Fenech y un largo etcétera. Bravissimo!

 

BONUS TRACK: SMART COPS – PER PROTEGGERE E SERVIRE

Aunque este discazo de Smart Cops tiene ya unos años, no me he podido resistir a ponerlo aquí, aprovechando que el Tíber pasa por Roma. Siempre presentes.

COSAS GUAYS (Invierno 2016)

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La banda de punk rock madrileña ha lanzado su nuevo trabajo a traición, sin avisar a nadie –me ha pillado en fuera de juego clamoroso– y es una excelente noticia. Por dos motivos. El primero es sencillo y se relaciona con la calidad de la banda; Accidente es de lo mejorcito del género, tienen eso, una voz propia, que es algo muy difícil de lograr e imposible de planificar. Suenan a ellos desde su perfecto primer disco de 2011, un álbum que demostraba el interés por alumbrar el ideario anarcopunk desde una perspectiva menos manida, sin frases hechas ni consignas huecas por repetidas, manifestaba el deseo de hacer pedazos los pedestales dialécticos con letras dulces pero firmes. En Pulso, la banda continúa practicando el hardcore melódico habitual –en este sentido no hay cambios sustanciales–, siguen elaborando canciones coreables, pegadizas y memorables sobre precisas melodías de alta gama. Quizás sea esta una de sus mejores bazas; puesto que Accidente siempre trabaja en pos del himno, sus discos deberían valorarse en función del acabado final, es decir, discerniendo cuál de ellos es más redondo. A mi parecer, Pulso lo forman diez canciones superiores a las incluidas en su anterior Amistad y Rebelión, donde conviven las cimas más altas de la banda (“Las victorias más bellas”, “Beyond words”) con planicies más monótonas. El nuevo álbum se eleva sobre aquel y reúne un puñado de temas llamados a ser clásicos del hardcore melódico ibérico durante una primera mitad que es un sopapo enrabietado. Tras un par de temas menos intensos –que no flojos– la brillantez llega, para terminar la faena, a partir de “Complicidad”. Teniendo en cuenta la fecundidad y calidad de su discografía, puede concluirse que Pulso satisface las expectativas que las buenas bandas –involuntariamente– crean; si te gustan Accidente, el álbum te encantará y, si no los conoces, te convertirás en fanático desde el primer segundo. La gráfica la firma Mar Estrama y añade más frescura todavía al trabajo, seguro que luce genial en la futura edición física.

¡Ah, se me olvidaba! El segundo motivo que anunciaba al principio… No sólo me gusta Pulso por todas las bondades que he enumerado. Me gusta porque es otro disco de Accidente. Me explico. Cada vez me cansan más los grupos punk efímeros que saltan de un estilo a otro, de single en single. Me invade una pereza absoluta, lo reconozco, cuando me dispongo a escucharlos, tengo la sensación de que para hacerlo debo “forzar” demasiado mis apetencias, me tengo que preparar mentalmente para escuchar un nuevo grupo. No tiene nada que ver con la calidad ni nada de eso, ni siquiera critico tal manera de funcionar; cada uno tenemos la nuestra y todos conocemos lo difícil que es mantener proyectos sin caer en la autocomplacencia, el tedio, la repetición o la incompatibilidad laboral o personal. Me gustaría que hubiera más continuidad en ciertas bandas que me gustan, poder analizar y comparar sus discos para poder decir grandes aforismos como “sólo los tres primeros”, “hasta el negro, bien” y cosas así. Frases que confirman que sigues vivo. Por eso valoro todavía más este disco de Accidente. Siguen.

 

LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS (Taika Waititi, Jemaine Clement, 2014)

La de terror de rigor. Bueno, la de hoy no es tal; Lo que hacemos en las sombras cuenta, en modo falso documental, la vida de cuatro vampiros que comparten piso. Esta peli neozelandesa una comedia terrorífica bastante entretenida y sorprendente, ágil y muy bien contada, que profundiza en el modo de vida de los cuatro chupasangres protagonistas. Peleas contra grupos de hombres lobo, conversiones fallidas, siervos indignados y mucho más.

 

45 AÑOS (Andrew Haigh, 2015)

Soy fanático de Charlotte Rampling así que no podía faltar su última película en la lista de Cosas Guays. Esta vez encarna a Kate Mercer, una maestra jubilada inmersa en los preparativos de su 45º aniversario de boda. Una carta llega, no obstante, a chafar un poco la fiesta: en un glaciar de los Alpes suizos han encontrado el cadáver congelado del primer amor de su marido. Una peli fantásticamente dirigida y, por momentos, muy malrollera. Me encantó, claro.

 

MUSTANG (Deniz Gamze Ergüven, 2015)

Deniz Gamze Ergüeven cuenta la infancia y adolescencia de cinco hermanas en la Turquía rural; cómo se suceden los casamientos pactados a medida que van creciendo y el poso que va dejando en las hermanas menores. La historia fluye fantástica, y Deniz Gamze encuentra el equilibrio entre comedia y drama cuando describe el opresivo ambiente familiar y social en el que transcurre. Impresionantes las interpretaciones de las cinco chicas protagonistas.

DÍAS DE MÁXIMO VOLUMEN (Una crónica incompleta)

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Resulta que las fuerzas oscuras del underground riojano nos juntamos para celebrar una serie de conciertos la pasada semana. Es estupendo que en nuestro pueblo podamos organizarnos para hacer lo que nos parezca y encima –esto es importante– la cosa salga de perlas. Nuestros colegas arnedanos han dado el do de pecho ideando todo este embrollo y demostrando que su amor por el punk es imperecedero; han sido cuatro conciertos en una semana bastante loca, sábados, domingo, miércoles… Y el público ha respondido genial. Además de música asesina también hemos podido disfrutar de una exposición fotográfica del punk en La Rioja, un viaje a través de sus sanctasanctórum extintos (La Cuesta, La Ratonera…) para recordar bandas que a mí me cambiaron la vida con quince años. A veces pienso si mi devoción por ciertos grupos locales se me ha ido de las manos, le doy vueltas al coco cuestionándome si realmente eran tan buenas como para encabezar mi santoral punk, o si la memoria se burla de mí distorsionándome las realidades ahora distantes y presentándomelas pasadas a limpio. Quizás la respuesta más sencilla sea que soy un mitómano de mierda… El caso es que observar las imágenes de Ojalámemuera, Pupas de Viejo, Mundo Rural, Las Amantes del Führer o Vergüenza Social me produce sensaciones magníficas. He aprovechado la ocasión para desempolvar sus grabaciones y confirmar que, efectivamente, aquello fue trascendente; su sonido no ha perdido vigencia y si pudiéramos disfrutarlas hoy seguro que encandilarían a los jóvenes punks, desorientados a veces entre tanta chorrada, rock chano, hardcore malo y post-post-post-punk. En general, la selección de fotos me ha gustado mucho aunque he notado cierta omnipresencia de las bandas que llevamos dando la chapa desde hace una década (Raiser, Flying Ladies, Los Conejos…).

Los Días de Máximo Volumen han servido también para que vuelva a dibujar. Ni sé el tiempo que hacía desde la última vez. La verdad es que me lo he pasado muy bien haciendo el cartel de Bad Noids y Pripyat, estoy contento con el resultado final. El resto de los carteles corrieron a cargo de Miguel Garraleta, Mónica Di Francesco y Teodoro Hernández, y son la leche, como ya habréis comprobado.

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La historia comenzó con Hijas del No y Violeta Vil. Las primeras estuvieron tremendas disparando su pequeñita salva de temazos; sonaron fenomenal y la única pega que puedo poner es que todavía no hayan grabado nada. A ver si se animan de una puñetera vez, así los fans podremos corearlas como merecen. Después subieron Violeta Vil, que estrenaban batería. O percusionista más bien. Se marcaron un conciertazo que superó al que ofrecieron en La Noche de los Demonios, la última vez que los vi. Defendieron su trabajo Mujeres Ulaga, un disco hechizante y redondo, poseedor de una personalidad terrible que lo eleva sobre las preferencias de cada cual haciéndolo inconfundible. Fantástico caos que montaron, todavía me duelen los oídos. El domingo les tocó el turno a Pripyat y a los norteamericanos Bad Noids. Los primeros no tocaban desde que vinieron Active Minds y, antes de aquello, no lo hacían desde hace cuatro o cinco años. Pripyat son la hostia, no sé que más puedo decir. Me resulta muy complicado ser imparcial, escucho temas como La fábrica de niebla y me subo por las paredes. Son un trío espectacular que no ha grabado nada aún (creo), hecho inexplicable, insólito y triste a partes iguales. ¿A qué demonios esperan? Bad Noids cerraron la noche con su hardcore loco y rudimentario. Comandados por uno de los mejores cantantes que han desfilado por aquí. Una guisa para el recuerdo: pantalones anchos, pelos de científico loco y camisa beis llena de lamparones con bolígrafos en el bolsillo –para parecer importante hay que llevar siempre papeles sobresaliendo de algún sitio–. El tipo se desplazaba mediante fugaces movimientos de pies mientras nos torturaba con su voz de sierra mecánica (me recordó un poco a Bad Brains). Se lo sabía hacer en el escenario, no había duda, incluso nos deleitó con equilibrismos.

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El cantante de Bad Noids haciendo el pino

Llegó el miércoles y abrieron Realidad, la banda dis de Arnedo y Arrasate. El hardcore radikal de dogmática base dischargera y letras minimalistas atronó bien de veras. Cada vez suenan más rodados y compactos. Han editado recientemente una rabiosa cassette indispensable para aquellos que gusten de castigarse con el punk británico más agresivo. Tras los de Arnedo aparecieron Dawn of Humans, una banda que me había generado cierta intriga después de ver a alguno de sus miembros tocando con Hank Wood and The Hammerheads. Aquella vez Hank Wood… me sorprendieron gratamente y nos ofrecieron un bolazo apoteósico. No puedo decir lo mismo de Dawn of Humans. No conseguí involucrarme en su espectáculo en ningún momento, tampoco me pareció transgresor y su música se me antojó absurda –soy esclavo del cuatro por cuatro y lo pegadizo, lo confieso–. No sé qué demonios era pero algo fallaba y tuve la sensación de que si llegan a ser de Alberite, a estos tíos no les hace caso ni dios. Eso sí, reunieron a una parroquia bastante numerosa si tenemos en cuenta que tocaron un miércoles.

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Violeta Vil

El cierre lo pusieron el sábado 9 de mayo los americanos Permanent Ruin, los toledanos Velociraptor y, de nuevo, Realidad. No pude asistir por hallarme en Barcelona así que los Días de Máximo Volumen terminaron aquí para mí. Sólo añadir que espero que acontecimientos como estos se vuelvan a repetir más temprano que tarde.

Las fotos que ilustran este artículo las hizo Juanjo. Puedes ver más aquí

COSAS GUAYS (invierno 2015)

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Acabo de darme cuenta de que este espacio/faro que ilumina a una generación ávida de experiencias emocionantes no funciona correctamente. La última recomendación –o defenestración, según se mire– data del 22 de abril; fue Telephone de Lady Gaga y no es que fuera una novedad precisamente. Entre tanto relato libidinoso y cósmico, dramas hospitalarios y filosofía de barriada, su guía espiritual de bolsillo no refulge como merece. Y esto hay que solucionarlo, no me gustaría que me acusaran de abandonar a una caterva de depravados en una cestita, a las puertas de lo convencional, indefensos ante el tostón supremo… No sufran, que Incitatus ya llegó, como ocurre en las películas y jamás en la vida, a salvarles en el último segundo y a otorgar, de paso, los siguientes nihil obstat.

LA CANDIDEZ VIOLENTA

Los Conejos estrenan flamante segundo trabajo con título en español. Los segundos discos son siempre difíciles de hacer, máxime cuando la banda debuta con mención de honor. Lo más habitual es que todos los elementos se rebelen en su contra. El público manifestará que el primero mola más, como clavaron La Moto de Fernan; el sonido sufrirá críticas innecesarias –si no es espléndido– porque todo el mundo asume que las cosas, con el tiempo, tienden a mejorar guiados por esa estúpida creencia en el Progreso; para colmo, la criatura recién nacida tendrá un hermano cabrón que le hará la vida imposible, condenada a luchar contra el tiempo; cuando la gente escuchó el primer álbum era más joven –este es el quid– y, con toda seguridad, le unirá a él un vínculo especial que lo convertirá en insuperable. Pues bien, Los Conejos salen indemnes de la batalla, se han marcado un discazo espectacular que adelanta por la derecha a su única referencia hasta ahora. Caos Final continúa el camino pop punk melódico y dulce que habían iniciado pero profundizando más en él, logrando melodías más curiosas y locas, atreviéndose con trompetas en un par de temas. Las voces están muy trabajadas, más sueltas. También continúa su gusto por el flamenco-rock noventero de Gabinete Caligari en Gypsy Lament. Los textos son variados: nostalgia de la niñez (Throwing Rocks), el apocalipsis de los últimos hombres (Caos Final –ver MG 15–), el abandono, la soledad y la muerte (Yellow Rain, basada en la novela La lluvia amarilla de Julio Llamazares), la raza humana devoradora de sí misma (One Step Forward, Two Steps Back), el ensalzamiento de lo raro a través del DIY (New Paths), la fragilidad del ser humano (Walking On A Wire), la bicicleta como fin en sí mismo (Get On Your Bicycles), el pasado misterioso (Old Photographs), la no rendición (Don’t Give Up The Power), ¿el acto sexual trasunto de pelea? (Bitter Sweat) y el cunnilingus eterno (Moustache Ride). Son doce temas redondos, sin mácula. Y es que Los Conejos son punk diferente y adictivo, una realidad propia feísta y divertida, de ingenuidad agresiva. Por si fuera poco, la gráfica del Lp es perfecta; Teodoro Hernández ha sabido trasladar al papel los mundos extraños y preciosistas que la banda propone convirtiendo este disco en un objeto íntimo y delicioso. Un diez. ¡E incluye póster!

(Leer con acento argentino, imitando al gran Héctor del Mar) CON TODOS USTEDES, LAS EMBAJADORAS DEL GUANTAZO, LAS MINISTRAS DE LA MUERTE, LAS MUJERES FATALES… 

Pertenezco a la primera generación ibérica que no se extraña si en una conversación surgen términos y expresiones como «súplex vertical», «sillita eléctrica» o «lo jala de los cabellos». Nací en 1984 y eso implica haber visto íntegra la Época Dorada de Telecinco. Entre mamachichos, italianadas de Jaimito y del tándem Spencer/Hill o series anime de diverso pelaje, se erigía uno de los monolitos de nuestra infancia, el buque insignia de la recién estrenada cadena: el Pressing Catch. Todos sabíamos que los luchadores eran en realidad unos falsarios que a la vez que propinaban puñetazos pisaban con fuerza la lona para lograr golpes más estremecedores, pero eso nos importaba poco; suspendíamos la credulidad en pos del espectáculo y el entretenimiento. Si bien es fácil recordar a los héroes Hulk Hogan, El Último Guerrero (y su Baile de San Vito), Los Sacamantecas, El Enterrador, Terremoto Earthquake (con su letal Salto del Hipopótamo), El Poli Loco, El Hombre del Millón de Dólares o Mister Perfecto, tengo más remoto el recuerdo de su versión femenina, porque, probablemente no durase mucho en antena. En la versión española lo bautizaron con el inefable título Las chicas con las chicas y tan sólo puedo invocar a unas pocas guerreras: La Hija del Granjero, Montaña Fiji o Matilda La Grande (Google me confirma que había muchísimas más; Spanish Red, The Disciplinarian, Caliente, Riot…). Aquí terminan mis conocimientos sobre lucha libre femenina. ¿Por qué entonces toda esta nostálgica y –puede que– trillada introducción?

Me he fulminado ¡Pérfidas!, la novela de Tamara Romero. Así, en tres ratos; me ha parecido divertidísima, una historia de colores saturados contada estupendamente en poco más de cien páginas. Este último aspecto lo valoro mucho, harto de tramas anabolizantes y códices tan gruesos como vacíos. Tamara nos transporta a Valtidia, una ciudad entreverada; quizás un México D.F. con pinceladas de ciudad norteamericana con nombre español. Allí, el deporte de masas es la lucha libre femenina, el público enloquece cada vez que se celebra un combate entre las integrantes de los dos bandos que existen: las Pérfidas y las Lúcidas. El grupo pérfido lo forman chicas con nombres tan chulos como Mazas, La Mujer Azul, Estigma, Hiedra, Rusia, Petróleo, La Ciega, La Vigilante, Las Trillizas y Sor Muerte y son mezcla de las aguerridas féminas de Pressing Catch y los superhéroes mutantes. Sobresale entre todas La Volcánica Magma, la heroína enmascarada invicta con genética de El Santo, la protagonista trágica de la historia, objetivo original de un secuestro fallido. Los criminales confunden a Mazas con Magma y se desencadena la acción, el plan que urden sus compañeras y su manager Alexia Vartel para traerla de vuelta. Romero parte de este hecho para contarnos una historia que orbita alrededor de los conceptos de identidad, la sociedad espectáculo, la ficcionización de la realidad y el compañerismo. También es una historia de mujeres. Y es que los hombres –con la excepción de un locutor de radio, los niños-árbitros y dos mormones de estética Juventudes Hitlerianas– parecen haberse evaporado de Valtidia, o al menos de la trama de ¡Pérfidas!; quizás las vidas de los varones valtidianos no sean demasiado seductoras. Diversión pura y dura en esta novelita pop ultrarevolucionada, de tacones vertiginosos y mamporros coreografiados. Si todo esto no les parece suficiente para hacerse con ella, echen un vistazo a su fantástica cubierta y comprobarán que se trata de una cosa que se puede comprar por la portada; los estetas como yo agradecemos a la editorial Aristas Martínez el buen gusto a la hora de diseñar su catálogo. ¡Gran ovación!

CUANDO OIGAS RUIDOS DENTRO DEL ARMARIO, NO LO ABRAS

Termino con una película. De terror; de hecho la mejor película de terror que he visto en mucho tiempo. Se trata de The Babadook de Jennifer Kent. Una historia pequeñita, dos grandes interpretaciones (Essie Davis y el niño Noah Wiseman) y tensión a raudales. Sin demasiado efectismo ni cataratas de sangre, Kent nos cuenta la del monstruo del armario, relato con reminiscencias de todo el Terror. Lo hace con maestría y estética envidiables. La cara de chalado del crío perdura en la memoria y puede convertirse en un fotograma mítico. ¡Y todo transcurre en noventa y cinco minutos! ¡Parece que los dioses han escuchado mis plegarias! ¡Al fin!

NOSOTROS YA HEMOS GANADO

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Un par de años atrás, los amigos comenzamos a organizar visionados de videoclips de bandas de rock. El ritual se ha convertido en tradición de periodicidad impredecible y suele prepararse a bote pronto; «he pasado por el kiosko y ya tengo la revista con el nuevo DVD». Apenas se ha recibido el whatsapp o sms el protocolo se activa: unos preparan la estancia y comprueban que el reproductor funciona correctamente, otros hacen acopio de provisiones y todos esperamos impacientes la llegada del Portador. No puede faltar de nada durante el acontecimiento, ni dulce ni salado. El DVD rebosante de metraje rockero pertenece a una conocida revista musical de tirada nacional y aparecen vídeos de grupos pequeños como también de otros ya consagrados; también contiene discos completos de algunos de ellos. Como todas las cosas de la vida, nuestra proyección posee unas normas –bastante laxas– de comportamiento. Hay que esperar hasta el final de cada pieza para compartir tu opinión con los demás miembros del jurado, así puede escucharse con claridad la letra de la canción. Sí que se permiten la carcajada a veces inevitable o los comentarios muy breves, asociados a la jerga videoclipera, referidos a su tipología o temática (gente corriendo, fábrica abandonada, chicas & coches, mafia & póker, fantasmas, bosque, historias ambiciosas, amado/a muerta, bares & mujeres, macarreo, lucha de clases, sexo apasionado, gente acabada que bebe…) y pequeñas observaciones sobre la mala –o buena- puesta en escena (mafiosos con chistera, amigos de la banda mal disfrazados de policías, novias/hermanas/primas del grupo ejerciendo de femmes fatales…). Cada miembro disponemos de un comodín; podemos gritar «Siguiente» cuando queramos para pasar de videoclip. Rara vez lo utilizamos porque lo gracioso es verlo todo hasta el final, no vaya a ser que, debido a nuestra inconsciencia, nos perdamos una secuencia maravillosa o un final BGA (Brutal Giro Argumental) a lo Brian De Palma.

El caso es que me dio por pensar en aquello que transmiten la mayoría de estas bandas, a leer entrelíneas de sus riffs y poses, a valorar su actitud, televisiva, más que nada. Siguen a sus ídolos no sólo en lo musical, también en lo estético y actitudinal, aunque esto último, únicamente lo logren –sospecho– durante los minutos que dura el videoclip. Parecen decirnos: «Esta es la vida que anhelo, yo soy un tipo duro pero el curro no me deja desarrollar mi arrogancia rockera, así que me visto de Nikki Sixx durante tres minutos y observo cómo dos benditas se rocían con bourbon mientras se dan el lotazo a mis pies». No conozco a Nikki Sixx. Puede que la vida de Nikki Sixx sea así, es lo que nos ha vendido siempre. En cualquier caso, esa es su vida, real o no, pero no será nunca la de nadie más. Tampoco he estado en Los Ángeles ni en Nueva York ni en Washington, se me hace muy difícil extrapolar las vivencias de allí –por análogas que sean– a las que palpitan en tu infecto pueblo. Lo auténtico se nota. Es intangible, nadie sabe concretar qué es, pero nos damos cuenta de que alguien lo tiene cuando le vemos en el escenario. Preferirán sacrificarse por un lejano e improbable triunfo. Un triunfo también televisivo, monetario y, con casi total seguridad, intrascendente. Sin conexión con aquello que les rodea se convertirán en un remoto islote inaccesible. Frank Underwood comenta en House of Cards que el dinero es la mansión de Malibú, algo ostentoso pero frágil, que puede ser destruido por un tornado o un huracán. El poder es el edificio de piedra que lleva siglos allí, imperturbable, que pese a haber sido transitado por gente diversa, aún mantiene su estructura intacta. Bien, a eso es a lo que hay que aspirar. Solo  se puede permanecer si se conecta con los lugares y sus vidas. Minor Threat o Bad Brains son Washington, MCD es Bilbao. Además, idolatrar siempre ha sido peligroso, y mira que yo suelo caer en fanatismos transitorios a menudo. Un colega se leyó Por favor, mátame. Una historia oral del punk y me comentó que los Stooges, Patty Smith, Dead Boys, MC5, Lou Reed y compañía «eran anormales». Y es que deberían prohibir este tipo de libros, que uno lleva admirando muchos años a estos impresentables y ya se ha hecho un poco tarde para cambiar de iconos.

«Nos hubiéramos pegado con todos», concluyó.