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TARROS Y TACOS

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Me di cuenta en Salamanca en 2004. Ya había dado algún garbeo por Europa con unos amigos, así que -pensaba yo, un poco flipado- la geografía española no escondía ningún secreto para mí. De repente descubrí que el secreto era mi procedencia. Minúsculo terruño eternamente fronterizo, nadie sabía muy bien dónde estaba Logroño; si era una provincia vasca, si se erigía al lado de Pamplona, si era un barrio de Zaragoza o la quinta provincia gallega. Muchos se referían a los cuatro monos riojanos que pululábamos por la facultad como esos del norte. Como el bonito. Me encanta la expresión del norte, que abarca desde Finisterre a Creus y desde Santander a ¿Soria? Recuerda, no sé por qué, a cuando aquí decimos del sur. Me di cuenta paulatinamente, no fue una revelación; lo que en realidad significa del norte es que el sujeto no es vasco, ni asturiano, ni navarro, ni maño, ni catalán, ni gallego. Es decir, que el individuo procede de un lugar sin rasgos distintivos poderosos. A los cántabros, emparedados entre dos monumentos a la identidad, sospecho que les ocurre algo parecido.

La mejor -quizás la única- definición de riojano la da Patricio Escobal en la introducción para el lector anglosajón de sus memorias Las sacas: «es generalmente industrioso y alegre, buen bebedor y gran jurador». Aun teniendo en cuenta que al definir un grupo de personas siempre te equivocas, me parece bastante acertada. Yo añadiría que además padece una obsesión enfermiza por meter alimentos en tarros. Si se lo propusieran, mis paisanos serían capaces de embotar una ballena sin trocear o un triceratops con cuernos y todo. Pero vamos a sacar la lupa. Los tacos. Esto da para libro gordo. Y es que -aquí sí que me la juego- no creo que haya muchos sitios donde las palabrotas se relacionen tan bien entre sí, se digan con tanta naturalidad y fluyan nutriendo un torrente imparable. ¿No lo ven en carteles a pie de autovía? T&T. Tarros y tacos. ¿A qué chorra esperas para venir? Hostia ya. O mejor aún: Donde hasta los curas se cagan en Dios. No te la pierdas. O Descubra la Cimmeria con viñas… Convendrán conmigo en que basar la identidad de una sociedad en la proliferación de botes de cristal y en jurar hasta dormidos no tiene mucha miga. Podría interpretarse como una identidad débil, y es cierto. Para qué negarlo. De hecho, este aspecto me fascina. Porque, ¿qué es un riojano? ¿Seres monolingües que al trasluz podrían verse como vascos totalmente romanizados o castellanos asilvestrados? Surgen problemas: dependiendo de la hora del día el riojano puede parecer incluso un navarro o un aragonés. Este déficit identitario provoca un provinciano orgullo, bastante enclenque, enternecedor y peligroso; habrá discrepantes que piensan que La Rioja es La Rioja desde que la cubría el mar de Tetis. Cada uno puede creer lo que quiera, faltaría más; pero ocurre que tengo un método científico que demuestra la veracidad de la pamema que les cuento. Se llama La Trampa Berona. [música de misterio]

La Trampa Berona parte de la siguiente base: cuánto más fuerte es una identidad, más caricaturizable es. Llamen a un amigo que dibuje más o menos bien. Todo el mundo que sabe dibujar algo puede hacer una caricatura aceptable. Empiece así, suave, pídale que dibuje un vasco, para que su amigo exclame «¡chupao!» y se recree sombreando el rabito de la chapela. Luego continúe con un andaluz, para que el desdichado se entretenga garabateando dos buenas patillas. Y luego, a traición, cuando se encuentre cómodo y confiado, golpéele sin contemplaciones: dígale que dibuje un riojano. Y sin trucos, sin botella de vino en la mano ni hojas de parra en las sienes ni coloretes.

¿Qué tal van? ¿Aburridos ya? Pues ahora viene lo mejor. Sí, lectores míos, a estas alturas van a descubrir la verdadera razón de estas cuatro líneas: el fútbol. Lo siento de veras por aquellos que lo odien. Pueden parar aquí. ¿De verdad pensaban que todo este ladrillo sobre la identidad construiría alguna conclusión seria?

El Logroñés se consagró como otro rasgo característico riojano reconocible por el resto de habitantes gracias a su década dorada de los 90. No me acuerdo porque era muy pequeño, pero supongo que sería como un Éibar hoy, que a todos agrada porque es un club enano y no supone peligro para ningún equipo consagrado y mayor. Nos gusta identificarnos con los tuercebotas defensores de la aldea gala (lo verdadero, la esencia incorruptible) de los canallas millonarios de la Champions, mercenarios de Blackwater al servicio de la FIFA; es un mecanismo narrativo básico. Durante unos años el Logroñés contribuyó sin querer a apuntalar el riojanismo -suponiendo que exista- en un sitio con afinidades deportivas peculiares -la mitad de la Rioja Baja es de Osasuna-. Lo mismo en la capital, donde ser del Logroñés siempre ha suscitado mofas más que otra cosa, sobre todo a partir de la Gran Caída. El difunto Club Deportivo lo tenía fácil para atraer fieles: un escudo enigmático pero sencillo de dibujar -obra de un masón, ¡toma ya!-; un himno grandioso, los mejores versos jamás escritos, con una advertencia incluida –Según me traten trato– que podría entintar brazos carcelarios o ser lema de escudo de armas. Pero por encima de todo, el éxito.

En la actualidad existe una disputa por la identidad futbolística que solo el éxito deportivo puede decidir. Los dos clubes homónimos se enfrentan en un contexto identitario entreverado y mutable; ni siquiera uno de ellos, autoproclamado heredero de las glorias pasadas, consigue rentabilizar su añoranza. Los más jóvenes no pueden sentir nostalgia de algo que no han vivido. Ambos clubes optaron por refundar un espíritu hinchado por la primera división; creían que la ciudad les seguiría. Se equivocaron los dos. A la mayoría de la gente le importa tres pepinos lo que pueda sucederles. Huérfanos de estrella de David y Chuta, aplicaron el cuanta más riojanidad, mejor al elaborar símbolos. Los nuevos escudos son abigarramiento de cruces de Santiago, de San Andrés, puentes sobre el Ebro y bandas blanquirrojas; solo falta un plato de caparrones en una esquina. También se compusieron nuevos himnos inanes que solo transmiten desesperación. No se me ocurre nada más alejado del Logroñés que la ópera. El antiguo era pura coherencia, auténtica charanga borracha -disculpen la redundancia- a juego con las tapias coronadas con cristales y alambre de espino de Las Gaunas viejas.

Acabo. Pero no me gustaría cerrar el Word sin antes invitarles a que descubran ustedes mismos el único común denominador riojano. Gentes de otras latitudes, anímense a llamar a sus conocidos o amigos riojanos. Seguro que tienen o han tenido alguno. Queden con ellos, a ser posible en su casa. Y entonces díganles que no puede seguir fingiendo que no pasa nada, que conocen su secreto. Que lo saben todo. Díganles que se los enseñen. Solo un segundo.

Los tarros.

DÍAS DE MÁXIMO VOLUMEN (Una crónica incompleta)

luiseldearnedo

Resulta que las fuerzas oscuras del underground riojano nos juntamos para celebrar una serie de conciertos la pasada semana. Es estupendo que en nuestro pueblo podamos organizarnos para hacer lo que nos parezca y encima –esto es importante– la cosa salga de perlas. Nuestros colegas arnedanos han dado el do de pecho ideando todo este embrollo y demostrando que su amor por el punk es imperecedero; han sido cuatro conciertos en una semana bastante loca, sábados, domingo, miércoles… Y el público ha respondido genial. Además de música asesina también hemos podido disfrutar de una exposición fotográfica del punk en La Rioja, un viaje a través de sus sanctasanctórum extintos (La Cuesta, La Ratonera…) para recordar bandas que a mí me cambiaron la vida con quince años. A veces pienso si mi devoción por ciertos grupos locales se me ha ido de las manos, le doy vueltas al coco cuestionándome si realmente eran tan buenas como para encabezar mi santoral punk, o si la memoria se burla de mí distorsionándome las realidades ahora distantes y presentándomelas pasadas a limpio. Quizás la respuesta más sencilla sea que soy un mitómano de mierda… El caso es que observar las imágenes de Ojalámemuera, Pupas de Viejo, Mundo Rural, Las Amantes del Führer o Vergüenza Social me produce sensaciones magníficas. He aprovechado la ocasión para desempolvar sus grabaciones y confirmar que, efectivamente, aquello fue trascendente; su sonido no ha perdido vigencia y si pudiéramos disfrutarlas hoy seguro que encandilarían a los jóvenes punks, desorientados a veces entre tanta chorrada, rock chano, hardcore malo y post-post-post-punk. En general, la selección de fotos me ha gustado mucho aunque he notado cierta omnipresencia de las bandas que llevamos dando la chapa desde hace una década (Raiser, Flying Ladies, Los Conejos…).

Los Días de Máximo Volumen han servido también para que vuelva a dibujar. Ni sé el tiempo que hacía desde la última vez. La verdad es que me lo he pasado muy bien haciendo el cartel de Bad Noids y Pripyat, estoy contento con el resultado final. El resto de los carteles corrieron a cargo de Miguel Garraleta, Mónica Di Francesco y Teodoro Hernández, y son la leche, como ya habréis comprobado.

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La historia comenzó con Hijas del No y Violeta Vil. Las primeras estuvieron tremendas disparando su pequeñita salva de temazos; sonaron fenomenal y la única pega que puedo poner es que todavía no hayan grabado nada. A ver si se animan de una puñetera vez, así los fans podremos corearlas como merecen. Después subieron Violeta Vil, que estrenaban batería. O percusionista más bien. Se marcaron un conciertazo que superó al que ofrecieron en La Noche de los Demonios, la última vez que los vi. Defendieron su trabajo Mujeres Ulaga, un disco hechizante y redondo, poseedor de una personalidad terrible que lo eleva sobre las preferencias de cada cual haciéndolo inconfundible. Fantástico caos que montaron, todavía me duelen los oídos. El domingo les tocó el turno a Pripyat y a los norteamericanos Bad Noids. Los primeros no tocaban desde que vinieron Active Minds y, antes de aquello, no lo hacían desde hace cuatro o cinco años. Pripyat son la hostia, no sé que más puedo decir. Me resulta muy complicado ser imparcial, escucho temas como La fábrica de niebla y me subo por las paredes. Son un trío espectacular que no ha grabado nada aún (creo), hecho inexplicable, insólito y triste a partes iguales. ¿A qué demonios esperan? Bad Noids cerraron la noche con su hardcore loco y rudimentario. Comandados por uno de los mejores cantantes que han desfilado por aquí. Una guisa para el recuerdo: pantalones anchos, pelos de científico loco y camisa beis llena de lamparones con bolígrafos en el bolsillo –para parecer importante hay que llevar siempre papeles sobresaliendo de algún sitio–. El tipo se desplazaba mediante fugaces movimientos de pies mientras nos torturaba con su voz de sierra mecánica (me recordó un poco a Bad Brains). Se lo sabía hacer en el escenario, no había duda, incluso nos deleitó con equilibrismos.

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El cantante de Bad Noids haciendo el pino

Llegó el miércoles y abrieron Realidad, la banda dis de Arnedo y Arrasate. El hardcore radikal de dogmática base dischargera y letras minimalistas atronó bien de veras. Cada vez suenan más rodados y compactos. Han editado recientemente una rabiosa cassette indispensable para aquellos que gusten de castigarse con el punk británico más agresivo. Tras los de Arnedo aparecieron Dawn of Humans, una banda que me había generado cierta intriga después de ver a alguno de sus miembros tocando con Hank Wood and The Hammerheads. Aquella vez Hank Wood… me sorprendieron gratamente y nos ofrecieron un bolazo apoteósico. No puedo decir lo mismo de Dawn of Humans. No conseguí involucrarme en su espectáculo en ningún momento, tampoco me pareció transgresor y su música se me antojó absurda –soy esclavo del cuatro por cuatro y lo pegadizo, lo confieso–. No sé qué demonios era pero algo fallaba y tuve la sensación de que si llegan a ser de Alberite, a estos tíos no les hace caso ni dios. Eso sí, reunieron a una parroquia bastante numerosa si tenemos en cuenta que tocaron un miércoles.

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Violeta Vil

El cierre lo pusieron el sábado 9 de mayo los americanos Permanent Ruin, los toledanos Velociraptor y, de nuevo, Realidad. No pude asistir por hallarme en Barcelona así que los Días de Máximo Volumen terminaron aquí para mí. Sólo añadir que espero que acontecimientos como estos se vuelvan a repetir más temprano que tarde.

Las fotos que ilustran este artículo las hizo Juanjo. Puedes ver más aquí