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JUEGO DE TROÑOS

banco

Cuando Indio se sentó en el yerbín, Sanse llevaba más de media hora de palique. A sus pies se erigía la gran pirámide del faraón Facundo, atravesada por media docena de colillas babosas. Indio comenzó a liarse un porro sin prisa, como le gustaba, como si fuera el último. Tamara y Ceci flanquaban a Sanse en el banco de piedra.

—Vamos a ver qué piensa este, que sabe mucho de eso.

Las chicas cortaron la carcajada; convenía dejar hablar a Sanse, hacía más llevadera la vida de sus interlocutores.

—Indio, ¿sabes Juego de Tronos?

Asintió.

—Bien. Estas dicen que no es una serie equilibrada, que no salen más que tetas y coños. Que de rabos, nada.

—Es que es así —Ceci retiró una cáscara de la comisura—; y tiesos ya, ni hablemos.

Sanse reanudó:

—El caso es que llevan razón, Indio. No creas que no me jode dársela, a este par de monas… Pero hay un error, digamos que semántico en todo esto. Y justo acabas de llegar para aclararnos un poco las cosas.

—A ver, Sanse, que es una manera de hablar —El tono de Tamara denotaba indignación creciente.

—No, no. Es que hay que hablar con precisión. Que tenéis estudios, habéis ido al extranjero. Hostia, que tenéis cartones donde pone Doña Tamara y Doña Cecilia colgados por las paredes.

Indio lio el cilindro y lo prendió. Las conocía de toda la vida, a Ceci y a Tamara. Para él ni siquiera eran mujeres, eran la Tamara y la Ceci. Aun así, siempre que hablaba con ellas, de repente, se encontraba sentado en el alféizar de la azotea de un rascacielos, con los pies colgando hacia la calle diminuta. Ellas no lo notaban; Indio disimulaba muy bien. O eso creía.

—Lo de las tetas, pase. Pero los coños… Eso que sale en Juego de Tronos es el matojo, el pubis en plan fino; sin escorzo, el coño no se ve desde un plano frontal. Está a la vuelta de la esquina, ¿no es así? Es decir, sabemos que está ahí, pero no lo vemos. ¿O es que el pubis también forma parte del coño? ¿Ha anexionado el coño al pubis, quizás? Al ritmo que vais llegará pronto al ombligo.

Ceci había dejado de sonreír.

—Ya te estás pasando de listo, Sanse. El próximo día va a quedar contigo tu puta madre. Y le planteas el dilema.