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EL DISFRAZ DE HIJO DE PUTA

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He decido no volver a llevarte. A pesar de las alegrías que me has regalado en los últimos años bregando en inhóspitas oficinas, con personal de todo signo, emitiendo exabruptos por teléfono y escribiendo con cianuro en hotmail; ahora que tus poderes reparadores se hallan más que contrastados, yo te destierro, hijo de la grandísima puta, a la percha apolillada del altillo más putrefacto. Te voy a enterrar boca abajo, cabrón, porque tu comportamiento en la compañía eléctrica fue bochornoso. No más que otras veces, quizás. No estoy seguro, a lo mejor me he cansado de ti. Te he admirado mucho, muchísimo. Tú confrontaste mis creencias fundamentales, dinamitaste mi conciencia demostrándome que la amenaza es el fructífero modus vivendi del miserable desprejuiciado y mamón. Me enseñaste que funciona, en definitiva, que el chantaje es justo en ocasiones, que los golpes duros y certeros sólo se contrarrestan con otros mayores, directos a la cabeza y mortales de necesidad. Envidiaba tus aptitudes de negociador implacable, tu cinismo a prueba de balas y tu oratoria execrable, tus réplicas antológicas a los demás hijos de perra. Conseguiste ser el enemigo público número uno del Rectorado. Tu presencia aflojaba esfínteres de ineptos intransigentes, los pasillos de la universidad eran un sembrado de señales de la cruz a tu paso. ¡Oh, iceberg de uno ochenta y tres, azote de burócratas majaderos y mentirosos, paradigma de la venganza sutil y calculada! Recuerdo los rostros que poblaban las filas del paro, de la tienda de teléfonos móviles, del banco, de la biblioteca pública, de la RENFE; los ojos chispeantes al contemplarte. «Dejad paso al ablandamolleras, al ministro de la muerte, que los haga pedazos». Tu amplia sala de trofeos sigue siendo de interés nacional. ¿Cómo lograste eliminar el coste abusivo de mantenimiento de mi cuenta bancaria? ¿Sin nómina fija y sin saldo medio mensual de no sé cuánto? Mantuviste la templanza cuando la directora de la sucursal espetó aquello de «Yo no he inventado esto, trabaje usted». No le hiciste añicos el cráneo, no señor. «Yo no he inventado el banco de enfrente tampoco, pero haga el favor de sacar todo mi dinero de aquí, y el de toda mi familia, que es cliente de vosotros, chupasangres, que me lo llevo puesto». Maravilloso. «A lo largo de esta semana quiero que se me reintegren los sesenta euros semestrales que me estáis clavando y que, por cierto, a los que domicilian una nómina de más de seiscientos euros no les cobráis. De lo contrario, el lunes vuela todo». Protagonista eterno de impagables, invertidas e inesperadas situaciones de poder. «No puedo hacer eso, yo soy simplemente la directora de una sucursal. Eso es cosa de Madrid». «Como si es de Pernambuco». A las cinco de la tarde ya me lo habían reintegrado y jamás me lo han vuelto a cobrar. Todo gracias a ti. Mi móvil nuevo 4G, regalado, al hacer un nuevo contrato. «Es que ya no se dan teléfonos». «Eso lo dirá usted, nosotros somos clientes desde hace un montón y yo quiero un teléfono nuevo». Tu verbo era la llave de lo imposible, pero ya no lo quiero más a mi lado. Humillaste a la trabajadora de la eléctrica, y llevabas razón, como siempre. El remordimiento pesó más que la verdad. Ahora deberías volver y pedirle disculpas aunque sé que no lo vas a hacer, porque eres un hijo de puta, y vosotros no hacéis eso. Aquí me dejas el trance; el marrón, como siempre, para mí. Y no me vengas con eso de que la chica era una hija de puta real. ¿Y si estaba disfrazada como yo? ¿Cómo reconocer a los hijos de puta de verdad? Ojala inventasen unas gafas para identificarlos, como en aquella película del maestro, Están vivos. Todo sería mucho más fácil.

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CUATRO

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Scream 4. 2011. Estados Unidos. Dir: Wes Craven.

Una ficción que narra los asesinatos en una localidad imaginaria de los Estados Unidos; la periodista ficticia escribe un libro ficticio sobre los mismos que después será llevado a la gran pantalla dentro de la pantalla. Scream, el juego de muñecas rusas del tándem Craven-Williamson no frena. Puesto que la serie adolece de un grave inmovilismo argumental, el gran interés de esta nueva edición reside –hace ya tiempo que es así, de hecho- en conocer cómo se las arreglará Craven en enhebrar y entretejer los hilos de la realidad (menciones a otras películas del género), la ficción (la saga Scream) y la re-ficción (la saga Stab). Sidney Prescott regresa a Woodsboro para presentar su libro sobre una (¡ay!) desdichada existencia marcada por Ghostface. Por supuesto, el asesino enmascarado esperará a nuestra heroína en su pueblo, cerrándose un  círculo que comenzó en 1996. Pese a su persistencia en analizar con ironía el mundo del cine terrorífico y a elevar al dogma la auto-parodia, Scream sigue sorprendiendo, ésta vez con su desconcertante comienzo. Como en todas las entregas –exceptuando la primera-, el final continua siendo su principal enemigo. Puede que las películas de Craven y Williamson no sean del gusto de paladares exquisitos, puede que nos parezca más de lo mismo (lo es), pero han conseguido que Woodsboro pase a formar parte del paisaje tenebroso de nuestro imaginario colectivo. Un lugar en el mapa del horror junto a Haddonfield (Illinois), el campamento Crystal Lake, el motel Bates, el hotel Overlook, Elm Street. Al ladito de aquella casa perdida en Texas.

JEEPERS CREEPERS (Victor Salva, 2001)

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Jeeper Creepers. 2001. Estados Unidos. Dir: Victor Salva.

Volví a ver The Thing de John Carpenter, no pude resistirme. Esta vez con making of incluido, además del comentario del director. En la pequeña entrevista, Carpenter explica los factores que le llevaron a realizar el film, fundamentalmente su fascinación por la película de 1951 The thing from another world, al que podría sumarse su gusto por todas las películas de terror de serie b de los años cuarenta y cincuenta. En todas ellas hay un elemento común, nos dice; al final, el monstruo-alienígena-criatura de turno no deja de ser un tipo disfrazado, fácilmente reconocible bajo un ortopédico pijama. En otras palabras; la cota de misterio se menoscaba de manera radical en este tipo de historias, reduciéndose en última instancia a la simple curiosidad por lo estrambótico del atuendo. Incluso Alien (Ridley Scott, 1979) es un pijama.

Es muy difícil turbar. Sobre todo en el género terrorífico, tan manido, transitado y vilipendiado; suplantado por la truculencia charcutera, los sustos permanentes y la sordidez sofisticada. Exhibir la aberración se ha convertido en una de las leyes del terror, aunque sea porque sí, sin ninguna razón o justificación – por favor, no confundir esta denuncia del género con la mojigatería-. Los personajes se limitan a dar vueltas como pollos asados, esperando su turno… Parece que la vieja costumbre del  no mostrar, haciendo partícipe de la película a la “perturbada” mente del espectador se haya pasado de moda, que si no nos lo dan todo bien triturado con el pasapurés no reaccionamos. Ahora todo parece un decorado; un lugar común de lo que se entiende por película de terror y, claro, así asustas, pero no das miedo de verdad. Resulta que la gracia de Tiburón (1975), es que el bicho no sale hasta la mitad de la película; Spielberg consigue acojonar simplemente filmando el agua, haciendo perdurar nuestro miedo en el tiempo. Hay muchos ejemplos, y tampoco es justo meter a todos los directores de horror en el mismo saco; aún quedan algunas excepciones como Ti West, que se afanan a una idea de terror no apta para idiotas. Y ahora, once años después de su estreno, también he descubierto a Víctor Salva.

Jeepers Creepers contiene una de las mejores partes del terror reciente. Desde su comienzo hasta prácticamente la aparición total del Creeper en la casa de la anciana de los gatos, es una película perfecta. Una road movie aterradora, con una fenomenal pareja protagonista, un ambiente tenso durante todo momento y una sensación misteriosa que se intuye en cada uno de sus planos. Salva consigue estirar la sensación de terror durante gran parte de la película, pero una vez la criatura aparece, también lo hace lo manido, y la magia que impregna el resto de la película se pierde. El Creeper es un tipo disfrazado con un buen pijama, pero daba más miedo vestido de -¿granjero?- chungo y conduciendo un camión oxidado a toda leche que de criatura satánico-nocturna. No obstante es una buena película de terror si atendemos a su espectacular inicio y a su machacado final.

Publicado en la revista Fuerza Vital.

STAR WARS. Episode V: The Empire Strikes Back (Irvin Kershner, 1980)

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Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back. 1980. Estados Unidos. Dir: Irvin Kershner.

Leo en Wikipedia que Mark Hamill sufrió un grave accidente de tráfico tras el estreno de Star Wars IV. Esa es la razón que explica la cicatriz que lucirá durante las dos siguientes películas. Nunca me había interesado demasiado por el trabajo de Hamill fuera de los filmes de Lucas  porque es imposible recordarlo sin sable láser, entre otras cosas; a bote pronto solo me salen dos lugares más en los que aparece y uno es un capítulo de Los Simpsons. En el otro interpreta a un sacerdote en el remake de Village of the Damned (John Carpenter, 1995). Puede que haya descubierto el porqué de un enigma de mi infancia. ¿Es esa la razón de su ostensible envejecimiento entre los capítulos IV y V? No sé si es una manía u obsesión mía, pero siempre me ha parecido que en estas dos partes de la historia, Hamill aparecía ligeramente demacrado. Y eso que hay maquillajes y tal. Parece mentira que en tan solo tres años o menos una persona cambie tanto de aspecto, abandone el rostro juvenil al que nos había acostumbrado. El cambio es drástico si lo comparamos con sus compañeros de reparto Harrison Ford o Carrie Fisher.

The Empire Strikes Back siempre ha sido mi capítulo preferido. Quizás tiene un toque más adulto; creo que es la menos infantil de las seis junto con el episodio III. No interpreten adulto como bueno e infantil como malo, dios me libre, se trata simplemente de una percepción. Además es la película de Darth Vader por excelencia; en la que se revelan importantes secretos, donde John Williams introduce la Marcha Imperial y los malos continúan construyendo naves impresionantes, como los Super Destructores Estelares o los AT- AT walkers, incrementando los niveles de fetichismo de muchos seguidores. Dirige Irvin Kershner y quizás también el cambio de director tenga que ver algo todo esto o simplemente Lucas es el que dirige todo desde la sombra, como Palpatine. Es la película de los malos y sí, se reafirma como mi preferida. Es que ese cromatismo en tonos fríos le queda tan bien al Imperio…

LOS MUERTOS DE ANTONIO BAY

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The Fog. 1980. Estados Unidos. Dir: John Carpenter.

Sería  muy primario y corto de miras catalogar La Niebla de John Carpenter como un subproducto de terror cercano a la serie B. Supongo que tanto a los amantes de los  efectos digitales como a los adoradores de las películas terroríficas con violencia explícita, esta cinta no les interesará lo más mínimo. Y a pesar de no contener nada de lo que ahora parece impensable a la hora de confeccionar una película de terror, resulta que comienza el film con la vieja leyenda marinera y se van sucediendo las inquietantes imágenes del pueblecito pesquero de Antonio Bay, y te asustas. La fotografía de Dean Cundey es simplemente turbadora. Te crees Antonio Bay. Hay mucho de Hopper, del Hopper deshumanizador, el de los paisajes que no son urbanos ni tampoco rurales. El de Nighthawks.

Todo es alegría y alboroto en Antonio Bay pues se celebra el centenario de su fundación, y ya se sabe, las autoridades se han puesto de raso; la estatua rememorando a los colonos, los fuegos artificiales y la foto. La desquiciada Janet Leigh no da abasto, la pobre mujer, trabajando afanosamente para que  nada enturbie la efeméride. Pero todo se tuerce. El pueblo de Antonio Bay no es tan inocente como parece; su historia está repleta de traiciones, de asesinatos impunes, de miserias. Como la de todos los pueblos del mundo. Un pueblo levantado a base de mentiras y sangre, y sus habitantes aplaudiendo los discursos complacientes y estúpidos del alcalde.  Pagaréis por ello, parece decirles una vieja tripulación maldita; los muertos de Antonio Bay que vuelven (qué puntuales ellos) el día del homenaje a la ciudad, a chafar la fiesta y a comerse los ganchitos. Carpenter hilando fino. Una gran película de terror que nos cuenta muchas más cosas a la altura de obras cumbres de John Carpenter. Me pregunto qué pasaría si el pasado volviese por aquí a darse un paseíto. Verás las caritas de nuestros politiquillos. Qué divertido.