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HAY QUE TENER UN PLAN

thehood

Tata dividía a la gente en cachondas e imbéciles. Esa es una cachonda y su novio un imbécil, soltaba cuando su interlocutor introducía los protagonistas de la conversación o aparecían de improvisto. Manchaba como el fueloil: Lo que te digo, un imbécil y la otra, ya sabes… Aquella tarde les tocó a Sanse y a Ceci representar a la humanidad.

—A ver, lo que pasa es que Sanse no ha trabajado en su puta vida, no me jodas. Si aún vive con los viejos, Indio… Hay que andar más vivo, coño, que no le corre sangre por las venas. Todo el día a mesa puesta, como un Pepe, y aún se queja.

Cruzaron el paso de cebra hacia el bulevar. Tata miraba para todos lados acelerando el paso. No se paró ni a vacilar con la cachonda de ACNUR que los emboscó. Le debía de perseguir Lucky Luciano.

—Habló el de los treinta días cotizados.

—Yo me busco la vida, primo. Me llevo cosas de sitios para llevarlas a otros sitios. Soy como los camiones, los trenes o los barcos. Pero no me cambies de tema, que estamos despellejando a Sanse. Que, ojo, podría partirlo que alucinas, ¿eh? Porque es superlisto, el mamón. Más que tú, Indio, sin ofender. Lo que pasa es que no quiere; es como Guti, que pudo ser el mejor del mundo, pero no le salió del cimbel. No me entra en la cabeza eso, primaco. Tanta carrera, tanta ingeniería, tanta filosofía, para acabar machacándosela con el portátil, lo único que le entretiene, al mono salido, porque hará un par de generaciones que no cata hembra, y yo para las letras no, pero para lo femenino tengo la memoria de mil elefantes, que sería con la Ceci si te descuidas, le dejaría servirse un poco de marisco cuando el instituto, por pena, que a mí chapó, alguien tiene que interesarse por los necesitados y yo ando fuera de cobertura, anda que no se ha ganado el cielo, otra que todo lo que tiene de lista en la azotea lo tiene de pringada en el sótano; mira, pues la Ceci no es una cachonda, al menos no todo el rato, que eres un hablador, pero el maromo es imbécil al corte, no tiene ni dónde caerse muerto y viene y se lleva una de las perlas del barrio, vamos hombre, no me jodas, por las pocas que podíamos inflar un poco el pecho, coño, que yo cuando la veo vestida de Ally McBeal, con sus taconcitos, tipi tipi, su maletín y conduciendo el Bemeuvito se me saltan las putas lágrimas, fuera bromas, y le alabo el gusto, aquí todo son habladurías, ya sabes; se van siempre los mejores, ¿cómo no vas a pirar?, es lo que le pasa a Sanse, si vales y te quedas te hunden los hijos de perra, así somos, funcionamos como un remolino que traga poco a poco, somos las pesas en los tobillos, capaces de ahogar a Michael Phelps si nos ponemos. Llega un momento en el que el barrio solo es bueno para recordarlo y, para eso, hay que largarse; mira a Sanse, venga leer sin parar, que de tanto libro va a dar en loco como el puto Lazarillo de las pelotas y escribiendo unas chapas que no las entiende ni Jesucristo, eso solo funciona más allá de las vías, lo sabe cualquiera, hay que tener un plan, que se alquile un pisito bien lejos, aunque, claro, para eso tiene que trabajar, que habrá que verlo por un agujero en el curro, o que haga como la Tamara, que se ha ido con los ingleses y los ha puesto firmes, por algo será, a ver si ahora van a ser tontos los ingleses, primos hermanos de los americanos que dominan el mundo, ¡zas!, otra cremitas que nos han sisado; una cosa te digo: si tengo yo ese coco, aquí iba a estar, no te jode, viéndote el puto jerol. Los huevos. Salgo zumbando para algún país panchito, que allí a los extranjeros los tratan de puta madre, invento algo que alucinas, la bici que aparque sola, y me voy a Miami con Julio Iglesias a ponerme amarillo de follar, lo primero es lo primero. Plis, mor, guimi mor, oh Tata, yes beibi. Flipas. Y luego vuelvo más rico que Dubai y planto en medio del puto barrio un palacio que se vea desde la estratosfera, cuyas casas, porque tendrá bastantes, formen un inmenso “JODÉOS” que pueda leerse desde el espacio. Dime que no es un buen plan. Lo tengo pensadísimo todo, primo. Solo tiene un fallo: yo.

Tata se detuvo frente al paso de cebra que apuntillaba al bulevar.

—¿Qué haces?

—A partir de aquí no puedo pasar. Que me matan.