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PÁNICO A LO NUEVO

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En un lugar tan proclive al enfrentamiento, donde se niega el gris y te obligan siempre a escoger entre el hoyo o el bollo, he fundado un club selecto: los indiferentes galácticos. El haterismo gratuito del lado oscuro me repele tanto como las brillantes loas a la nueva trilogía, un poco surgidas contra lo primero y cebadas de optimismo desde su comienzo hace un par de años. Hay que actuar ya, pensé, no puede pasar un día más de inacción, existen millones de personas como yo, no estoy solo en la no muy lejana galaxia. Hablamos de Star Wars, por supuesto. Frivolidad máxima revestida de trascendencia mitológica. Con la infancia por medio, señores y señoras, la de varias generaciones. Si no les interesa el asunto les recomiendo que no continúen. Si aún no has visto el Episodio VIII te advierto de que puede contener spoilers.

Las sensaciones al salir del cine no fueron buenas, pero eso, hablando de Star Wars, no quiere decir mucho. Todavía me relamo al rememorar aquella bonita sensación tras ver el Episodio VII, mi sentencia “pues que me ha gustado”, recuerdo ese orgullo yo-no-me-escondo en la plaza Martínez-Zaporta. Sin embargo, de vuelta a casa, por el Espolón, ya caminando solo sin conversación que me distrajera, llegaron las sombras. A ver si JJ Abrams es un buen trilero. Por la estación de autobuses tuve la sensación de que me habían robado mientras sonreía y daba las gracias. En la cama me sentí sucio y no pude dormir. Volvamos a ayer. La impresión postcoital, como digo, nefasta. La película tiene un inconveniente que la convierte indefectiblemente en un bodrio. Dos horas y media. Media hora más que El Imperio Contraataca. Ya lo digo yo: sí, voy a comparar. No entiendo por qué está tan feo comparar si todos lo hacemos antes de comprar cualquier cosa, por ejemplo, o se es alto o bajo, grueso o delgado, listo o tonto en relación a algo. Resulta que se puede comparar todo, menos Star Wars. No me parece justo cuando se hace de forma bruta o interesada o dañina –“el George Lucas de Alberite”-, pero creo que es legítimo en el caso de una serie de películas que siempre empiezan igual. Es muy difícil competir con películas redondas como los Episodios IV y V; a Rian Johnson le toca bailar con la más fea, soy consciente y me apiado de él. Es decir, no quiero que muera lentamente ni agonice, no me cambio por él, pero tampoco voy a abanicar su supuesta “renovación” de la saga. Cuando se habla de novedad o renovación o nuevo siempre se asume que todo camina hacia adelante en progresión ascendente de calidad o bienestar, dependiendo del caso, que el cambio es algo “necesario” por anquilosamiento o invalidez de “lo viejo”, que lo viejo hay que dejarlo de lado y abrazar lo novedoso, aunque sea objetivamente peor y lo antiguo sea excelso. En el caso de Star Wars es así. Creo que todos estamos de acuerdo en eso, los seguidores de la luz y los de la oscuridad: no hay nada mejor que la trilogía original. No ocurre siempre. Existen remakes nuevos que los prefiero a sus versiones precedentes y películas actuales que me parecen maravillosas. Pero el principal problema de Star Wars es que la trilogía primigenia funciona como tapón, se convierte en techo cualitativo, el propio Lucas tampoco consiguió acercarse en la “segunda” trilogía. Volvamos otra vez. ¿Qué no me ha gustado de esta nueva entrega? El aire desenfadado. No digo que no sea revolucionario, puedo comprar el argumento, pero la batalla inicial trufada de chistes no ha conseguido arrancarme ninguna sonrisa, Luke tirando el sable láser me ha parecido patético, ese barniz humorístico no me encaja, algo falla y no sé qué es. El guion no es muy fino tampoco, los diálogos no son muy buenos, los personajes me siguen sin transmitir nada. Para mí, esto es clave. Los diálogos antes eran brillantes; reforzados por el carisma de Fisher, Hammill y Ford, cada línea se convertía en memorable. Aquí solo me logran remover algo Fisher y Dern, -curiosamente las actrices más viejas del reparto- y, quizás, Kelly Marie Tran, pero aún no estoy seguro, podría tratarse de otra farsante. Agradezco que los bichos no tengan mucha importancia, como los furbys o tamagochis que pueblan el Planeta Isla de Pascua. El Planeta Montecarlo me hizo tilín, pero cómo se han introducido ciertas ambigüedades de los rebeldes y de los malvados no me hacen tanta, me parecen martilleadas sin sutileza ni gracia, en papilla, así no masticamos, que cansa mucho. Esto es norma en muchísimas películas, no es solo una tara de Star Wars. La batalla del Planeta Sal nos recuerda su conexión con El Imperio Contraataca, también la aparición de Yoda. En fin, que no consigo ver ningún aspecto positivo. Quizás no existan o a lo mejor soy incapaz de verlos. Quizás todo sea más sencillo y no deba buscarle tres pies al gato. ¿Me hago mayor? Quizás con 34 años ya sea normal que esto no me guste. Me pasó con los superhéroes, a los quince años me dejaron de interesar. No sé. De momento he fundado el club. Si quieren unirse ya saben, rellenen la solicitud.

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THE VALLEY OF GWANGI (Jim O’Connolly, 1969)

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The Valley of Gwangi. 1969. Estados Unidos. Dir: Jim O’Connolly.

¿Recordáis aquella máquina recreativa de Capcom, Cadillacs & Dinosaurs? Yo malgasté parte de mi vida (y ahorros) sumergido en el torbellino de mamporros y patadas, en la piel de uno de los cuatro héroes que defendían a la humanidad – imagino- de peligrosos monstruos prehistóricos que ansiaban destruirla; estaban el tipo que se parecía a James Dean, la muchacha prieta de generoso escote, el granjero negro con gorra de John Deere y el tontorrón sensible con la fuerza de siete hombres. Era divertido pero sentido, no parecía tener mucho, simplemente deducimos que al inventor le gustaban mucho los cadillacs y los dinosaurios y decidió unir ambas pasiones con el resultado que conocemos. The valley of Gwangi podría llamarse Cowboys & Dinosaurs parafraseando a la inminente Cowboys & Aliens; servidor ha visto el tráiler del delirio protagonizado por Daniel Craig y Harrison Ford, ha olido el tufo a billetes recién impresos y ha prometido no verla, aunque sabe que se engaña a sí mismo y que sucumbirá y pagará la entrada del cine.

The Valley of Gwangi comienza con profecías y gitanos, Valles Prohibidos y el fin de la humanidad. Un minuto de metraje y ya tenemos a una bruja cíngara cthulhiana que recuerda a la hechicera de la película del hombre lobo, la de Lon Chaney. Luego, en los créditos, aparece Gil Parrondo como art director y ya sabemos que se ha rodado en Almería. Nada tiene sentido pero en verdad es fascinante. El pueblo mexicano con una plaza de toros que luego albergará un dinosaurio en una secuencia para el recuerdo de lo american-cañí, la pelea entre Gwangi –así se llama el tiranosaurio con complejo de King-Kong- y un elefante en la misma plaza de toros, el mini-caballito llamado Eoyphus, cuyo estudio quita el sueño de un paleontólogo borrachín que quiere ser sir… Genial. El argumento es una excusa para mostrar las criaturas de Ray Harryhausen, precursor del stop-motion y que a nuestros ojos, sus creaciones parecen valiosas piezas de artesanía exótica, una especie de tecnología primitiva y futurista al mismo tiempo. Incomprensible para la mente digital. Y esos planos generales en los que las bestias animadas salen por un extremo de la pantalla, atravesándola y desapareciendo por el contrario… The Valley of Gwangi es onírica; las cosas ocurren y ya está. Los vaqueros no se asustan porque un pterodáctilo aparezca en medio del desierto, simplemente le disparan. Y esa sensación que te invade durante toda la película, la sensación de que nos encontramos ante una pieza de arqueología de otra civilización, de que el futuro ya pasó. Ahora a esperar Cowboys & Aliens, o cualquier otro crossover de bestias o personajes tipo Predator & Jason vs  Gremlins, Spiderman & Drácula. Todo es posible.

Publicado en la revista Fuerza Vital.

STAR WARS. Episode V: The Empire Strikes Back (Irvin Kershner, 1980)

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Star Wars. Episode V: The Empire Strikes Back. 1980. Estados Unidos. Dir: Irvin Kershner.

Leo en Wikipedia que Mark Hamill sufrió un grave accidente de tráfico tras el estreno de Star Wars IV. Esa es la razón que explica la cicatriz que lucirá durante las dos siguientes películas. Nunca me había interesado demasiado por el trabajo de Hamill fuera de los filmes de Lucas  porque es imposible recordarlo sin sable láser, entre otras cosas; a bote pronto solo me salen dos lugares más en los que aparece y uno es un capítulo de Los Simpsons. En el otro interpreta a un sacerdote en el remake de Village of the Damned (John Carpenter, 1995). Puede que haya descubierto el porqué de un enigma de mi infancia. ¿Es esa la razón de su ostensible envejecimiento entre los capítulos IV y V? No sé si es una manía u obsesión mía, pero siempre me ha parecido que en estas dos partes de la historia, Hamill aparecía ligeramente demacrado. Y eso que hay maquillajes y tal. Parece mentira que en tan solo tres años o menos una persona cambie tanto de aspecto, abandone el rostro juvenil al que nos había acostumbrado. El cambio es drástico si lo comparamos con sus compañeros de reparto Harrison Ford o Carrie Fisher.

The Empire Strikes Back siempre ha sido mi capítulo preferido. Quizás tiene un toque más adulto; creo que es la menos infantil de las seis junto con el episodio III. No interpreten adulto como bueno e infantil como malo, dios me libre, se trata simplemente de una percepción. Además es la película de Darth Vader por excelencia; en la que se revelan importantes secretos, donde John Williams introduce la Marcha Imperial y los malos continúan construyendo naves impresionantes, como los Super Destructores Estelares o los AT- AT walkers, incrementando los niveles de fetichismo de muchos seguidores. Dirige Irvin Kershner y quizás también el cambio de director tenga que ver algo todo esto o simplemente Lucas es el que dirige todo desde la sombra, como Palpatine. Es la película de los malos y sí, se reafirma como mi preferida. Es que ese cromatismo en tonos fríos le queda tan bien al Imperio…

STAR WARS. Episode IV: A New Hope (George Lucas, 1977)

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Star Wars. Episode IV: A New Hope. 1977. Estados Unidos. Dir: George Lucas.

¿Qué puede decirse de una película de la que sabes los diálogos de memoria? Ahora al verla en versión original por primera vez, uno se da cuenta de que bajo el casco de Darth Vader no vive Constantino Romero. Fíjate lo que me ha llamado la atención; se hace extraño ver una película de la que conoces todos los rincones y secretos, a cuyo culto fanático entregaste la infancia entera y parte de la adolescencia, de repente, en el idioma original. Como si tu mujer aparece con un peinado radicalmente diferente al habitual; tardarás un poco en acostumbrarte. También me hubiera gustado verla el día de su estreno. Ver la reacción del público, la mía misma, ante un film de características inéditas hasta entonces. Ninguna de las películas de ciencia-ficción que se le aproximan en el tiempo poseen esa magia hipnotizante característica de los mundos nuevos; la mayoría de ellas –me viene a la mente The Andromeda Strain (Robert Wise, 1971)-, sin ser malas películas, se encuentran estéticamente más cercanas a las cintas de extraterrestres – monstruos – catástrofes de la década de los cincuenta que a este cambio de paradigma que supuso Star Wars, la era arcaica espacial que conquistó al público mundial merced a un gran guión, una dirección muy acertada y un presupuesto que contribuyó a disolver el barniz de serie B del género. También podría discutirse si Star Wars pertenece al género; la intriga y el misterio, dos engranajes tradicionales del motor de los films de ciencia-ficción desaparecen aquí en beneficio de la aventura pura y dura, en la línea de las películas marítimas o gestas medievales de toda la vida, véase Mutiny on the Bounty (Frank Lloyd, 1932), Treasure Island (Victor Fleming, 1934) o The Adventures of Robin Hood (Michael Curtiz / William Keighley, 1938).

El cuarto episodio sigue siendo para mí una película redonda, atractiva y superior. Unas interpretaciones para el recuerdo, una acertadísima elección del reparto, alternando los rostros nuevos con los legendarios de Alec Guiness y Peter Cushing. Genial en todas sus facetas.