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COSAS GUAYS (Sección Primavera 2015)

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Hace catorce años que publiqué (y cobré) mi primera página en una revista profesional. Después de eso me las prometía muy felices, pero tuvieron que pasar aún unos cuantos abriles, cinco o seis, para que pudiera vivir exclusivamente de lo que me gustaba. De cómo me las compuse durante este tiempo para poder comer y continuar dibujando a la vez, es un misterio del que por el momento prefiero no hablar… De modo que los años restantes hasta la fecha, los he dedicado a seguir aprendiendo a escribir y dibujar historias. Pero no se vayan a creer, lo que sobre todo he intentado con más empeño, tanto en las épocas turbias y difíciles como en las dulces y afortunadas, ha sido aprender a vivir, que en definitiva es lo que más me gusta.

Alfredo Pons

TRAS LAS PERSIANAS DEL BLOQUE

Lo encuentro mientras vacío la caja que pone “tebeos”, camuflado entre dos gruesos volúmenes como si fuera un antiguo grimorio prohibido; hasta tiene una cinematográfica capa de polvo, prueba de que no es ninguna novedad editorial. Se trata de Escalera de vecinos del dibujante y escritor Alfredo Pons. Es un cómic que releo cada cierto tiempo si bien se hallaba en paradero desconocido debido a mi mudanza por episodios. Pons fue director de la revista El Víbora y su estilo podría encuadrarse en una especie de realismo lumpen cotidiano. Relata lo que acontece en un bloque de viviendas, ejerce de voyeur de las vidas de personajes tan reales como estrafalarios. O tan reales por estrafalarios. Porque uno de los aspectos clave de esta obra maestra es la voluntad de Pons por transmitirnos su pensamiento en pequeñas dosis, a veces al margen de la historieta misma. Su oficio comprometido de testigo, su consciente papel de cronista subterráneo de la Barcelona preolímpica más incómoda. Todo esto es verdad; yo lo viví, yo lo escuché, yo estaba allí, convivía con esta fauna variopinta, nos recuerda Pons mediante lúcidos fogonazos. “Cada día somos espectadores de nuestra vida… Y todo el mundo sabe que ninguna puesta en escena iguala el viejo estilo de la propia existencia”. Las historias están magníficamente contadas, son narraciones hipnóticas dibujadas con un irresistible toque amateur underground y a medida que se suceden, también lo hacen las píldoras ideológicas de Pons. “Existen personas. Existen historias. Las personas creen poder manipular las historias, pero lo contrario suele acercarse más a la verdad”. En este caso por boca de Alan Moore. “When you talk it’s like a movie and you’re making me crazy cause life imitates art” canta Jessica Lange en la última temporada de American Horror Story, parece casi brujería; la realidad que imita la ficción que una vez –probablemente– se basó en lo real. Son las famosas historias que no te puedes creer. Incluso el prólogo-relato de Carlos Sampayo es otro pulso a la realidad, otro de los pasajes increíbles. En él, un –cito textualmente– joven moderno y una mujer madura coinciden en un ascensor que se cuelga. La señora aguanta la bolsa con la compra y el joven lee Escalera de vecinos. Después de la típica charla insustancial la mujer se interesa por la lectura del chico y, al observar los dibujos de mujeres desnudas, se indigna. También se reconoce en una de esas mujeres y decide mostrarle los pechos al joven, tras asegurarse de que no vive en el edificio. “No vaya a decírselo a nadie… y mucho menos al Pons ese”. Ahora que he vuelto a disfrutarlo me parece más grande que nunca. Me ha recordado cuando Flying Ladies grabamos Nuevo arte de vivir. El título y letra homónima se inspiran en la cita que abre este artículo. Enorme Alfredo Pons.

FUEGO, FUEGO Y MÁS FUEGO 

Elenco acaban de publicar Fuego, su tercer trabajo. Lo esperaba con ansia después de que nos pusieran la miel en los labios con el pedazo de vídeo del single. Si en él ya se intuían los nuevos derroteros que la banda había tomado, la primera escucha de este nuevo disco supone la confirmación total. El hardcore se mezcla a la perfección con su sonido metalero tradicional y fortalece una pared de ruido -ya de por sí- muy compacta. La incorporación de una nueva guitarra les ayuda a conseguir ese directo demoledor que ahora se traslada al plástico. Los nuevos riffs de guitarras son magníficos, más rockeros por instantes y la escucha se enriquece cuando aprecias los infinitos detalles que atesora cada tema. Los textos tratan sobre la fuerza purificadora del Fuego, la falsedad de la vida capitalista espectáculo –En el interior–, el neofascismo –Nueva época, título revelador si vives en tierras beronas–, la esclavitud del tiempo –08.00 am–, la miseria de la existencia estigmatizada –Vidas malditas–, la nueva oportunidad ante los estertores de la democracia –Último suspiro– y las contradicciones que pueblan nuestro corazón –Controversia–. Además en el póster interior nos muestran un collage de fuentes de inspiración; el fanzine Dinero de Miguel Brieva, Las Sacas de Patricio Escobal, 1984, míticos fanzines locales como Anti-Patria o Generación ye-yé, discos de Kuraia, Beastie Boys, la cinta legendaria de Mundo Rural… Está claro de donde vienen. Pero lo mejor es que experimenten ustedes mismos todo esto. Compren este discazo, háganse el favor.

LA VUELTA AL MUNDO EN OCHENTA –VAMPÍRICOS– DÍAS

La verdad es que últimamente estoy viendo muy buenas películas, de terror para variar. Me suelen cansar las del tipo falso documental o metraje encontrado así que me dispuse a ver Afflicted (Derek Lee / Clif Prowse, 2013) con todas las alarmas puestas. Pero estos canadienses me dieron en todos los morros, así ¡plas!, y yo encantado. Puesto que el título que he puesto ya es spoiler –entroncando con la mejor tradición española tipo La semilla del diablo– no les aventuro más. A ver si después de verla tienen se hacen la pregunta que yo. Clif, Derek, ¿cómo coño habéis rodado ciertas escenas? Os amo.

FUERA DEL FOCO

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En República Argentina, a la altura de la Plaza de Libourne, mi tío pronunció el maleficio. «No creo que lo vuelva a ver en Primera». Era el año 1997 y la parroquia desfilaba hacia el centro mirando el suelo resignada, se confirmaba un descenso que se veía venir desde lejos. Las palabras de mi tío Carmelo me sonaron graves, demasiado trágicas; yo tenía trece años y la gesta del Salto del Caballo todavía estaba muy fresca, pensaba que eso de ascender a la máxima categoría era pan comido, que la Segunda División era un trámite que había que pasar, como la gripe o un catarro fuerte. Ni siquiera tenía conocimiento del fútbol semiprofesional, de los purgatorios de Segunda B y Tercera. Miré hacia atrás para despedirme de la tapia del campo –llamarlo estadio siempre fue pretencioso– hasta la temporada siguiente, con la esperanza puesta en que la directiva contratara buenos jugadores durante el verano. Como no recordaba haber visto jugar a Polster, soñaba con un nuevo Salenko que acompañara al panzer de Sabadell, Manel Martínez. Asistidos en todo momento por mi ídolo, el 23, el mago Marcelo Tejera, no tardaríamos en ascender de nuevo, una temporada o dos a lo sumo. Dieciocho años después de todo esto, mi equipo yace cadáver en una carpeta del Juzgado.

Los creadores de American Horror Story no han oído hablar del Logroñés en su vida y, con toda seguridad, el fútbol les importe tres pimientos. Sin embargo, en su cuarta temporada han introducido un personaje crucial para entender la evolución identitaria de mi equipo. Se trata de dos hermanas siamesas que comparten el mismo cuerpo. Es un monstruo bicéfalo con personalidades en permanente contradicción pero que indefectiblemente están abocadas al mismo destino. Han de llevarse bien por fuerza aunque las dos tienen arrebatos de separarse la una de la otra; la operación es delicada y el riesgo de que alguna fallezca en el proceso es muy alto. Ambas piensan que estarán mejor sin la otra, que podrán amar al chico que prefieran y hacer su voluntad sin estorbarse. Todos los que vivimos en esta ciudad somos sus pretendientes y no importa mucho cual elijamos pues conocemos la horrorosa vida marital que se desprenderá de tal acto. Yo escogí a una, algunos a la otra y muchos no quisieron saber nada del monstruito achacoso.

Esta temporada la U.D. Logroñés ocupa puestos de play off. Hasta hemos sido líderes, formando un triunvirato desigual junto a los tiburones Murcia y Oviedo. El monstruo apaleado se ha erguido orgulloso, se ha revuelto contra todo el mundo; quiere terminar con el aroma de mausoleo que se ha respirado durante años. Por momentos, hemos ganado como ganan los grandes. Los grandes de verdad, no el Madrid ni el Barcelona. Hablamos del todopoderoso Eibar. Un equipo que, hicieras lo que hicieras, te ganaba. Todavía está por descubrir la fórmula matemática por la cual el Eibar siempre se alza victorioso. Puedes colgar once del larguero, jugar al toque, encerrarte y salir a la contra, cavar zanjas para que sus delanteros se derrumben. Da igual qué entrenador lo dirija o qué jugadores formen la plantilla. Uno cero. Ciao. He envidiado mucho al Eibar, he visto su infalible mecanismo de precisión funcionando en Las Gaunas muchas tardes. Primero fabrican el espejismo de que juegas bien, que los tienes contra las cuerdas y vas a ganarles. Después fortalecen más su muro y, sin enterarte, dos flechas te fulminan en segundos. O un rebote de un balón parado. Poco importan el director y los actores, el Titanic, al final, siempre se hunde. Aunque lo he sufrido directamente, le deseo lo mejor. Es como el enemigo de toda la vida que con el tiempo se torna casi en familiar cercano. Bueno, ellos son la cima. Donde hay que mirar, al fútbol fuera del foco y deshacerse de creencias ególatras. Es necesario saber dónde te encuentras para comprender lo que te rodea. Humildad.