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DÍAS DE MÁXIMO VOLUMEN (Una crónica incompleta)

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Resulta que las fuerzas oscuras del underground riojano nos juntamos para celebrar una serie de conciertos la pasada semana. Es estupendo que en nuestro pueblo podamos organizarnos para hacer lo que nos parezca y encima –esto es importante– la cosa salga de perlas. Nuestros colegas arnedanos han dado el do de pecho ideando todo este embrollo y demostrando que su amor por el punk es imperecedero; han sido cuatro conciertos en una semana bastante loca, sábados, domingo, miércoles… Y el público ha respondido genial. Además de música asesina también hemos podido disfrutar de una exposición fotográfica del punk en La Rioja, un viaje a través de sus sanctasanctórum extintos (La Cuesta, La Ratonera…) para recordar bandas que a mí me cambiaron la vida con quince años. A veces pienso si mi devoción por ciertos grupos locales se me ha ido de las manos, le doy vueltas al coco cuestionándome si realmente eran tan buenas como para encabezar mi santoral punk, o si la memoria se burla de mí distorsionándome las realidades ahora distantes y presentándomelas pasadas a limpio. Quizás la respuesta más sencilla sea que soy un mitómano de mierda… El caso es que observar las imágenes de Ojalámemuera, Pupas de Viejo, Mundo Rural, Las Amantes del Führer o Vergüenza Social me produce sensaciones magníficas. He aprovechado la ocasión para desempolvar sus grabaciones y confirmar que, efectivamente, aquello fue trascendente; su sonido no ha perdido vigencia y si pudiéramos disfrutarlas hoy seguro que encandilarían a los jóvenes punks, desorientados a veces entre tanta chorrada, rock chano, hardcore malo y post-post-post-punk. En general, la selección de fotos me ha gustado mucho aunque he notado cierta omnipresencia de las bandas que llevamos dando la chapa desde hace una década (Raiser, Flying Ladies, Los Conejos…).

Los Días de Máximo Volumen han servido también para que vuelva a dibujar. Ni sé el tiempo que hacía desde la última vez. La verdad es que me lo he pasado muy bien haciendo el cartel de Bad Noids y Pripyat, estoy contento con el resultado final. El resto de los carteles corrieron a cargo de Miguel Garraleta, Mónica Di Francesco y Teodoro Hernández, y son la leche, como ya habréis comprobado.

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La historia comenzó con Hijas del No y Violeta Vil. Las primeras estuvieron tremendas disparando su pequeñita salva de temazos; sonaron fenomenal y la única pega que puedo poner es que todavía no hayan grabado nada. A ver si se animan de una puñetera vez, así los fans podremos corearlas como merecen. Después subieron Violeta Vil, que estrenaban batería. O percusionista más bien. Se marcaron un conciertazo que superó al que ofrecieron en La Noche de los Demonios, la última vez que los vi. Defendieron su trabajo Mujeres Ulaga, un disco hechizante y redondo, poseedor de una personalidad terrible que lo eleva sobre las preferencias de cada cual haciéndolo inconfundible. Fantástico caos que montaron, todavía me duelen los oídos. El domingo les tocó el turno a Pripyat y a los norteamericanos Bad Noids. Los primeros no tocaban desde que vinieron Active Minds y, antes de aquello, no lo hacían desde hace cuatro o cinco años. Pripyat son la hostia, no sé que más puedo decir. Me resulta muy complicado ser imparcial, escucho temas como La fábrica de niebla y me subo por las paredes. Son un trío espectacular que no ha grabado nada aún (creo), hecho inexplicable, insólito y triste a partes iguales. ¿A qué demonios esperan? Bad Noids cerraron la noche con su hardcore loco y rudimentario. Comandados por uno de los mejores cantantes que han desfilado por aquí. Una guisa para el recuerdo: pantalones anchos, pelos de científico loco y camisa beis llena de lamparones con bolígrafos en el bolsillo –para parecer importante hay que llevar siempre papeles sobresaliendo de algún sitio–. El tipo se desplazaba mediante fugaces movimientos de pies mientras nos torturaba con su voz de sierra mecánica (me recordó un poco a Bad Brains). Se lo sabía hacer en el escenario, no había duda, incluso nos deleitó con equilibrismos.

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El cantante de Bad Noids haciendo el pino

Llegó el miércoles y abrieron Realidad, la banda dis de Arnedo y Arrasate. El hardcore radikal de dogmática base dischargera y letras minimalistas atronó bien de veras. Cada vez suenan más rodados y compactos. Han editado recientemente una rabiosa cassette indispensable para aquellos que gusten de castigarse con el punk británico más agresivo. Tras los de Arnedo aparecieron Dawn of Humans, una banda que me había generado cierta intriga después de ver a alguno de sus miembros tocando con Hank Wood and The Hammerheads. Aquella vez Hank Wood… me sorprendieron gratamente y nos ofrecieron un bolazo apoteósico. No puedo decir lo mismo de Dawn of Humans. No conseguí involucrarme en su espectáculo en ningún momento, tampoco me pareció transgresor y su música se me antojó absurda –soy esclavo del cuatro por cuatro y lo pegadizo, lo confieso–. No sé qué demonios era pero algo fallaba y tuve la sensación de que si llegan a ser de Alberite, a estos tíos no les hace caso ni dios. Eso sí, reunieron a una parroquia bastante numerosa si tenemos en cuenta que tocaron un miércoles.

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Violeta Vil

El cierre lo pusieron el sábado 9 de mayo los americanos Permanent Ruin, los toledanos Velociraptor y, de nuevo, Realidad. No pude asistir por hallarme en Barcelona así que los Días de Máximo Volumen terminaron aquí para mí. Sólo añadir que espero que acontecimientos como estos se vuelvan a repetir más temprano que tarde.

Las fotos que ilustran este artículo las hizo Juanjo. Puedes ver más aquí

NOSOTROS YA HEMOS GANADO

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Un par de años atrás, los amigos comenzamos a organizar visionados de videoclips de bandas de rock. El ritual se ha convertido en tradición de periodicidad impredecible y suele prepararse a bote pronto; «he pasado por el kiosko y ya tengo la revista con el nuevo DVD». Apenas se ha recibido el whatsapp o sms el protocolo se activa: unos preparan la estancia y comprueban que el reproductor funciona correctamente, otros hacen acopio de provisiones y todos esperamos impacientes la llegada del Portador. No puede faltar de nada durante el acontecimiento, ni dulce ni salado. El DVD rebosante de metraje rockero pertenece a una conocida revista musical de tirada nacional y aparecen vídeos de grupos pequeños como también de otros ya consagrados; también contiene discos completos de algunos de ellos. Como todas las cosas de la vida, nuestra proyección posee unas normas –bastante laxas– de comportamiento. Hay que esperar hasta el final de cada pieza para compartir tu opinión con los demás miembros del jurado, así puede escucharse con claridad la letra de la canción. Sí que se permiten la carcajada a veces inevitable o los comentarios muy breves, asociados a la jerga videoclipera, referidos a su tipología o temática (gente corriendo, fábrica abandonada, chicas & coches, mafia & póker, fantasmas, bosque, historias ambiciosas, amado/a muerta, bares & mujeres, macarreo, lucha de clases, sexo apasionado, gente acabada que bebe…) y pequeñas observaciones sobre la mala –o buena- puesta en escena (mafiosos con chistera, amigos de la banda mal disfrazados de policías, novias/hermanas/primas del grupo ejerciendo de femmes fatales…). Cada miembro disponemos de un comodín; podemos gritar «Siguiente» cuando queramos para pasar de videoclip. Rara vez lo utilizamos porque lo gracioso es verlo todo hasta el final, no vaya a ser que, debido a nuestra inconsciencia, nos perdamos una secuencia maravillosa o un final BGA (Brutal Giro Argumental) a lo Brian De Palma.

El caso es que me dio por pensar en aquello que transmiten la mayoría de estas bandas, a leer entrelíneas de sus riffs y poses, a valorar su actitud, televisiva, más que nada. Siguen a sus ídolos no sólo en lo musical, también en lo estético y actitudinal, aunque esto último, únicamente lo logren –sospecho– durante los minutos que dura el videoclip. Parecen decirnos: «Esta es la vida que anhelo, yo soy un tipo duro pero el curro no me deja desarrollar mi arrogancia rockera, así que me visto de Nikki Sixx durante tres minutos y observo cómo dos benditas se rocían con bourbon mientras se dan el lotazo a mis pies». No conozco a Nikki Sixx. Puede que la vida de Nikki Sixx sea así, es lo que nos ha vendido siempre. En cualquier caso, esa es su vida, real o no, pero no será nunca la de nadie más. Tampoco he estado en Los Ángeles ni en Nueva York ni en Washington, se me hace muy difícil extrapolar las vivencias de allí –por análogas que sean– a las que palpitan en tu infecto pueblo. Lo auténtico se nota. Es intangible, nadie sabe concretar qué es, pero nos damos cuenta de que alguien lo tiene cuando le vemos en el escenario. Preferirán sacrificarse por un lejano e improbable triunfo. Un triunfo también televisivo, monetario y, con casi total seguridad, intrascendente. Sin conexión con aquello que les rodea se convertirán en un remoto islote inaccesible. Frank Underwood comenta en House of Cards que el dinero es la mansión de Malibú, algo ostentoso pero frágil, que puede ser destruido por un tornado o un huracán. El poder es el edificio de piedra que lleva siglos allí, imperturbable, que pese a haber sido transitado por gente diversa, aún mantiene su estructura intacta. Bien, a eso es a lo que hay que aspirar. Solo  se puede permanecer si se conecta con los lugares y sus vidas. Minor Threat o Bad Brains son Washington, MCD es Bilbao. Además, idolatrar siempre ha sido peligroso, y mira que yo suelo caer en fanatismos transitorios a menudo. Un colega se leyó Por favor, mátame. Una historia oral del punk y me comentó que los Stooges, Patty Smith, Dead Boys, MC5, Lou Reed y compañía «eran anormales». Y es que deberían prohibir este tipo de libros, que uno lleva admirando muchos años a estos impresentables y ya se ha hecho un poco tarde para cambiar de iconos.

«Nos hubiéramos pegado con todos», concluyó.