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COSAS GUAYS (Nieblas 2016)

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Milf Fantasy

Salir de la rutina es uno de los requisitos básicos para que sucedan cosas. No sé qué clase de sustancias segregará nuestro cuerpo antes de emprender un viaje o pasar una temporada fuera de nuestra realidad habitual, cuál es motivo del vértigo que se instala en nuestras tripas durante el tiempo que dura la historia. Alejados del confort diario, la aventura se nos insinúa rápidamente o nosotros coqueteamos con ella, le ofrecemos nuestra mano porque estamos predispuestos a vivirla. Como si estar en otra ciudad, otro país, fuera transitar un plano de nuestra existencia distinto, poblado de actores diferentes al reparto de siempre. Tendemos a pensar que los habitantes de los planos nunca se conocerán porque ambas nos parecen realidades separadas, dos habitaciones contiguas sin puertas ni ventanas. En Un verano en las dunas, Seth nos cuenta cómo se enamora de la mujer del jefe. El canadiense nos lo cuenta con soltura y sin aspavientos, sin pisar la pasión desmesurada ni la asepsia total; el foco en el lugar adecuado siempre. Mediante línea estilizada presenta su experiencia como adolescente cocinero en un restaurante de un pequeño pueblecito turístico; me ha encantado el naturalismo de las conversaciones entre sus compañeros de curro, la forma brillante de Seth al cargar de vida sus personajes a través de diálogos magníficos. Seth se presenta a sí mismo como freak melenudo y reflexivo, un poco lacónico, con gran sentimiento de la justicia y fino sentido del humor. El cómic no va de nada y eso es lo mejor, que ahora parece que hay que explicarlo todo. Publicado originalmente entre 1991 y 1993, cuenta el enamoramiento del autor, el cual sucede fruto de la situación excepcional, un contexto adecuado (el marido gilipollas y baboso) y el influjo que la jefa Dunas ejerce sobre el joven Seth, convirtiéndose en su despertar sexual. Muy guay. La edición corre a cargo de Fulgencio Pimentel y es fabulosa. Además, también incluye la historia Dichosa la hora, otro trauma de Seth narrado con más desparpajo: la paliza que le pegan unos rockers durante una noche de fiesta.

AJ Davila

El que fuera uno de los máximos perpetradores de Davila 666 inició su carrera en solitario hace varios años y yo me acabo de enterar. Ya ven qué bien funciona este recomendador… El puertorriqueño (establecido ahora en México) ha publicado ya dos discos que me parecen fabulosos, Terror Amor (Nacional Records / Scatter Records, 2014) y Beibi (Burger Records, 2014). Su primer trabajo (Terror Amor) está trufado de colaboraciones y el resultado es fantástico (¡leo ahora que sale Juanita Calamidad, de Juanita y Los Feos!). A mi parecer, continúan la estela de Davila 666; quizás tire un poco más de las hebras pop que la difunta banda poseía para anudar un sonido más digerible, pero igual de oscuro y sucio (o más) que antes. Cien por cien guay.

COSAS GUAYS (Invierno 2016)

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ACCIDENTEPulso

La banda de punk rock madrileña ha lanzado su nuevo trabajo a traición, sin avisar a nadie –me ha pillado en fuera de juego clamoroso– y es una excelente noticia. Por dos motivos. El primero es sencillo y se relaciona con la calidad de la banda; Accidente es de lo mejorcito del género, tienen eso, una voz propia, que es algo muy difícil de lograr e imposible de planificar. Suenan a ellos desde su perfecto primer disco de 2011, un álbum que demostraba el interés por alumbrar el ideario anarcopunk desde una perspectiva menos manida, sin frases hechas ni consignas huecas por repetidas, manifestaba el deseo de hacer pedazos los pedestales dialécticos con letras dulces pero firmes. En Pulso, la banda continúa practicando el hardcore melódico habitual –en este sentido no hay cambios sustanciales–, siguen elaborando canciones coreables, pegadizas y memorables sobre precisas melodías de alta gama. Quizás sea esta una de sus mejores bazas; puesto que Accidente siempre trabaja en pos del himno, sus discos deberían valorarse en función del acabado final, es decir, discerniendo cuál de ellos es más redondo. A mi parecer, Pulso lo forman diez canciones superiores a las incluidas en su anterior Amistad y Rebelión, donde conviven las cimas más altas de la banda (“Las victorias más bellas”, “Beyond words”) con planicies más monótonas. El nuevo álbum se eleva sobre aquel y reúne un puñado de temas llamados a ser clásicos del hardcore melódico ibérico durante una primera mitad que es un sopapo enrabietado. Tras un par de temas menos intensos –que no flojos– la brillantez llega, para terminar la faena, a partir de “Complicidad”. Teniendo en cuenta la fecundidad y calidad de su discografía, puede concluirse que Pulso satisface las expectativas que las buenas bandas –involuntariamente– crean; si te gustan Accidente, el álbum te encantará y, si no los conoces, te convertirás en fanático desde el primer segundo. La gráfica la firma Mar Estrama y añade más frescura todavía al trabajo, seguro que luce genial en la futura edición física.

¡Ah, se me olvidaba! El segundo motivo que anunciaba al principio… No sólo me gusta Pulso por todas las bondades que he enumerado. Me gusta porque es otro disco de Accidente. Me explico. Cada vez me cansan más los grupos punk efímeros que saltan de un estilo a otro, de single en single. Me invade una pereza absoluta, lo reconozco, cuando me dispongo a escucharlos, tengo la sensación de que para hacerlo debo “forzar” demasiado mis apetencias, me tengo que preparar mentalmente para escuchar un nuevo grupo. No tiene nada que ver con la calidad ni nada de eso, ni siquiera critico tal manera de funcionar; cada uno tenemos la nuestra y todos conocemos lo difícil que es mantener proyectos sin caer en la autocomplacencia, el tedio, la repetición o la incompatibilidad laboral o personal. Me gustaría que hubiera más continuidad en ciertas bandas que me gustan, poder analizar y comparar sus discos para poder decir grandes aforismos como “sólo los tres primeros”, “hasta el negro, bien” y cosas así. Frases que confirman que sigues vivo. Por eso valoro todavía más este disco de Accidente. Siguen.

 

LO QUE HACEMOS EN LAS SOMBRAS (Taika Waititi, Jemaine Clement, 2014)

La de terror de rigor. Bueno, la de hoy no es tal; Lo que hacemos en las sombras cuenta, en modo falso documental, la vida de cuatro vampiros que comparten piso. Esta peli neozelandesa una comedia terrorífica bastante entretenida y sorprendente, ágil y muy bien contada, que profundiza en el modo de vida de los cuatro chupasangres protagonistas. Peleas contra grupos de hombres lobo, conversiones fallidas, siervos indignados y mucho más.

 

45 AÑOS (Andrew Haigh, 2015)

Soy fanático de Charlotte Rampling así que no podía faltar su última película en la lista de Cosas Guays. Esta vez encarna a Kate Mercer, una maestra jubilada inmersa en los preparativos de su 45º aniversario de boda. Una carta llega, no obstante, a chafar un poco la fiesta: en un glaciar de los Alpes suizos han encontrado el cadáver congelado del primer amor de su marido. Una peli fantásticamente dirigida y, por momentos, muy malrollera. Me encantó, claro.

 

MUSTANG (Deniz Gamze Ergüven, 2015)

Deniz Gamze Ergüeven cuenta la infancia y adolescencia de cinco hermanas en la Turquía rural; cómo se suceden los casamientos pactados a medida que van creciendo y el poso que va dejando en las hermanas menores. La historia fluye fantástica, y Deniz Gamze encuentra el equilibrio entre comedia y drama cuando describe el opresivo ambiente familiar y social en el que transcurre. Impresionantes las interpretaciones de las cinco chicas protagonistas.

LAS MONSTRUOPELÍCULAS

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Ando con veinte pestañas abiertas, café en ristre, saltando de una a otra (Filmaffinity, IMDB, Wikipedia…) averiguando si la película Escalofrío (Carlos Puerto, 1978) se tituló de otra manera en Estados Unidos, Francia, Latinoamérica o Inglaterra. O en Alemania Federal, grandes aficionados al terror charcutero que me han salvado la vida muchas veces con versiones dobladas de calidad repugnante-vhs-grabado-del-salón-de-casa. Satan’s Blood fue el título en Estados Unidos e Inglaterra. También se acredita Don’t Panic para la versión de vídeo –apostaría a que sólo fue estrenada de esa manera–. Mis amigos tudescos no decepcionan y contribuyen con su versión llamada Schok. Ya dispongo de información más que de sobra, así que al lío: a escribirlos en el buscador de recónditas páginas web. No me cuesta demasiado obtener resultados con Satan’s Blood así que, antes de fumarme un cigarro a la salud del botín que me llevo, me despido de las sonrientes rusas que desean ser mi esposa y renuncio al método mágico para hacerme rico en la red. Doy un sorbo al café congelado, síntoma de Nivel de Navegación Severo y, justo en ese preciso instante, unos tambores acompañados de jadeos me dan un susto de muerte. En alguna pestaña ha pasado algo. Y no es porno, es algo más “artístico”.

Es un tráiler. El Renacido de Alejandro González Iñárritu, la que peli que hemos escogido para ver en el cine. Después de ciento cincuenta y seis minutos, coincido en que se trata de una historia de supervivencia, pero no sólo para Leonardo DiCaprio… ¿Qué hemos hecho, oh Hollywood sagrado, para que nos castigues con tanta dureza? ¿Por qué nos agredes con ladrillos interminables? Es cierto que la fotografía es magnífica, que está rodada de maravilla, pero la historia no da para tanto. Es costumbre añeja la de hacer películas a base de clembuterol dando como resultado paquidermos admirables desde un punto de vista científico -¿cómo habrán hecho eso?-, pero de huella escasa. Y no es que los directores no tengan talento; supongo que producción obliga y la gran longitud del metraje será una cláusula insalvable cuando hay grandes presupuestos entre manos. De entre las últimas producciones de Hollywood que he visto, no hay ninguna que se salve de la maldición y no sobrepase las dos horas, un tiempo más que prudencial para contar la mayoría de historias: El despertar de la Fuerza (135 minutos), El puente de los espías (135 minutos), Spectre (146 minutos), Los odiosos ocho (167 minutos). Y tantas otras que todavía no he tenido oportunidad de ver como The Martian (142 minutos) y el resto de nominadas a los Oscar, el festival donde está prohibido dar un premio por debajo de las dos horas. El caso de Los odiosos ocho es de juzgado de guardia, una venganza sangrienta contra nosotros, el público desarmado. Quizás esta tendencia por lo monstruoso en todo (longitud de películas, tamaño de edificios, tochos inabarcables, discos eternos) es signo del tiempo que vivimos. Yo ya he empezado mi terapia anti-pestiños repasando pelis viejas de la Hammer que solamente te hacen perder una hora y media de tu vida, como mucho. Necesito tiempo para mi Nivel de Navegación Severo.

 

COSAS GUAYS (Entretiempo 2015)

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Todas las noches iba al cementerio a visitar la tumba de su hermosa y la gente murmuraba con misterio “es un muerto escapado de la fosa”.

Walk me to the graveyard / Dig up her bones.

 

Sí, se acerca el Día de los Muertos, Todos los Santos, Halloween… Como sea. Me veo en la obligación de proponerles algunas de las cintas que he visto recientemente para que las disfruten después de visitar el cementerio. Todas ellas contienen aspectos que me han parecido llamativos y, por supuesto, son de terror, ideales para una peligrosa maratón nocturna… Intentaré no spoilear… pero no prometo nada.

 

A GIRL WALKS HOME ALONE AT NIGHT (2014)

Mete en un saco el mumblecore, Truffaut, los vampiros de toda la vida, Irán, el blanco y negro y trazas de Peckinpah. Ahora pon el logotipo de Vice y tíralo por las escaleras, a ver qué sale. Pues eso ha hecho Ana Lily Amirpour y lo que ha salido del saco es fino mandarino. Aún no sé si esta peli de título descriptivo debería gustarme, si se ha pasado de vueltas de moderna o si es la posmodernidad en sí misma… Pero el caso es que me ha encantado. Todo en ella es maravilloso: el paseo nocturno en monopatín, la fiesta de disfraces… Véanla aunque la modernidad les haya pasado por encima. En serio.

 

ICH SEH, ICH SEH (2014)

Las austríacas Severin Fiala y Veronika Franz escogen un originalísimo comienzo –dos hermanos gemelos no reconocen a su madre tras haberse sometido a una operación estética– para hablarnos de la identidad, la muerte y sus relaciones. Es una película minimal rodada estupendamente que desprende un paulatino terror cotidiano que desembocará en un clímax brutal. En una entrevista, las directoras afirman que la idea del film parte de un caso real de alguna de las versiones del programa Cambio Radical. Realidad, te adoro.

 

THE FINAL GIRLS (2015)

Homenajeando desde título a las millones de supervivientes femeninas de los slashers ochenteros –cuya virginidad era su fuerza vital–, Todd Strauss-Schulson plantea una comedia meta-terrorífica en la que los personajes son absorbidos por uno de ellos. Taissa Farmiga lidera la divertida pandilla protagonista a través de esta película de estética perfecta, un slasher-caramelo original y entretenidísimo, alejado del aura sórdida de la mayoría de sus predecesores.

 

KNOCK KNOCK (2015)

La nueva película de Eli Roth se inscribe en el facundo subgénero del prota-preso-en-su-casa. Keaunu Reeves es el encantador padre de familia dispuesto a pasar el fin de semana sin sus hijos y esposa. La amenaza exterior la forman Lorenza Izzo y Ana de Armas, tándem adolescente ultrasexual en busca de ayuda bajo la tormenta… Quizás sea la más floja de las propuestas; aunque es entretenida de principio a fin y Roth es creativo discurriendo maldades (esta vez sin gore), tengo la impresión de que la película siempre está un peldaño por debajo de lo esperado en todo momento. De hecho, si la he incluido en tan egregia lista es porque sale Ana de Armas, una tía que lo bordó en una reciente producción hispano-colombiana de terror, El Callejón –Blind Alley–(Antonio Trashorras, 2011); solamente con ver los títulos de crédito de la película de Trashorras ya te das cuenta de su magnetismo. Hechizo puro.

DEMOFRIKATIZACIÓN

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¿Por qué tus padres quieren pasar las vacaciones en Carcosa? ¿Con qué fin ha cambiado tu novia las clases de inglés por las de valyrio? ¿Es la extinción del ser humano la única solución a este mundo? El éxito de Juego de Tronos y True Detective ha emborronado la línea existente entre lo convencional y lo marginal. Quizás sea temprano para dilucidar si se trata de la definitiva consagración friki o un asalto motivado únicamente por crueles modas pasajeras. A pesar de la banalización que ha sufrido el término en los últimos años –ahora se le llama friki a cualquiera-, los poderes fácticos del frikismo, la línea dura, los de la fantasía épica, la espada y la brujería, han triunfado; contemplan su temporal victoria satisfechos a la par que recelosos del monstruo liberado del ostracismo que, sin control, arremete contra los gustos mayoritarios cual Godzilla arrasando Tokio. Dejando al margen las siempre caprichosas preferencias de los espectadores y el hecho de que Juego de Tronos sea una superproducción (ahí reside su éxito, en parte), los creadores de la serie han conseguido encandilar al gran público que habita entre dos barrios antagónicos: el tradicional purismo aislacionista friki y la postura condescendiente y paternalista del anti-friki. Si exceptuamos a Tolkien, pocos han sido los escritores de épica famosos o reconocidos; siempre han revoloteado en los márgenes de la literatura bien considerada o seria, parecían misteriosos eremitas que sólo importaban a un minúsculo grupo de fans irredentos. La primera vez que oí hablar de Juego de Tronos fue hace cinco o seis años, cuando un colega bastante leído me aconsejó la novela Canción de Hielo y Fuego (por aquel entonces ni siquiera él me hablaba de Juego de Tronos). Le comuniqué que hacía muchos años que no leía fantasía, quizás desde las Crónicas de Elric de Melniboné que me fulminé en la adolescencia; ambos coincidimos en que su autor Michael Moorcock era uno de los grandes, no sólo de la literatura épica sino de la literatura en general. No le hice caso, no leí su recomendación porque me daba pereza sumergirme en un nuevo mundo fantástico, y ahora que me he convertido en un adicto a la serie, me apena no haberlo hecho para poder emprender otra de las grandes tareas a las que se dedican los friquis; comparar la versión literaria y cinematográfica para humillarla. Como ven, la jugada de la HBO ha sido maestra; reciclar para el público televisivo una serie de novelas con muchas posibilidades confinada a un rincón lejano de la cultura. La otra serie triunfadora, True Detective, ha seguido el mismo proceso pero de un modo mucho más sutil. Tras una historia detectivesca más o menos tradicional, su autor Nic Pizzolatto ha soterrado una serie de señales muy reconocibles para los seguidores del terror americano que se vertebran gracias al policía Rust Cohle. Son pistas que los lectores de Lovecraft podrán reconocer prácticamente de inmediato. Creo que su éxito se debe no sólo a que está magníficamente rodada y a las excelentes interpretaciones de Matthew McConaughey y Woody Harrelson, sino que el propio guión de la serie, impregnado de un perfume mezcla del terror gótico clásico americano y el fascinante mundo de los Mitos de Cthulhu del escritor de Providence, ha hechizado a la gran mayoría que seguramente los desconocía y jamás hubiese leído ni una sola línea de En las montañas de la locura –por poner un ejemplo-. Quizás sólo sean cosas mías y todo esto no tenga nada que ver, tal vez sea fruto de la casualidad,  pero da la sensación de que los exploradores de Hoollywood están inmersos en nuevos lugares poco transitados, espoleados por la ambición de conseguir nuevas historias, aunque esto conlleve acudir a sitios marginados. El virus de la cultura de baratillo se ha extendido. La revancha friki ha comenzado.

ROBOCOP 2014

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Robocop. 2014. Estados Unidos. Dir: José Padihla.

En el año 2028 los Estados Unidos se hallarán difundiendo la democracia en Irán. Las tumultuosas calles de su capital serán controladas minuciosamente por robots bípedos de varios tamaños y drones ultramodernos; este vanguardista despliegue militar formará parte de la operación Freedom Tehran. Una unidad de reporteros de un programa de televisión está filmando el modo de actuar de las unidades especiales robóticas en lo que parece un plácido día más de ocupación, hasta que un grupo de terroristas suicidas decide salpimentar la mañana cargándose unos cuantos de ellos. Antes del ataque, su líder afirma que lo importante no es tanto la destrucción que puedan causar, como hacerla frente a las cámaras de televisión. Lo fundamental es que el atentado se grabe. El comienzo de Robocop nos deja dos interesantes temas. El primero –muy antiguo- se relaciona con Hollywood y su utilización del cine como vehículo propagandístico, sobre todo en materia de política exterior; en este caso como expresión de sus anhelos más profundos -¿no es un sueño húmedo invadir Irán?-, un mensaje que funciona de manera ambivalente, narrativo-justificativo a la vez que subversivo. Sin restar importancia a este aspecto –que daría para mucho por sí solo-, me parece interesante la rapidez con que el cine norteamericano está asimilando la guerra contra el terror, sus consecuencias y estrategias. Eric Hobsbawn afirmaba en su libro Guerra y paz en el siglo XXI que uno de los más lamentables indicios que manifiestan el avance de la barbarie en el siglo XX, es que los terroristas se hayan percatado de que, teniendo en cuenta el poder de la cobertura televisiva mundial, el asesinato de personas insignificantes en proporciones adecuadas, capta mejor la atención de los titulares que los asesinatos de personas célebres y los ataques a objetivos simbólicos. Hace tiempo que los terroristas utilizan este sórdido modo de actuar, convencidos de que el impacto mediático de estas acciones son políticamente más efectivas que si dirigieran sus ataques contra personas relevantes con el poder de tomar decisiones. El cruel atentado de la estación de Atocha –el segundo mayor en la historia de Europa- es un claro ejemplo de ello. La existencia o no de cualquier reivindicación, incluso nuestra existencia en sí  misma, pasa por su reflejo en los medios de comunicación; todos recordamos el vídeo del asesino del soldado británico con las manos ensangrentadas, cuchillo en mano.

Robocop presenta el debate en torno a la utilización en suelo americano de sus potentes robots reservados para uso bélico. La población se encuentra dividida entre los que apoyan al senador Dreyfuss y aquellos partidarios de los intereses del gigante armamentístico OmniCorp. Los ciudadanos no desean ser defendidos por máquinas sin emociones, no quieren que sea un robot lo que apriete el gatillo que signifique su salvación. Ignoran que ha sido el ser humano el causante de los mayores horrores del mundo. En general, me ha parecido una película que va de más a menos y muy atropellada; la acción se precipita literalmente, tras un inicio más o menos sólido. Cualquier parecido con su antecesora es puramente casual; sin la violencia de la de Verhoeven, convertida en un producto para todos los públicos y desposeída de su atmósfera underground.