Etiquetado: 2005

TRINIDAD

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No habrá paz para los malvados. 2011. España. Dir: Enrique Urbizu.

El tándem Urbizu-Gaztambide vuelve a la palestra después de La caja 507 y La vida mancha, dos películas que constituyen sendos ejercicios de sobriedad narrativa, estilo y conocimiento cinematográfico envidiables; un sólido y sorprendente thriller de regusto clásico y una historia de amor con mayúsculas, de las que hay que concebir de manera delicada y armarse de valor para hacer. En todas ellas –incluida la novísima No habrá paz para los malvados– José Coronado constituye la piedra angular, el tercer lado del triángulo para convertir el tándem en trinidad; quizás no tanto en La caja 507 donde interpreta al retirado jefe de la policía Rafael Mazas, pero su importancia es incuestionable en La vida mancha y en el último estreno que nos ocupa. En No habrá… Coronado da vida al inspector Santos Trinidad, un policía rudo acostumbrado a desenvolverse en la más completa oscuridad criminal. La película arranca espléndida; cámara testigo del descenso al infierno de Coronado. Una noche tonta que se va de madre como la de William H. Macy en Edmond de Stuart Gordon. Un tipo normal que en cuestión de minutos decide –no sabe por qué- reducir las personas a escabeche. Trinidad, sin embargo, tiene un fin ulterior, una luz casi desvanecida que sigue a duras penas. Hay dos caminos por los que la película transcurre; la cámara testigo de Trinidad y la cámara legal que retrata a Leiva y a la juez Chacón. Urbizu crea un ambiente creíble pre 11-M, una historia sólida que se sostiene gracias a la gran interpretación de Coronado y al convincente resto del reparto. Quizás el tramo central de idas y venidas de Trinidad por diferentes espacios resulte un embrollo que puede despistar. El film va de más a menos, pero sin salirse de tiesto en ningún momento y, después de verla, me pregunto por qué tarda tanto en hacer Urbizu una película. Se echa de menos la honestidad de su cine.

AALTRA (Benoît Delépine / Gustave de Kervern, 2005)

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Aaltra. 2005. Francia. Dir: Benoît Delépine / Gustave de Kervern.

Aaltra funciona como un aparato hipnótico; forma parte de ese puñado de películas que, más allá de sus virtudes y defectos, son capaces de capturar tu atención desde su inicio, bien sea merced a un atractivo planteamiento de la acción, a una apabullante  calidad estética o una combinación de ambos factores. Pendulares. La película dirigida por Benoît Delépine y Gustave de Kervern, formada de esquiva materia magnética, ilustra las andanzas de dos personas que no se pueden ver ni en pintura y que más tarde descubrirán que, aunque parezca imposible, tienen un denominador común que les une: el hijo de puta que todos llevamos dentro, en su caso, a flor de piel. Es un cabrón descarado, torcido y malicioso, aprovechado de la buena voluntad y corrección de los infelices que se han cruzado en su camino. Aaltra es una road-movie en silla de ruedas de planos contenidos, geométricos, en los que siempre ocurre algo; a veces es más importante lo que acontece en segundo término. Delépine y de Kervern han cebado la hormigonera de humor negro sin concesiones, fangoso, y le han dado una patada cuesta abajo; han prescindido de la cadena de chistes en favor de un tratamiento cómico general, con potencia visual, extraño, pero elaborado inteligentemente y de efectividad demostrada. Los dos protagonistas quedan paralíticos, atrapados entre las fauces del remolque basculante de uno de ellos. Reconozco que me cuesta analizar la película objetivamente porque las cosechadoras, los tractores y todo tipo de maquinaria agrícola me fascinan; me recuerdan los largos veranos en el pueblo en los que pasaba el rato observándolos;  sus marcas, las mulillas mecánicas, los rotavatores y demás artilugios. Eran artefactos singulares, especiales. Pensaba que un coche podía  tenerlo cualquiera pero no así un tractor o una cosechadora, que además eran enormes y tenían formas curiosas. Aaltra es la marca imaginaria del remolque asesino, por una letra no es la famosa firma de maquinaria finlandesa. La película parte de esta cotidianeidad rural para mostrarnos un enfrentamiento también muy cotidiano: la discusión de tráfico. El incidente que origina la trama de la película es un choque de normalidad. El lento fluir de tractores por las estrechas carreteras comarcales del medio rural contra el ansia de llegar a casa rápidamente, esquivando los desesperantes atascos urbanos. Los dos protagonistas emprenden un divertido viaje a Finlandia, repleto de mala baba, para cobrar la supuesta indemnización por el accidente que los ha postrado en una silla de ruedas. Una película que no entiende de sensibilidades, de carcajadas que pesan como el plomo. Extraña e intensa.

Publicado en la revista Fuerza Vital.

CTHULHU Y UN PENTIUM 75

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The Call of Cthulhu. 2005. Estados Unidos. Dir: Andrew Leman.

Vaya por delante, primero de todo, una declaración de amor y una explicación que, espero no me salga demasiado nostálgica. Soy un gran seguidor de Lovecraft incluso desde antes de conocerlo, argumento que requiere un breve relato aclaratorio. A lo largo de las Navidades del año 1995 mis padres me regalaron mi primer ordenador, un Pentium 75, la monda en aquellos tiempos; un par de amigos gozaban de las –entonces- primitivas bondades del 486, otros se apañaban con la SuperNintendo e incluso alguno ganaba dioptrías jugando al PC Calcio en un 286 con pantalla en blanco y negro. Este último caso era especialmente dramático porque dependiendo del juego o programa que estuviera en funcionamiento había que ajustar el contraste al máximo para poder ver algo. Recuerdo jugar al Threat casi a ciegas. Yo, mientras tanto, me aburría con mi Master System II y su Alex Kidd integrado, todos mis amigos eran de Nintendo y yo no podía cambiarme juegos con ellos; sólo en la academia de inglés a la que acudía encontré a otro desdichado que había apostado por Sega y nos reconocimos rápidamente como dos conspiradores en la clandestinidad. Iniciamos una intensa relación de intercambio de juegos legendarios como el Golden Axe, Jurassic Park, la saga Sonic, el de Michael Jackson y muchos más. Mi familia estaba muy mal aconsejada en materia de tecnología y nuevos formatos; además de comprarme una Sega, también había depositado su confianza en Beta, así que el intercambio de películas se complicaba más si cabe en mi círculo de amigos Nintendo-VHS. Los Reyes de 1996 fueron una liberación, como ven. Ya disponía de mi flamante ordenador nuevo, con su paquete Office, su revolucionario Windows 95 y un par de juegos; la primera y segunda parte de Alone in the Dark. Esto me cautivó. No había visto nada parecido antes, la aventura terrorífica definitiva; una ambientación espectacular, una historia buenísima… Te metías en la piel de Edward Carnby, detective privado encargado de investigar un extraño suicidio en la mansión llamada Derceto o también podías escoger el personaje de Emily Hartwood, sobrina del suicida que se empecina en descubrir lo que realmente le sucedió a su tío. Recuerdo los pasajes de libros que podías leer durante tu exploración de la casa maldita –El Vellocino de oro– y la música que te acompañaba; no sé las veces que he escuchado el Claro de Luna de Debussy. Tardé muchos años en descubrir que Alone in the Dark tenía como guía las misteriosas aventuras de Lovecraft. ¿Cómo puede vivir todo ese tiempo sin saberlo?

The Call of Cthulhu es un mediometraje de 2005 que me ha transportado a 1995. Hecha al estilo del cine mudo de los años veinte, la cinta recrea perfectamente todos los ingredientes del relato lovecraftiano, está hecha con una delicadeza espectacular y su puesta en escena es muy llamativa. Reconozco que para alguien que le hubiera gustado licenciarse por la Universidad de Miskatonic, como es mi caso, es muy difícil valorarla objetivamente. Además no creo que haga falta estar al tanto del universo cthuliano para poder disfrutarla, es más universal, no han querido atraer solo a los fervientes seguidores del escritor norteamericano. Es una de las adaptaciones más dignas que conozco, no es una patraña como Dagon: la secta del mar (Stuart Gordon, 2001), por poner una grotesca, de la que solo recuerdo la presencia de Paco Rabal y a Raquel Meroño en cueros a punto de ser sacrificada. Además, ahora que se ha puesto de moda el cine mudo con The Artist (Michael Hazanavicious, 2011) y Blancanieves (Pablo Berger, 2012) y ha sido tan premiado a nivel nacional e internacional, ya hay una razón más para verla. También para comprobar hasta qué punto la publicidad consigue su objetivo. The Call of Cthulhu ya utilizó el mismo concepto, el mismo lenguaje, años antes. Pero no trascendió mucho. Son cosas de frikis.

FRENTE AL INSULTO CONSTANTE

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Grupo 7. 2012. España. Dir: Alberto Rodríguez.

Los lunes suelo ir al cine. Es un acto ya mecánico; quedamos varios amigos y vemos lo que sea, cualquier cosa. A mí, de hecho, me gusta ir así, a ver qué sale; acudir a la sala deliberadamente desinformado suele producirme más satisfacciones, porque, basta que desees algo con ahínco para que no suceda, o te disguste o salga del revés. De esta forma, durante un par de semanas había visto el tráiler de Grupo 7 sin especial interés. Más bien, su visionado me provocaba una animadversión inexplicable, como cuando conoces a alguien por primera vez y no te cae bien; todo aquello que haga o diga será juzgado inmediatamente, de manera sumaria y sin opción a la réplica. Sin embargo, Grupo 7 es una buena película, lo cual demuestra dos cosas: a) que no saben hacer tráilers adecuados, y b) que quizás miremos un poco por encima del hombro cualquier producción hecha en casa. La película narra la limpieza social que sufrió la Sevilla pre-Expo a finales de los ochenta, a cargo de una brigada policial cuyos métodos eran bastante cuestionables. El proceso ya lo conocemos; con la excusa de liberar un lugar de la droga y el trapicheo, nos llevamos por delante al resto de la peña. Ya que estamos. No importa el motivo y todo vale; Exposiciones Universales, Olimpiadas, Eurovisiones, o la simple gentrificación que se ha apoderado de los cascos antiguos de nuestras ciudades. Alberto Rodríguez hila fino. Apoyándose en una sobria y agresiva fotografía, nos sumerge en una historia violenta con ecos de French Connection (William Friedkin, 1971), la serie The Wire de David Simon, pasando por Cidade de deus (Fernando Meirelles / Kátia Lund, 2002) hasta la más reciente Romanzo Criminale (Michele Placido, 2005). Un ejemplo más de que el policíaco de calidad es posible, de que todavía existe un interés por ofrecer historias inteligentes por encima del panfleto burdo al que se nos somete con frecuencia. Un film que se sitúa  frente al insulto constante a nuestra capacidad de reflexión. La única debilidad que muestra Grupo 7 reside en su protagonista Mario Casas, muy por debajo del nivel del resto del reparto que, con Antonio de la Torre a la cabeza, realiza un gran trabajo.

STAR WARS. Episode III: Revenge of the Sith (George Lucas, 2005)

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Star Wars. Episode III: Revenge of the Sith. 2005. Estados Unidos. Dir: George Lucas.

Al final me va a gustar la nueva trilogía. Y lo digo así, sin rubor y sacando pecho. ¿Podré perdonar a George Lucas después de tantos años? ¿Son estas líneas alguna clase de redención? Si me oigo yo mismo antes de ayer hubiera llamado a un exorcista para que limpiara mi cuerpo de entes malignos; si me oyese en 1999, con quince añitos, saliendo de ver La Amenaza Fantasma, hubiese construido una máquina del tiempo para impedir que en estos momentos se produzca esta situación. En realidad todavía no sé como llamar a este artículo. ¿Salida de armario? Conste en acta que servidor, al igual que la gran mayoría de seres humanos que crecimos con Star Wars, ha despotricado mucho de las tres nuevas; a veces con gran virulencia. No he presenciado el Concurso de insultos a George Lucas que se organizaba dentro de la programación de Frikoño pero sí que he participado vía sms. Creo recordar que ‘infecto pedazo de mierda’ era lo más bonito que escribí. En el concurso se premiaba la originalidad, pero yo opté por lo efectivo. Dicho esto, ya estoy en fase zen, preparado para cualquier revés que la vida pueda darme a partir de ahora. Un último mensaje para aquéllos que vais a retirarme la palabra: ha sido un placer haberos conocido. En serio.

La Venganza de los Sith es una película estupenda. Ya me pareció la más acertada de todas en el cine hace años. Revisándola ha ganado bastantes enteros y no sólo porque ya sale Darth Vader. Ahora que estoy viendo todas seguidas hay ciertos matices que se pierden (sobre todo en la trilogía clásica) pero toda la historia gana en cohesión, la eleva a una crónica de la vida de Anakin / Darth Vader, el verdadero vehículo de la historia de Lucas. Un final genial para los nuevos filmes, un puente perfecto entre 2005 y 1977. Un cine de calidad ascendente desde La Amenaza Fantasma, que vista la trilogía de tirón, si que encarna el verdadero lastre de toda la saga galáctica.