Etiquetado: 1977

NOSOTROS YA HEMOS GANADO

laurel-leaf-crown-11437

Un par de años atrás, los amigos comenzamos a organizar visionados de videoclips de bandas de rock. El ritual se ha convertido en tradición de periodicidad impredecible y suele prepararse a bote pronto; «he pasado por el kiosko y ya tengo la revista con el nuevo DVD». Apenas se ha recibido el whatsapp o sms el protocolo se activa: unos preparan la estancia y comprueban que el reproductor funciona correctamente, otros hacen acopio de provisiones y todos esperamos impacientes la llegada del Portador. No puede faltar de nada durante el acontecimiento, ni dulce ni salado. El DVD rebosante de metraje rockero pertenece a una conocida revista musical de tirada nacional y aparecen vídeos de grupos pequeños como también de otros ya consagrados; también contiene discos completos de algunos de ellos. Como todas las cosas de la vida, nuestra proyección posee unas normas –bastante laxas– de comportamiento. Hay que esperar hasta el final de cada pieza para compartir tu opinión con los demás miembros del jurado, así puede escucharse con claridad la letra de la canción. Sí que se permiten la carcajada a veces inevitable o los comentarios muy breves, asociados a la jerga videoclipera, referidos a su tipología o temática (gente corriendo, fábrica abandonada, chicas & coches, mafia & póker, fantasmas, bosque, historias ambiciosas, amado/a muerta, bares & mujeres, macarreo, lucha de clases, sexo apasionado, gente acabada que bebe…) y pequeñas observaciones sobre la mala –o buena- puesta en escena (mafiosos con chistera, amigos de la banda mal disfrazados de policías, novias/hermanas/primas del grupo ejerciendo de femmes fatales…). Cada miembro disponemos de un comodín; podemos gritar «Siguiente» cuando queramos para pasar de videoclip. Rara vez lo utilizamos porque lo gracioso es verlo todo hasta el final, no vaya a ser que, debido a nuestra inconsciencia, nos perdamos una secuencia maravillosa o un final BGA (Brutal Giro Argumental) a lo Brian De Palma.

El caso es que me dio por pensar en aquello que transmiten la mayoría de estas bandas, a leer entrelíneas de sus riffs y poses, a valorar su actitud, televisiva, más que nada. Siguen a sus ídolos no sólo en lo musical, también en lo estético y actitudinal, aunque esto último, únicamente lo logren –sospecho– durante los minutos que dura el videoclip. Parecen decirnos: «Esta es la vida que anhelo, yo soy un tipo duro pero el curro no me deja desarrollar mi arrogancia rockera, así que me visto de Nikki Sixx durante tres minutos y observo cómo dos benditas se rocían con bourbon mientras se dan el lotazo a mis pies». No conozco a Nikki Sixx. Puede que la vida de Nikki Sixx sea así, es lo que nos ha vendido siempre. En cualquier caso, esa es su vida, real o no, pero no será nunca la de nadie más. Tampoco he estado en Los Ángeles ni en Nueva York ni en Washington, se me hace muy difícil extrapolar las vivencias de allí –por análogas que sean– a las que palpitan en tu infecto pueblo. Lo auténtico se nota. Es intangible, nadie sabe concretar qué es, pero nos damos cuenta de que alguien lo tiene cuando le vemos en el escenario. Preferirán sacrificarse por un lejano e improbable triunfo. Un triunfo también televisivo, monetario y, con casi total seguridad, intrascendente. Sin conexión con aquello que les rodea se convertirán en un remoto islote inaccesible. Frank Underwood comenta en House of Cards que el dinero es la mansión de Malibú, algo ostentoso pero frágil, que puede ser destruido por un tornado o un huracán. El poder es el edificio de piedra que lleva siglos allí, imperturbable, que pese a haber sido transitado por gente diversa, aún mantiene su estructura intacta. Bien, a eso es a lo que hay que aspirar. Solo  se puede permanecer si se conecta con los lugares y sus vidas. Minor Threat o Bad Brains son Washington, MCD es Bilbao. Además, idolatrar siempre ha sido peligroso, y mira que yo suelo caer en fanatismos transitorios a menudo. Un colega se leyó Por favor, mátame. Una historia oral del punk y me comentó que los Stooges, Patty Smith, Dead Boys, MC5, Lou Reed y compañía «eran anormales». Y es que deberían prohibir este tipo de libros, que uno lleva admirando muchos años a estos impresentables y ya se ha hecho un poco tarde para cambiar de iconos.

«Nos hubiéramos pegado con todos», concluyó.

Anuncios

SKYFALL (Sam Mendes, 2012)

Skyfall 1

Skyfall. 2012. Reino Unido. Dir: Sam Mendes.

Aprovechando el estreno inminente de Skyfall, El País Semanal publicó un artículo sobre los diferentes actores que han dado vida a James Bond con el objetivo de dilucidar cuál de ellos ha sido más Bond. Algunos de los autores optaba por la primitiva atracción que ejerce Connery –a mí siempre me ha parecido un poco tosco-, la ironía de Roger Moore, la agresividad de Dalton, la testimonial actuación de George Lazenby y la elegancia del más reciente 007 de los noventa, Pierce Brosnan. También se comentaba si Daniel Craig daba el pego o no, a pesar de que Skyfall supone su tercera encarnación del agente británico. Yo me he tragado toda la saga aunque muchas de sus entregas las tengo olvidadas; me gustan las aventuras de Bond en sí, los lugares que habrán escogido para filmarlas, las taras físicas que sufrirán sus taimados enemigos, los estrafalarios inventos de Q, los aún más estrafalarios guiones que parecen escritos por niños de primaria, las existencias dramáticas de la chicas Bond, las chicas Bond en sí… Para mí todo supone un compendio indivisible, a veces por encima del propio actor que interpreta al famoso espía, así que puede decirse que me da un poco lo mismo quién sea. Si tengo que elegir me quedo con Roger Moore. La espía que me amó – The spy who loved me (Lewis Gilbert, 1977) es de mis películas bondianas preferidas y la verdad es que no sé por qué. Quizás sea ese aire de serie b que tiene.

Sam Mendes dirige a Bond en lo que parece una auténtica reconversión del personaje. Tras una aceptable Casino Royale (Martin Campbell, 2006) y la decepcionante Quantum of Solace (Marc Forster, 2008),  existían altas expectativas acerca del camino que tomaría la franquicia. En manos de Mendes, Bond se ha oscurecido un poco, parece un hombre que tiene conflictos como un ser terrenal. Problemas de verdad, no los habituales relacionados con una organización secreta que quiere destruir el mundo. Se trata del Bond más minimalista de todos, sólo necesita de una radio liliputiense y de su Walter PPK para poner freno a la venganza urdida por Silva. Esta asepsia instrumental puede interpretarse como un guiño al nacimiento cinematográfico del personaje; el Aston Martin plateado homenajea el primitivo despertar del agente en la piel de Connery. Bardem borda al malvado repulsivo y sádico a pesar de que no se ha doblado a sí mismo en la versión española; el doblaje de la película es de cárcel y llave al mar, pero eso es harina de otro costal y merece un artículo propio. El doblaje es una tradicional lacra que cada uno lleva como mejor puede, pero es que de un tiempo a esta parte, cada vez me parecen peores. Además de no dejar opción para ver –quien quiera- las versiones originales, nos las tenemos que tragar directamente tergiversadas, con lamentables traducciones y sincronizaciones penosas. Directamente mal hecho. Volviendo a Skyfall. Comienza con la clásica escena de acción y créditos espectaculares, no aburre en prácticamente ningún momento pese a existir algún que otro forzamiento narrativo, los habituales encajes a martillazos de las películas de Bond. Sólo se me ha hecho un poco pesada al final, para mí demasiado extendido. Mendes nos propone un Bond humano, acuña una nueva vertiente del personaje, su dimensión como individuo y recupera un elenco de personajes que puede funcionar para numerosas películas más.

STAR WARS. Episode IV: A New Hope (George Lucas, 1977)

star-wars-anewhope

Star Wars. Episode IV: A New Hope. 1977. Estados Unidos. Dir: George Lucas.

¿Qué puede decirse de una película de la que sabes los diálogos de memoria? Ahora al verla en versión original por primera vez, uno se da cuenta de que bajo el casco de Darth Vader no vive Constantino Romero. Fíjate lo que me ha llamado la atención; se hace extraño ver una película de la que conoces todos los rincones y secretos, a cuyo culto fanático entregaste la infancia entera y parte de la adolescencia, de repente, en el idioma original. Como si tu mujer aparece con un peinado radicalmente diferente al habitual; tardarás un poco en acostumbrarte. También me hubiera gustado verla el día de su estreno. Ver la reacción del público, la mía misma, ante un film de características inéditas hasta entonces. Ninguna de las películas de ciencia-ficción que se le aproximan en el tiempo poseen esa magia hipnotizante característica de los mundos nuevos; la mayoría de ellas –me viene a la mente The Andromeda Strain (Robert Wise, 1971)-, sin ser malas películas, se encuentran estéticamente más cercanas a las cintas de extraterrestres – monstruos – catástrofes de la década de los cincuenta que a este cambio de paradigma que supuso Star Wars, la era arcaica espacial que conquistó al público mundial merced a un gran guión, una dirección muy acertada y un presupuesto que contribuyó a disolver el barniz de serie B del género. También podría discutirse si Star Wars pertenece al género; la intriga y el misterio, dos engranajes tradicionales del motor de los films de ciencia-ficción desaparecen aquí en beneficio de la aventura pura y dura, en la línea de las películas marítimas o gestas medievales de toda la vida, véase Mutiny on the Bounty (Frank Lloyd, 1932), Treasure Island (Victor Fleming, 1934) o The Adventures of Robin Hood (Michael Curtiz / William Keighley, 1938).

El cuarto episodio sigue siendo para mí una película redonda, atractiva y superior. Unas interpretaciones para el recuerdo, una acertadísima elección del reparto, alternando los rostros nuevos con los legendarios de Alec Guiness y Peter Cushing. Genial en todas sus facetas.

STAR WARS. Episode III: Revenge of the Sith (George Lucas, 2005)

revenge_of_the_sith_by_1darthvader-d6ftwy7

Star Wars. Episode III: Revenge of the Sith. 2005. Estados Unidos. Dir: George Lucas.

Al final me va a gustar la nueva trilogía. Y lo digo así, sin rubor y sacando pecho. ¿Podré perdonar a George Lucas después de tantos años? ¿Son estas líneas alguna clase de redención? Si me oigo yo mismo antes de ayer hubiera llamado a un exorcista para que limpiara mi cuerpo de entes malignos; si me oyese en 1999, con quince añitos, saliendo de ver La Amenaza Fantasma, hubiese construido una máquina del tiempo para impedir que en estos momentos se produzca esta situación. En realidad todavía no sé como llamar a este artículo. ¿Salida de armario? Conste en acta que servidor, al igual que la gran mayoría de seres humanos que crecimos con Star Wars, ha despotricado mucho de las tres nuevas; a veces con gran virulencia. No he presenciado el Concurso de insultos a George Lucas que se organizaba dentro de la programación de Frikoño pero sí que he participado vía sms. Creo recordar que ‘infecto pedazo de mierda’ era lo más bonito que escribí. En el concurso se premiaba la originalidad, pero yo opté por lo efectivo. Dicho esto, ya estoy en fase zen, preparado para cualquier revés que la vida pueda darme a partir de ahora. Un último mensaje para aquéllos que vais a retirarme la palabra: ha sido un placer haberos conocido. En serio.

La Venganza de los Sith es una película estupenda. Ya me pareció la más acertada de todas en el cine hace años. Revisándola ha ganado bastantes enteros y no sólo porque ya sale Darth Vader. Ahora que estoy viendo todas seguidas hay ciertos matices que se pierden (sobre todo en la trilogía clásica) pero toda la historia gana en cohesión, la eleva a una crónica de la vida de Anakin / Darth Vader, el verdadero vehículo de la historia de Lucas. Un final genial para los nuevos filmes, un puente perfecto entre 2005 y 1977. Un cine de calidad ascendente desde La Amenaza Fantasma, que vista la trilogía de tirón, si que encarna el verdadero lastre de toda la saga galáctica.