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THE VALLEY OF GWANGI (Jim O’Connolly, 1969)

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The Valley of Gwangi. 1969. Estados Unidos. Dir: Jim O’Connolly.

¿Recordáis aquella máquina recreativa de Capcom, Cadillacs & Dinosaurs? Yo malgasté parte de mi vida (y ahorros) sumergido en el torbellino de mamporros y patadas, en la piel de uno de los cuatro héroes que defendían a la humanidad – imagino- de peligrosos monstruos prehistóricos que ansiaban destruirla; estaban el tipo que se parecía a James Dean, la muchacha prieta de generoso escote, el granjero negro con gorra de John Deere y el tontorrón sensible con la fuerza de siete hombres. Era divertido pero sentido, no parecía tener mucho, simplemente deducimos que al inventor le gustaban mucho los cadillacs y los dinosaurios y decidió unir ambas pasiones con el resultado que conocemos. The valley of Gwangi podría llamarse Cowboys & Dinosaurs parafraseando a la inminente Cowboys & Aliens; servidor ha visto el tráiler del delirio protagonizado por Daniel Craig y Harrison Ford, ha olido el tufo a billetes recién impresos y ha prometido no verla, aunque sabe que se engaña a sí mismo y que sucumbirá y pagará la entrada del cine.

The Valley of Gwangi comienza con profecías y gitanos, Valles Prohibidos y el fin de la humanidad. Un minuto de metraje y ya tenemos a una bruja cíngara cthulhiana que recuerda a la hechicera de la película del hombre lobo, la de Lon Chaney. Luego, en los créditos, aparece Gil Parrondo como art director y ya sabemos que se ha rodado en Almería. Nada tiene sentido pero en verdad es fascinante. El pueblo mexicano con una plaza de toros que luego albergará un dinosaurio en una secuencia para el recuerdo de lo american-cañí, la pelea entre Gwangi –así se llama el tiranosaurio con complejo de King-Kong- y un elefante en la misma plaza de toros, el mini-caballito llamado Eoyphus, cuyo estudio quita el sueño de un paleontólogo borrachín que quiere ser sir… Genial. El argumento es una excusa para mostrar las criaturas de Ray Harryhausen, precursor del stop-motion y que a nuestros ojos, sus creaciones parecen valiosas piezas de artesanía exótica, una especie de tecnología primitiva y futurista al mismo tiempo. Incomprensible para la mente digital. Y esos planos generales en los que las bestias animadas salen por un extremo de la pantalla, atravesándola y desapareciendo por el contrario… The Valley of Gwangi es onírica; las cosas ocurren y ya está. Los vaqueros no se asustan porque un pterodáctilo aparezca en medio del desierto, simplemente le disparan. Y esa sensación que te invade durante toda la película, la sensación de que nos encontramos ante una pieza de arqueología de otra civilización, de que el futuro ya pasó. Ahora a esperar Cowboys & Aliens, o cualquier otro crossover de bestias o personajes tipo Predator & Jason vs  Gremlins, Spiderman & Drácula. Todo es posible.

Publicado en la revista Fuerza Vital.

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GUANTES DE CUERO NEGRO

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L’Ucello dalle piume di cristallo. 1969. Italia. Dir: Dario Argento.

Termino de ver El pájaro de las plumas de cristal, el primer largometraje de Darío Argento, película de la que dispongo desde hace meses y nunca encontraba el momento adecuado para ponerla. Y más desde el empacho de Argento que sufrí hace algunos meses; poseído por un espíritu devorador de crímenes cada cual más extravagante, me empapé del mezquino hacer de psicópatas de negra vestimenta en tramas inverosímiles. Precisamente la diversión reside en la propia estructura del giallo, en la vuelta de tuerca  (ridícula la mayoría de las veces) que fuerzan los responsables de estas películas, estructuras perfectamente codificadas y orquestadas. El caso es que me ha gustado más que cualquier otra del director italiano, más que Suspiria y Rojo oscuro. Escoltado por Storaro y Morricone, Argento relata con oficio y sobriedad una clásica historia policíaca en la que no echamos en falta ningún ingrediente; suspense, equívocos, brutales asesinatos y arduas investigaciones. El característico cromatismo argentiano se encuentra en una fase primitiva y el tratamiento de los asesinatos no es tan directo; todavía no vemos la marca del cuchillo en el filo que penetra en la carne ni la agonía en los rostros de las víctimas con proximidad científica. Falta esa naturalidad para el asesinato que tanto explotará en sus posteriores películas y puede ser lo que más me ha sorprendido, su ausencia, la no reiteración machacona. Una película interesante en la que el guión sufre a medida que el desenlace se aproxima; la brillante sorpresa final o la memez faraónica. ¿De quién serán las manos bajo el cuero negro?