TRES CÍRCULOS (II)

trescirculos

—No puedo ni fumar.
—Los nervios.
Carlos arrojó el cigarro y se detuvo para vomitar. La calle estaba desierta, únicamente transitada por alguna chica a la carrera, en mallas y con auriculares. Más que un barrio era un monumento a la asentada juventud procreadora, sin viejos, con monstruosos parques infantiles acolchados y bares con una concurrida zona chill-out nocturna, fruto del «nos quedamos por aquí» que los viernes alejaba a sus pobladores del centro. Indio lo conocía bien; gran demanda de cocaína, menor de cristal, fabulosos pagadores, currelas con curro, secretarias, cajeros de banco y funcionarios sanitarios. Además anduvo con una tía que vivía a dos manzanas del Jíman, una de esas que corre en mallas. Funcionaba bien la cosa. Ella trabajaba mucho y vivía sola; con las amigas desperdigadas por el mapamundi, casadas la mayoría, se conformaba con follar después de hacer footing. Para frotarse las manos, a priori. Luego se cansaron.

«Indio, la vida no es una peli de putas», el epitafio de su padre.

Jíman esperaba en el umbral de la puerta. Llevaba una camiseta de baloncesto y los habituales pantalones gigantescos. Sin gorra, como había pronosticado Carlos: en casa la colgaba del perchero de su dormitorio. Se sentaron en el salón; la tele encendida mostraba un menú del Fifa 15. Cenicero, mechero y Coca-Cola. Y nada más.
—Cuánto tiempo, Indio. Oí que te habías quitado.
—Algunos días. Es para el socio. Sesenta.
—Me suenas tú.
Carlos se había transformado en un ser translúcido.
—Del Elepé a lo mejor.
—Puede. Mucha cerda y mucho maricón.
Indio observaba a Carlos, que estaba a punto de erupcionar.
—Oye, ¿el servicio?
—Al fondo.
Jíman lanzó una bolsa transparente llena de marihuana encima de la mesita. Luego cogió los mandos de la consola.
—Dale, que te voy a machacar.
Demasiado bien transcurría todo.
—No soy muy de juegos.
—Vete a la mierda. Esto no es un juego. Es el puto Fifa. Es el juego. Mira —señalaba la pantalla—, tres Champions que he ganado con el Numancia.
Indio odiaba los videojuegos modernos, le parecían ininteligibles y demasiado complicados. Había un problema añadido: al jugar con la cruceta —porque el joystick analógico se le resbalaba— su pulgar izquierdo terminaba acalambrado durante días. Recordó su infancia en los recreativos, la fortuna dilapidada en partidas de Snow Bros. Los tiempos fáciles.
—Elige unos buenos Indio, que estoy a tope. Te voy a enseñar mi último descubrimiento. Te presento a Dios de Ébano-Negraldo-o rei Doumbia.
Jíman seleccionó al CSKA de Moscú. Indio buceaba en la segunda división inglesa. Le gustaban los escudos.
—Pues no sé. ¿Sigue siendo el Barça el mejor?

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s