IL PRIMO, PER FAVORE

giuda

Aparcamos en la zona reservada para residentes desafiando a la flota de grúas de San Sebastián. Pero de eso nos enteramos más tarde, cuando volvimos. Llevo nuestro disco bajo el brazo, medio dormido ya, harto de sostenerlo tanto tiempo por los bares del barrio. Saludamos a un par de conocidos que fuman en la puerta de la sala; la temperatura es óptima, acertamos dejando los abrigos en el coche. Pienso que soy transparente y que todo el mundo que se apelotona en la entrada es capaz de leerme, de adivinar mis intenciones. Me da vergüenza. «Que no se te vea nunca la intención, no demuestres nunca demasiado entusiasmo por aquello que deseas, pues alfombrarás el camino a tus debilidades», decía mi abuela adaptando a Gracián. Es un buen consejo. Pero mi carácter o mi estupidez, o su simbiosis, me impiden seguirlo. «Ya han terminado los teloneros», nos avisa el tumulto.

Mi Proceso Fanático se desarrolla más o menos así. No suele ocurrirme con personas porque las personas fallamos y las obras rara vez lo hacen. Bueno. Con algunas personas sí que sucede, pero no cuentan, son fanatismos antiguos y esos son para toda la vida. Incluso puede tratarse de los únicos verdaderos.

1) Observo / Leo / Escucho algo que me parece atractivo desde una perspectiva artística.

2) El objeto en cuestión comienza a transmitirme sensaciones maravillosas.

3) El objeto domina por completo mi voluntad; la atracción inicial se ha tornado en admiración y respeto profundos.

4) El proceso mental suele estancarse en este nivel; en otros casos puede volver a comenzar una vez transcurrido un tiempo prudencial, marginándose en el punto uno de manera irreversible.

Hay un último escalón que desconocía: pérdida total del ser, incoherencia; el sujeto hace cosas que antes ridiculizaba.

Los músicos beben cerveza antes de subirse al escenario, detrás del puesto de discos y camisetas; todos de verde, uniformados. Se acerca el cantante al verme husmear. ¿Para qué esperar más? Se me va a caer el brazo al suelo.

¿Por qué necesitamos saber la opinión acerca de lo que hacemos de aquellos que admiramos? ¿Necesitamos ser bendecidos?

«This is a present for you. Our band».

Señalo a J, que me acompaña en la debacle. Así parece que reparto responsabilidades. Se humedece mi frente. No es normal esta temperatura en noviembre.

«Thanks».

El tipo no sabe qué decir. Otro se acerca y le pregunta algo en italiano: ¿quién es este chalado?

Dios, no pensará que quiero rollo o algo así.

«Ok. I’ll keep it».

Ya está. Ya ha pasado. Le digo al italiano del puesto que quiero los dos discos, I’m a Giuda Fan (qué ironía) y Racey Roller. No habla inglés, creo que no me ha entendido bien porque sólo me da el segundo trabajo.

«Il primo también, per favore».

Está interesado en las chicas. Les ha regalado un par de chapas bien grandes.

«No. Il primo, niente».

Necesito una cerveza. En la calle creo que todos me observan de nuevo. Me acabo de convertir en un fan letal. Con lo discreto que he sido siempre con mis amores.

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