COSAS GUAYS (invierno 2015)

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Acabo de darme cuenta de que este espacio/faro que ilumina a una generación ávida de experiencias emocionantes no funciona correctamente. La última recomendación –o defenestración, según se mire– data del 22 de abril; fue Telephone de Lady Gaga y no es que fuera una novedad precisamente. Entre tanto relato libidinoso y cósmico, dramas hospitalarios y filosofía de barriada, su guía espiritual de bolsillo no refulge como merece. Y esto hay que solucionarlo, no me gustaría que me acusaran de abandonar a una caterva de depravados en una cestita, a las puertas de lo convencional, indefensos ante el tostón supremo… No sufran, que Incitatus ya llegó, como ocurre en las películas y jamás en la vida, a salvarles en el último segundo y a otorgar, de paso, los siguientes nihil obstat.

LA CANDIDEZ VIOLENTA

Los Conejos estrenan flamante segundo trabajo con título en español. Los segundos discos son siempre difíciles de hacer, máxime cuando la banda debuta con mención de honor. Lo más habitual es que todos los elementos se rebelen en su contra. El público manifestará que el primero mola más, como clavaron La Moto de Fernan; el sonido sufrirá críticas innecesarias –si no es espléndido– porque todo el mundo asume que las cosas, con el tiempo, tienden a mejorar guiados por esa estúpida creencia en el Progreso; para colmo, la criatura recién nacida tendrá un hermano cabrón que le hará la vida imposible, condenada a luchar contra el tiempo; cuando la gente escuchó el primer álbum era más joven –este es el quid– y, con toda seguridad, le unirá a él un vínculo especial que lo convertirá en insuperable. Pues bien, Los Conejos salen indemnes de la batalla, se han marcado un discazo espectacular que adelanta por la derecha a su única referencia hasta ahora. Caos Final continúa el camino pop punk melódico y dulce que habían iniciado pero profundizando más en él, logrando melodías más curiosas y locas, atreviéndose con trompetas en un par de temas. Las voces están muy trabajadas, más sueltas. También continúa su gusto por el flamenco-rock noventero de Gabinete Caligari en Gypsy Lament. Los textos son variados: nostalgia de la niñez (Throwing Rocks), el apocalipsis de los últimos hombres (Caos Final –ver MG 15–), el abandono, la soledad y la muerte (Yellow Rain, basada en la novela La lluvia amarilla de Julio Llamazares), la raza humana devoradora de sí misma (One Step Forward, Two Steps Back), el ensalzamiento de lo raro a través del DIY (New Paths), la fragilidad del ser humano (Walking On A Wire), la bicicleta como fin en sí mismo (Get On Your Bicycles), el pasado misterioso (Old Photographs), la no rendición (Don’t Give Up The Power), ¿el acto sexual trasunto de pelea? (Bitter Sweat) y el cunnilingus eterno (Moustache Ride). Son doce temas redondos, sin mácula. Y es que Los Conejos son punk diferente y adictivo, una realidad propia feísta y divertida, de ingenuidad agresiva. Por si fuera poco, la gráfica del Lp es perfecta; Teodoro Hernández ha sabido trasladar al papel los mundos extraños y preciosistas que la banda propone convirtiendo este disco en un objeto íntimo y delicioso. Un diez. ¡E incluye póster!

(Leer con acento argentino, imitando al gran Héctor del Mar) CON TODOS USTEDES, LAS EMBAJADORAS DEL GUANTAZO, LAS MINISTRAS DE LA MUERTE, LAS MUJERES FATALES… 

Pertenezco a la primera generación ibérica que no se extraña si en una conversación surgen términos y expresiones como «súplex vertical», «sillita eléctrica» o «lo jala de los cabellos». Nací en 1984 y eso implica haber visto íntegra la Época Dorada de Telecinco. Entre mamachichos, italianadas de Jaimito y del tándem Spencer/Hill o series anime de diverso pelaje, se erigía uno de los monolitos de nuestra infancia, el buque insignia de la recién estrenada cadena: el Pressing Catch. Todos sabíamos que los luchadores eran en realidad unos falsarios que a la vez que propinaban puñetazos pisaban con fuerza la lona para lograr golpes más estremecedores, pero eso nos importaba poco; suspendíamos la credulidad en pos del espectáculo y el entretenimiento. Si bien es fácil recordar a los héroes Hulk Hogan, El Último Guerrero (y su Baile de San Vito), Los Sacamantecas, El Enterrador, Terremoto Earthquake (con su letal Salto del Hipopótamo), El Poli Loco, El Hombre del Millón de Dólares o Mister Perfecto, tengo más remoto el recuerdo de su versión femenina, porque, probablemente no durase mucho en antena. En la versión española lo bautizaron con el inefable título Las chicas con las chicas y tan sólo puedo invocar a unas pocas guerreras: La Hija del Granjero, Montaña Fiji o Matilda La Grande (Google me confirma que había muchísimas más; Spanish Red, The Disciplinarian, Caliente, Riot…). Aquí terminan mis conocimientos sobre lucha libre femenina. ¿Por qué entonces toda esta nostálgica y –puede que– trillada introducción?

Me he fulminado ¡Pérfidas!, la novela de Tamara Romero. Así, en tres ratos; me ha parecido divertidísima, una historia de colores saturados contada estupendamente en poco más de cien páginas. Este último aspecto lo valoro mucho, harto de tramas anabolizantes y códices tan gruesos como vacíos. Tamara nos transporta a Valtidia, una ciudad entreverada; quizás un México D.F. con pinceladas de ciudad norteamericana con nombre español. Allí, el deporte de masas es la lucha libre femenina, el público enloquece cada vez que se celebra un combate entre las integrantes de los dos bandos que existen: las Pérfidas y las Lúcidas. El grupo pérfido lo forman chicas con nombres tan chulos como Mazas, La Mujer Azul, Estigma, Hiedra, Rusia, Petróleo, La Ciega, La Vigilante, Las Trillizas y Sor Muerte y son mezcla de las aguerridas féminas de Pressing Catch y los superhéroes mutantes. Sobresale entre todas La Volcánica Magma, la heroína enmascarada invicta con genética de El Santo, la protagonista trágica de la historia, objetivo original de un secuestro fallido. Los criminales confunden a Mazas con Magma y se desencadena la acción, el plan que urden sus compañeras y su manager Alexia Vartel para traerla de vuelta. Romero parte de este hecho para contarnos una historia que orbita alrededor de los conceptos de identidad, la sociedad espectáculo, la ficcionización de la realidad y el compañerismo. También es una historia de mujeres. Y es que los hombres –con la excepción de un locutor de radio, los niños-árbitros y dos mormones de estética Juventudes Hitlerianas– parecen haberse evaporado de Valtidia, o al menos de la trama de ¡Pérfidas!; quizás las vidas de los varones valtidianos no sean demasiado seductoras. Diversión pura y dura en esta novelita pop ultrarevolucionada, de tacones vertiginosos y mamporros coreografiados. Si todo esto no les parece suficiente para hacerse con ella, echen un vistazo a su fantástica cubierta y comprobarán que se trata de una cosa que se puede comprar por la portada; los estetas como yo agradecemos a la editorial Aristas Martínez el buen gusto a la hora de diseñar su catálogo. ¡Gran ovación!

CUANDO OIGAS RUIDOS DENTRO DEL ARMARIO, NO LO ABRAS

Termino con una película. De terror; de hecho la mejor película de terror que he visto en mucho tiempo. Se trata de The Babadook de Jennifer Kent. Una historia pequeñita, dos grandes interpretaciones (Essie Davis y el niño Noah Wiseman) y tensión a raudales. Sin demasiado efectismo ni cataratas de sangre, Kent nos cuenta la del monstruo del armario, relato con reminiscencias de todo el Terror. Lo hace con maestría y estética envidiables. La cara de chalado del crío perdura en la memoria y puede convertirse en un fotograma mítico. ¡Y todo transcurre en noventa y cinco minutos! ¡Parece que los dioses han escuchado mis plegarias! ¡Al fin!

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