EL TRUCAZO

Street Fighter II - Champion Edition

—Hay que pensar en otra cosa.

El Indio golpeó el grinder contra la mesa.

—Para no correrse, digo. Es el truco para seguir, ya sabes, pin, pan. Las tías tienen en cuenta eso, en serio; no sabes la cantidad de desagradecidos que hay por ahí. Ante todo, dale tú, que no se revuelva. Si no, mal. Como esté bien cachonda, te agarre y te haga la metralleta… pa-pa-pa-pa-pa, estás jodido. Ni con paja previa, primo. Aunque eso son cosas de cada uno, ya me entiendes.

Javito escuchaba absorto. Aunque sólo le pasaba tres años, el Indio ya le parecía un humanista o filósofo griego. Era la Wikipedia del barrio y el chamizo era su foro. A veces hablaba en tercera persona de sí mismo, como los reyes y los deportistas. Gracias a su piel aceitunada, su melena brillante y a dos certeros ojos azules podía hacérselo con la chica que le diera la gana; pero no era un fantasma, ni distante con los pequeños. Su talante pedagógico y altruista lo convertían en un icono, un ejemplo a seguir. No obstante, años atrás fue un as de los cuarenta y nueve centímetros cúbicos y el promotor de grandes avances técnicos como la masturbación con flema.

—Otra cosa. ¿Está buena? Porque entonces ya… lo que te faltaba…

—A mí me parece que sí. No sé, me gusta.

—Vamos a ver, Javito. O está buena o no está buena, no me jodas. Que no pasa nada, Indio respeta. Mira, ¿te acuerdas de la inglesa aquella que vino de intercambio? Pues era fea que te cagas pero el Indio no pierde bola, chico… Porque, ¿sabes una cosa? Todos tenemos derecho a la vida. Eso dice mi abuelo y es gran verdad. Que se te quede aquí metido, en la sesera.

Lió el cigarrillo de un rápido movimiento.

—No sé, Indio. Es así, alta, más que yo. Guapa, rubia, va bien de bufas y trasero, pero es mayor; por eso me da un poco de chungo. Estoy acojonado, primo, si te digo la verdad.

—Ostia puta, Javito. Mayor cómo. Porque depende. ¿Es del barrio?

—No. Y será como tú o más.

—Entonces te va a hacer falta más madera. Vas a tener que bajar. Eso es infalible.

—Joder, no sé yo, así de primeras…

—Nada, el trucazo.

El indio se detuvo para tomar aliento.

—Vas a pensar que soy un asqueroso pero esto es canela fina. Escucha: mientras estás ahí abajo, flas, flas, coges este dedo y poquito a poco se lo vas metiendo por la puerta de atrás. Pero con tranquilidad, si hay mal rollo, que no va a haber, pues paras. Ahí ya es para ti. En serio. Y no sé si te mola mucho o no esa chica, pero ya sabes… Esto es invertir en futuro. Las tías tienen esto colectivo, ¿cómo se llama?

—Inteligencia, conciencia.

—Eso. Si te has portado con una, las demás lo van a percibir, tronco. Se dan cuenta de esas cosas, primo. Te van a respetar. Van a decir: joder con el Javito, este sí que sabe, no como estos gilipollas.

—Muy fácil lo ves todo.

—Tú mismo. Puedes hacerme caso o fracasar. Una cosa tienes que tener bien clara. Qué quieres ser en la vida. Dime, Javito, ¿tú qué prefieres ser en la vida? ¿Un desgraciado o el puto amo?

—El puto amo, supongo.

El Indio exhaló un nubarrón titánico.

—Pues eso. El trucazo.

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