UNIR LA LÍNEA DE PUNTOS

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(1) La limpiadora que llora o el vértice superior de la pirámide.

«Majo, no sabes lo que me ha pasado, menudo bureo… La yaya se ha hecho pis al levantarse; nada, cuatro gotas. Entonces he salido al pasillo y he llamado a la chica para que pasara la fregona; muy maja, la verdad… Y después, con la ayuda de las enfermeras, la he acostado. Pues nada, al rato, llaman a la puerta, y es la mujer llorando como una magdalena: “que me van a despedir, que me van a despedir…” Por lo visto, a su encargada no le ha gustado que retrocediera a rehacer una habitación que ya había terminado o qué se yo… Y que estaba escaqueándose, hablando conmigo, ¿tú te crees? Hace falta ser sota y sinvergüenza… Una obrera, virgen santísima… Se pensará que luego el jefe, que vivirá en la Conchinchina, se va a acordar de ella cuando la echen, por muy encargada que sea… Qué impresión me ha dado la mujer, toda compungida. La madre que la parió… ¿Cómo se le ocurre hacer eso? Se habrá quedado con el borro bien ancho… Ya le he dicho: “no te preocupes, que ahora mismo voy a hablar con ella, a decirle que has entrado porque te lo he pedido yo, que tu no tienes falta de nada, que ha sido mi culpa.” Además están las enfermeras de testigo, ¡ojo! A ver si voy a poner una queja… Claro, luego decimos que son ariscas y que son tal… Si es que no me extraña; mira cómo trabajan, si no pueden mover ni un pelo de la ceja, las pobres… Qué poca vergüenza, hace falta ser… ¿Es que no se acuerda de cuando ella era obrera o que? Majo, hay algunas que son tontas del bote… Desde luego, qué paciencia… Pocas cosas pasan. Y no te lo pierdas, voy a contarle lo que ha pasado, con buenas palabras ¿eh?, con educación, y aún se inflaba la muy zorrupio; qué aires, tenías que haberla visto… Para mandarla a tomar viento; porque no puedes, a ver si, encima, la van a despachar después de todo… Me han dado unas ganas de darle un cucazo así, ¡zas!, en la cabeza y estornillarla, fíjate lo que te digo… Virgen del Pilar, qué mundo, adonde vamos a llegar… Vamos para atrás, si es que vamos para atrás… ¡Ay si pasa esto antes! Buena le esperaba. La cogíamos entre todas y la llevábamos a escobazos de la puerta de la fábrica a su casa… O el vacío. Que te hagan el vacío, eso es lo peor. Que sepa todo el mundo que eras una mala persona, que conozcan cómo tratas a las mujeres, como putas… Parece mentira,  siendo mujer que es, y obrera… ¿Sabes lo que pasa? Que a algunas, en cuanto les dan cuatro alhajas ya se piensan que son la collares y ¡hala!, a pisar, a pisar, a pisar, y entremedias, a rascarse la seta. Que no es así, hombre, que no… Ya está bien. Vaya trago ha pasado la muchacha con estos hijos de la Gran Bretaña… Mira, ya viene la médica. Es jovencísima, ¿la conoces? Es la que ha operado a la yaya. Encantadora. Y menudo tipo… Ya es hora de que vayan quitando a los viejos que llevan ahí doscientos años… Es que me han puesto de mal talante de par de mañana, me ha sentado mal hasta el desayuno, fíjate lo que te digo. Pobrecita… Me estoy acordando más de ella… Al final, me van a hacer hablar. Y verás…».

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