DANINSKY

paul naschy

El hombre que vio llorar a Frankenstein. 2010. España. Dir: Ángel Agudo.

Mientras mi padre entrenaba yo me entretenía pringándome las manos con magnesio. Era muy pequeñito y no me parecía muy emocionante observar como un puñado de bigardos levantaban pesas en la Escuela de Halterofilia. Mi padre dedicó su vida a ello, sin embargo. Me contaba historias emocionantes, casi siempre relacionadas con el cine o el espectáculo ; cuando vio a Schwarzenneger en Madrid mientras se celebraban los campeonatos europeos o la curiosa vida de un antiguo compañero suyo, una montaña almeriense que se dedicaba a tirarse de los caballos como extra de cine en las producciones que los italianos rodaban en el desierto. También otras más prosaicas; los atletas soviéticos corriendo en manada al Corte Inglés, Urtain -deshecho- guardando la entrada de algún tugurio madrileño… Así es como conocí, tan tempranamente, la existencia de Waldemar Daninsky o Paul Naschy o Jacinto Molina, campeón de España de halterofilia, posterior hombre lobo y para mí, uno de los precursores del disfraz cinematográfico. Quizás el mayor autor de películas disfrazadas que existe. El cine en sí es mentira, lo sabemos, un embuste que hay que tratar de disimular para que el respetable lo digiera sin ni siquiera plantearse que se ha sentado dos horas delante de una pantalla para ser estafado voluntariamente. De tal forma vemos la exuberante selva amazónica, pero en realidad es el jardín botánico de Sebastopol, reinas egipcias nacidas en Londres y soldados romanos con acento americano, como Robert Taylor en Quo Vadis? (Mervyn LeRoy, 1951), a punto de espetar un «Largo de aquí, forasteros» en cualquier momento. Pues bien, ¿qué pasa cuando descubrimos que alguien nos miente? ¿Qué sucede si sus mentiras son tan cristalinas que las vemos venir desde lejos? A la gente suele molestarle mucho que en el cine se noten las cosas. A mi no me importa. Me da igual que la sangre parezca tomate frito, que cuando los personajes viajen en coche o en tren se proyecte el paisaje de fondo, que la pareja se vista en dos planos después de retozar en la cama, incluso que lo hayan hecho con la ropa interior puesta. Me da igual, todo me gusta y todo lo disfruto. Paul Naschy es el especialista en el engaño a medio cocer, el tipo que miente siempre y todas las veces le pillan. Y no son mentirijillas sin importancia, no. De repente viajamos a Centroeuropa y en realidad es Guadarrama. Son montes sospechosamente familiares, vegetación escasa… Marrón, si tuviéramos que definirlo con una palabra. ¿Es Alemania marrón? No. ¿La República Checa tal vez? No. Es un hechizo mal pronunciado y, debido a la censura, España se disfraza de Francia, de Alemania o de Hungría; un disfraz caricatura a veces, como los de Mortadelo. La Magia Borras frente a David Copperfield. Estupendo documental, pese algún que otro momento lacrimógeno.

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