BRINDEMOS TODOS

entretodos

Por Moritz Moreau. Su chef de confianza.

¿Qué obtenemos si mezclamos una grada de descamisados ultras futboleros rusos, la subasta Ponga un pobre en la mesa de Plácido, El diario de Patricia y un puñado de desgraciados? Si tienen pensado celebrar algún tipo de cena o comida y quieren sorprender a la pareja o a los amigos, conseguir que abandonen la mesa con un buen sabor de boca, les recomiendo encarecidamente este cóctel como rúbrica al banquete. El combinado tiene el irónico nombre de Entre Todos y lo han elaborado a fuego lento los mejores druidas de Televisión Española. Es muy fácil de preparar siguiendo estos sencillos pasos.

Conseguir productos frescos y de calidad

Todo el mundo sabe que las materias primas son fundamentales para que nuestra mezcla brille y se consiga el más embriagador de los sabores. Para ello es importante recolectar los ingredientes en los mejores establecimientos; Inem, algún prostíbulo con solera o, para conseguir gangas, basta con estar atento a la oferta arrodillada a nuestros pies, los que parecen estar siempre sucios y escriben mal en cartones. Eliges un ejemplar hermoso y con experiencia en esto de la pobreza, un parado de larga duración adicto al tintorro o una señora que limpia escaleras con un par de nenes de corta edad colgados del cuello mientras sus dos hijos mayores van a la escuela en taparrabos. Es mejor mantener al ejemplar en la terraza que en la despensa (a veces no cabe) porque la miseria es como el Cabrales, suele atufar toda la casa. También puede guardarse en un arcón frigorífico. Lo siguiente que necesitamos es la película Plácido de Berlanga. Es fácil conseguirla en la biblioteca* más cercana o descargarla de Internet. El tercer ingrediente, una edición de El diario de Patricia o sucedáneo no debería llevarnos mucho tiempo; el TDT ha nutrido nuestra cocina de numerosas marcas blancas muy socorridas para situaciones como esta así que no pasa nada si no encontramos a la auténtica Patricia entre su variadísima oferta de presentadoras campechanas. Ahora viene lo más difícil de hallar: el hincha loco ruso. Es proverbial la imposibilidad de encontrar uno entre nuestras fronteras, nuestras abuelas solían reemplazarlo por un hooligan patrio, también muy hostil pero menor en número y de sabor un poco más basto. Recomiendo frecuentar las comunidades del este de Europa existentes en su ciudad; si vive en una grande puede que incluso se haya asentado una mafia importante y hayan formado una peña del Zenit, del CSKA o del Spartak de Moscú. Si es así vayan a los partidos de Champions League (Martes y Miércoles a las nueve menos cuarto) que jueguen sus equipos. No suelen superar la liguilla de grupos por lo que urge capturar al hincha eslavo entre septiembre y noviembre. Es fácilmente reconocible por su torso al descubierto y su agresividad. Hay gente que prescinde de este ingrediente en nuestro combinado pero verán que es indispensable. Su fervor religioso hacia el drama televisado transformará el cóctel-programa en algo mucho más llevadero y jalearán cualquier aportación monetaria con inusitada devoción.

Preparado y listo, para servir

Se mezclan todos los ingredientes cuidadosamente en la olla y se calientan a fuego lento procurando que el hincha ruso (casi siempre adscrito a la ultraderecha) y el desdichado no se peguen, que el motocarro de Plácido tenga bien colocada la estrella de Belén, que Patricia dos punto cero haga llorar de emoción al pobre durante veinte minutos (así suelta el agua). Se cocina media horita más o menos y luego la pócima se enfría durante medio día en el frigorífico. Se sirve casi helado en vaso de plástico de Todo a Cien no en otro, y se añaden al gusto varios profesionales liberales (médicos, abogados, psiquiatras) de clase pudiente que ayuden al desdichado a comprender por qué lo es y hablen de derechos fundamentales y dignidades televisivas mientras esto mismo se aniquila fuera del mundo catódico. Es ideal para tomar después de la siesta y sienta muy bien en la conciencia. Perfecto para acompañar unas orejitas de lince rebozadas o unos morritos de delfín, les otorga un toque popular irresistible.

* Biblioteca: Las bibliotecas son establecimientos como los bares pero en lugar de una grasienta gastronomía y botellas de todos los tamaños y colores hay libros, discos y películas; un sinsentido del pasado sin duda.

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