BERBERIAN SOUND STUDIO (Peter Strickland, 2012)

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Berberian Sound Studio. 2012. Reino Unido. Dir: Peter Strickland.

He comprobado que la última vez fue el pasado dieciséis de marzo; lo siento pero ya tocaba. Los cuatro inconscientes que siguen este espacio desde sus inicios conocen mi filia más antigua y asentada: el cine de terror. Como todas las pasiones, esta comenzó cuando era muy joven, al ver Psicosis con mi madre y mi tía, verdaderas fanáticas de Hitchcock; mi madre y su hermana jamás pronunciaron bien su nombre y se referían a él como el inglés. El careto de lunático de Anthony Perkins quedó grabado a fuego en mi inconsciente y por las noches solía aparecérseme, interrumpiendo mi sueño y provocándome terribles pesadillas, tembleques interminables y sudores antárticos. A veces se escondía en un armario, el cabrón, cuchillo en ristre, con su bata de boatiné y su peluca; otras debajo de la cama, tras la cortina de la ducha, nada era seguro, en cualquier lugar podría esconderse Norman Bates, tal era su afán por hacerme picadillo. Sin embargo, esta sensación de tensión constante me gustó demasiado, enseguida devoré la mayoría de películas de el inglés, y luego muchas más, sin freno; este contacto con el género terrorífico supuso uno de los primeros sillares del palacio de adicciones cinematográficas en el que ahora vivo. Dentro del cine oscuro, una de mis debilidades es el giallo italiano, de ahí mi disculpa inicial; anualmente tengo recaídas en mi enfermedad y –si no hay nadie a mi alrededor que lo impida- me apalanco entre pecho y espalda dosis altísimas de guantes de cuero negro, gritos de bellas muchachas, largos planos subjetivos, colorines y asesinatos manieristas. Vayan acostumbrándose, no lo puedo evitar, me temo que de esto no se sale tan fácil. He vuelto a ver algunos antiguos, ya clásicos, como Rojo Oscuro, Suspiria, Tenebre o Seis mujeres para el asesino; también algunos -como Torso de Sergio Martino o La casa de las ventanas que ríen de Pupi Avati- que desconocía y me han parecido excepcionales. Y más: Siete notas en negro de Lucio Fulci, ¿Qué habéis hecho con Solange? de Massimo Dallamano, el reciente Masks del alemán Andreas Marschall y una fina pieza de bisutería con ínfulas de joya llamada Berberian Sound Studio.

Berberian Sound Studio cuenta la historia de un técnico inglés que es contratado para revisar la banda sonora de un giallo en dicho estudio de sonido, emblemático italiano al producirse allí la mayoría de estos filmes. Con gran rotundidad visual, Peter Strickland elabora un cuidadoso homenaje –por momentos casi documental- a los trucos de sonido, a los presupuestos bajos y a un género ya desaparecido. Una película arqueológica y de estética total cuya única contrapartida es la necesidad de conocer los engranajes que sostienen el subgénero. No estoy seguro de que alguien profano en el terror transalpino la disfrute de igual modo que alguien bien avezado. Por lo demás, una película a veces tramposa –como sus referentes- pero diferente, absolutamente personal y fuera de todo.

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