DESAGRADABLES NECESARIOS

utopia

Utopia. 2013. Reino Unido. Dir: Dennis Kelly (Creador).

Según el director y guionista David Mamet, el cine negro británico es superior al americano debido a dos factores clave: la ironía y los personajes desagradables. Mamet utiliza un argumento nada desdeñable para contraponer la ironía británica al humor y la malevolencia norteamericanos, fruto de la naturaleza directa de su carácter y su superioridad moral. El pueblo británico fue bombardeado regularmente durante el siglo XX. Que te ataquen o invadan permite desarrollar un cierto sentimiento de humildad y favorece la iniciación de los procesos mentales necesarios para no creerse el ombligo del mundo. Ese fue el origen de su ironía sin límites. Aquí también entendemos algo de eso, tanto de invadir como de ser invadidos; ya he hablado en numerosas ocasiones del tradicional humor funerario ibérico, algo que debería proteger el ministerio de cultura antes de que las fuerzas del ejército bienpensante y los terroristas de la corrección política lo destruyan por completo. Los personajes desagradables son la piedra angular de este tipo de películas; incómodos siempre, en el bien y en el mal; gente que no busca la realización personal a lo largo de la película, personajes caracterizados por su –cito textualmente a Mamet- falta de deseo de complacer. Peña a menudo arisca y ruda, que no vive para irse contigo de cervezas ni abrazarte cuando te ha dejado la novia, que durante la historia quiere algo y se empeña en alcanzarlo a toda costa, abandonando por el camino la idea de convertirse en mejores personas. Personajes de verdad, no muñecos de cartón piedra que emprenden películas-viajes que cambiarán sus creencias acerca de la vida. En este tipo de cine los británicos son expertos. Jessica Hyde quiere los manuscritos de Utopia y punto, no quiere agrandar su dimensión humana.

Pensaba en todo esto durante la última semana mientras veía la serie Utopía, un thriller conspirativo que consta –gracias a dios- de solo seis capítulos de una hora de duración. Parece que todavía queda algo de sentido común entre los creadores de series de televisión y han decidido no torturarnos con historias alargadas a posta, de manera artificial y que son víctimas de sus altos índices de audiencia. La verdad es que las últimas series británicas que he visto –Black Mirror, Sherlock– me han sorprendido gratamente. Confirma la teoría de la calidad; no se conforman con una realización técnica exquisita, aspecto al alcance de muchos, si no que también hay un denodado interés por ofrecer buenas historias, ocurrentes y originales al menos, cosa que ya no está tan a mano de tantos. En Utopia no hay tanta ironía como se pudiera esperar de algo hecho en las islas pero personajes desagradables hay a punta de pala. Con la excepción de Ian –y Becky en menor medida- todos los que aparecen tienen en común una aspereza por encima de la media y casi nunca hacen lo que parece lo más correcto. Hay algunos –como Arby- directamente repulsivos. También el tratamiento de la violencia está exento de conservantes y se digiere mal. Hacía tiempo que no veía una serie con tantos cabrones por fotograma. Bravo por ellos. Viva la gente desagradable.

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