REVIVAL

Visitors view the Metropolitan Museum of Art's exhibit, "Punk: Chaos to Couture," in New York


Un amigo mío dice que el punk es tan grande que no podemos cogerlo con las manos. Está en lo cierto. Cada vez que las palabras crisis económica, desempleo y protesta social saltan a la palestra de la realidad –más bien se agudizan, parece que el desempleo es una novedad-, los medios de comunicación no faltan a la cita de renovar viejos espíritus proclamando un nuevo revival punk. Muchas veces interesa en el sentido estético, cómo el punk ha influido o influye en la publicidad o en los artistas, diseñadores y creadores en la actualidad; se ignoran (¿deliberadamente?) los aspectos del punk que más han perdurado, aquéllos que, a la vez que convertían a los Sex Pistols en un espectáculo de variedades, también sembraban la semilla del hazlo tú mismo, invertían los roles autor-público y cambiarían el concepto de la música popular para siempre. Esta afición de los medios por los revivals neo-punks no es nueva ni me molesta especialmente, no más que cualquier otra por lo menos. Sin embargo sí que hay algo que detesto en el tono de todos estos artículos, menciones y entrevistas, sobre todo en los medios musicales supuestamente especializados: la suficiencia y altanería que desprenden. Existe el habitual convencimiento de que el punk posee naturaleza adolescente y por tanto hay que tratarlo como tal, hay que castigarle. Que es una reminiscencia juvenil, una locura de juventud como cantaban GRB, incompatible con la gravedad de nuestras vidas de hoy. No dudo que para alguien haya significado tal cosa pero me asombra lo extendido que se encuentra el concepto, no sólo entre personas ajenas al movimiento punk, sino que también abunda entre gente que se ha denominado así alguna vez en su vida. Se asume que eso, la enfermedad, ya pasó y hay que dedicarse a cosas más serias, grandes cosas. La imagen de etapa que hay que superar es la que prevalece, aunque no sepamos todavía el escalón que sigue; ¿La estupidez? ¿La legitimación de prácticamente cualquier cosa? ¿La seriedad de la adultez? ¿La extinción del sentido del humor? ¿Transigir? Quién sabe. Otro tema es la palabra revival, el oportuno renacer, algo que no tiene ni pies ni cabeza, convertido en lugar común de las secciones de tendencias de los semanarios y diarios. Leí hace un tiempo un artículo sobre Bad Religion, tocaban en el festival En Vivo de Madrid y resulta que renacían. Que yo sepa han grabado dieciséis discos en treinta años de carrera; siempre han estado ahí, no han renacido ni bobadas similares. El punk siempre ha estado ahí y estará, porque trasciende un estilo de música, no es una moda pasajera sino que empapa con su actitud vertientes diversas de la vida, el arte y la política, se convierte en una manera de hacer las cosas. Propongo que se aplique el mismo tratamiento para todas las noticias, por ejemplo; este otoño habrá un revival de las cargas policiales y las detenciones en masa, transportándonos a tiempos que ya creíamos olvidados. El revival del paro nos transporta al comienzo de los años noventa, pero vuelve con un look más agresivo.

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