KOPPS (Josef Fares, 2003)

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Kopps. 2003. Suecia. Dir: Josef Fares.

Fíjate que el título del nuevo especial Fuerza Vital prometía una rapsodia de mamporros y tetas al aire, justicieros nocturnos y consorcios mafiosos multinacionales. Lo que ponen después del fútbol, la llanura encefálica hecha cine, el macarreo sin pies ni cabeza, entretenido o despreciable dependiendo del día. Pues nada de eso. En lugar de la aspereza de Charles Bronson o Mario Van Peebles, me ha tocado una película que dan ganas de abrazarla, por ingenua. Kopps (Josef Fares, 2003) toma el tópico sueco de los bajos índices de criminalidad para transcurrir por la parodia, a la vez que ensalzamiento, de la apacible vida nórdica. El punto de vista simpático de la narración permite una visión sin tropiezos, ascendentes las cotas de humor y las situaciones patéticas de sus protagonistas, el breve departamento policial de un pueblo en el que nunca pasa nada. Aunque el punto de partida es inequívocamente cómico –como no hay crimen, las altas instancias policiales deciden cerrar la comisaría, así que los propios policías comienzan a delinquir para subir las estadísticas criminales-, el tono del humor es demasiado transparente, falto de malicia y pueril en la mayoría del metraje, cayendo constantemente en el gag tontorrón o en la ridiculización de las cintas de acción americanas. Esta doble vía humorística permite una leve descripción de las vidas sosegadas de los cuatro agentes principales; un matrimonio que discute constantemente sobre la vida en pareja, un chalado que sueña con ser Bruce Willis en Die Hard y el primus inter pares cinematográfico: el poli sin novia que se equivoca siempre, el perdedor endémico. Entre chiste y chiste se nota un interés leve por el drama suave, tampoco Kopps es tan alocada como pueda parecer antes de verla, un factor que todavía no sé si juega a su favor o si la condena definitivamente. Josef Fares filma bien, y quizá por eso la película no se hace pesada en ningún momento. El peor enemigo de la película de Fares es precisamente la falta de agresividad de su humor, demasiado blanco e impoluto, exento de ironía y colmado de candor. No hay pelea en ese tipo de humor, no se confronta nada en ningún momento, se produce una caricatura inofensiva de la policía sueca. No es necesario llegar al escarnio para producir carcajadas, pero es que hay demasiada amabilidad en todo lo que sucede en el film.

Publicado en la revista Fuerza Vital.

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