AALTRA (Benoît Delépine / Gustave de Kervern, 2005)

aaltra

Aaltra. 2005. Francia. Dir: Benoît Delépine / Gustave de Kervern.

Aaltra funciona como un aparato hipnótico; forma parte de ese puñado de películas que, más allá de sus virtudes y defectos, son capaces de capturar tu atención desde su inicio, bien sea merced a un atractivo planteamiento de la acción, a una apabullante  calidad estética o una combinación de ambos factores. Pendulares. La película dirigida por Benoît Delépine y Gustave de Kervern, formada de esquiva materia magnética, ilustra las andanzas de dos personas que no se pueden ver ni en pintura y que más tarde descubrirán que, aunque parezca imposible, tienen un denominador común que les une: el hijo de puta que todos llevamos dentro, en su caso, a flor de piel. Es un cabrón descarado, torcido y malicioso, aprovechado de la buena voluntad y corrección de los infelices que se han cruzado en su camino. Aaltra es una road-movie en silla de ruedas de planos contenidos, geométricos, en los que siempre ocurre algo; a veces es más importante lo que acontece en segundo término. Delépine y de Kervern han cebado la hormigonera de humor negro sin concesiones, fangoso, y le han dado una patada cuesta abajo; han prescindido de la cadena de chistes en favor de un tratamiento cómico general, con potencia visual, extraño, pero elaborado inteligentemente y de efectividad demostrada. Los dos protagonistas quedan paralíticos, atrapados entre las fauces del remolque basculante de uno de ellos. Reconozco que me cuesta analizar la película objetivamente porque las cosechadoras, los tractores y todo tipo de maquinaria agrícola me fascinan; me recuerdan los largos veranos en el pueblo en los que pasaba el rato observándolos;  sus marcas, las mulillas mecánicas, los rotavatores y demás artilugios. Eran artefactos singulares, especiales. Pensaba que un coche podía  tenerlo cualquiera pero no así un tractor o una cosechadora, que además eran enormes y tenían formas curiosas. Aaltra es la marca imaginaria del remolque asesino, por una letra no es la famosa firma de maquinaria finlandesa. La película parte de esta cotidianeidad rural para mostrarnos un enfrentamiento también muy cotidiano: la discusión de tráfico. El incidente que origina la trama de la película es un choque de normalidad. El lento fluir de tractores por las estrechas carreteras comarcales del medio rural contra el ansia de llegar a casa rápidamente, esquivando los desesperantes atascos urbanos. Los dos protagonistas emprenden un divertido viaje a Finlandia, repleto de mala baba, para cobrar la supuesta indemnización por el accidente que los ha postrado en una silla de ruedas. Una película que no entiende de sensibilidades, de carcajadas que pesan como el plomo. Extraña e intensa.

Publicado en la revista Fuerza Vital.

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