RETABLOS

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A Single Man. 2009. Estados Unidos. Dir: Tom Ford.

Hace unas semanas comenté el peligro que la masa representa, no sólo para la libertad de los individuos sino para cualquier heterodoxia que la desafíe e intente abrir nuevos caminos al margen del pensamiento unidireccional. Ponía como ejemplo la espléndida película de Delbert Mann, Marty, en la que a Ernest Borgnine le toca lidiar con su círculo de amigos, familia y sociedad; una pugna agotadora contra un púgil incansable, la semilla de la tradición absurda que a todos nos han sembrado en nuestras cabezas. Que germine o no depende de nosotros y de nuestra capacidad reflexiva. Es curioso como a George Falconer le invaden las mismas cuitas en A single man, el debut en la dirección de Tom Ford. Falconer es un profesor universitario bien situado al que la reciente muerte de su pareja y amante Jim aflige hasta transformarle en un suicida insomne y melancólico. Al contrario que en el caso de  Marty, cuyo aspecto rudo y no demasiado agraciado se entiende como un inconveniente más a la hora de relacionarse en sociedad, el profesor Falconer es un tipo apuesto, bien parecido. Su homosexualidad se ha tornado invisible por obligación. En realidad no sé por qué me ha recordado a Marty; quizás tenga que ver el hecho de que (a su manera) son dos tipos que han llegado prácticamente a la misma conclusión desde puertos distintos. Un currela italo-americano de Nueva York y el londinense cultivado de trato exquisito.

La película es un anuncio de televisión. Un spot publicitario elaborado con elegancia -eso sí-, de perfumes caros en envases que desafían la física y  no puedes guardar en ninguna estantería. Tom Ford recorta la historia y la fragmenta; partiendo del detalle hacia la realidad general hilvana una narración interesante y visualmente efectiva. El problema es que  seleccionadas secuencias (también el tono general de la película se resiente) funcionan como un retablo barroco televisivo; todo está medido y manoseado, relamido; me ha parecido cursi en ciertos momentos. En su afán preciosista, Ford ha dotado a la película de un aire cargante y, en mi opinión, contraproducente. Como cuando ves un dibujo impactante pero de rigidez absoluta. Da rabia porque el dibujo es genial, lo que ocurre es que le falta vida, frescura. A pesar de todo, la película es entretenida y es un más que digno debut. La interpretación de Colin Firth es asombrosa, articula y da sentido a la historia. La hace convincente.

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