BLACK MIRROR: THE NATIONAL ANTHEM (Charlie Brooker / Otto Bathurst, 2011)

Black-Mirror-Ep-1

Black Mirror: The National Anthem. 2011. Reino Unido. Dir: Charlie Brooker / Otto Bathurst.

En la novelita La cabeza de plástico de Ignacio Vidal-Folch, el director del Stedelijk Museum de Amsterdam, Cees Wagner, sirve a Rudi Kasperle de lienzo donde pintar su obra. Rudi Kasperle es el alias escogido por un autodenominado artista punk. Una mañana, el director del museo lee en el periódico la reseña de una exposición recién inaugurada; Kasperle había expuesto los informes elaborados por un detective privado a su servicio. Los informes mostraban una narración fotografiada de tres días de su vida. Los críticos hablaban de una obra maestra del conceptual-criticismo, sin embargo, a Wagner seguía pareciendo una intromisión en su vida privada y, en cierta modo, una innovadora forma de chantaje. Este enfrentamiento entre el artista –Kasperle- y su soporte –Wagner- sirve a Vidal-Folch para elaborar una disección muy fina del mundo artístico; el funcionamiento de los distintos engranajes -los productores de obra, los compradores, el público y los expositores- es desenmascarado mediante una inteligente exposición de sus verdaderas motivaciones, con la ayuda de un sentido del humor absolutamente destructivo. En el primer episodio de Black Mirror, The  National Anthem, el primer ministro británico, Michael Callow se ve arrastrado a una situación similar a la de Cees Wagner pero mucho más dramática y absurda, un punto de partida que es mejor no desvelar -surrealista y muy digno de Rudi Kasperle, si se me permite el atrevimiento-, perfecto para elaborar un pequeño ensayo sobre el poder de los medios de comunicación e Internet y la reacción del público, sobre cómo la tecnología ha cambiado nuestros comportamientos, nuestra forma de trabajar, de pensar y de sentir. De funcionar. Son los tiempos de los vídeos que se extravían en la red y acaban en el lugar menos oportuno, o en los dispositivos móviles de todos tus vecinos, como el de la famosa concejala devenida en concursante televisiva; la misma pantalla que te condena también te rescata, existe una extraña solidaridad catódica. Son los tiempos de You Tube, donde no hay tropiezo posible. Un lugar vomitivo si nos paramos a pensar; podemos ver lo que queramos, nos dicen, y a mí me parece que se ha democratizado el mal. Puedes ver ejecuciones reales, todo tipo de agresiones, al lado del Gangnam Style de turno y del monito que conduce una minimoto. Un programa que te pide verificación de edad tanto si quieres ver tetas en un vídeo de Mötley Crue como si quieres ver cómo le rebanan el pescuezo en directo a un desdichado. Otro paso más hacia la insensibilización. Vean este capítulo y ya me contarán si les ha recordado también a la pelea entre Kasperle y Wagner. No les cuento más de El Himno Nacional porque si no han visto este primer capítulo y sigo hablando me van a matar, registrar mi agonía con un móvil y subirlo a You Tube. Yo lo haría.

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