SKYFALL (Sam Mendes, 2012)

Skyfall 1

Skyfall. 2012. Reino Unido. Dir: Sam Mendes.

Aprovechando el estreno inminente de Skyfall, El País Semanal publicó un artículo sobre los diferentes actores que han dado vida a James Bond con el objetivo de dilucidar cuál de ellos ha sido más Bond. Algunos de los autores optaba por la primitiva atracción que ejerce Connery –a mí siempre me ha parecido un poco tosco-, la ironía de Roger Moore, la agresividad de Dalton, la testimonial actuación de George Lazenby y la elegancia del más reciente 007 de los noventa, Pierce Brosnan. También se comentaba si Daniel Craig daba el pego o no, a pesar de que Skyfall supone su tercera encarnación del agente británico. Yo me he tragado toda la saga aunque muchas de sus entregas las tengo olvidadas; me gustan las aventuras de Bond en sí, los lugares que habrán escogido para filmarlas, las taras físicas que sufrirán sus taimados enemigos, los estrafalarios inventos de Q, los aún más estrafalarios guiones que parecen escritos por niños de primaria, las existencias dramáticas de la chicas Bond, las chicas Bond en sí… Para mí todo supone un compendio indivisible, a veces por encima del propio actor que interpreta al famoso espía, así que puede decirse que me da un poco lo mismo quién sea. Si tengo que elegir me quedo con Roger Moore. La espía que me amó – The spy who loved me (Lewis Gilbert, 1977) es de mis películas bondianas preferidas y la verdad es que no sé por qué. Quizás sea ese aire de serie b que tiene.

Sam Mendes dirige a Bond en lo que parece una auténtica reconversión del personaje. Tras una aceptable Casino Royale (Martin Campbell, 2006) y la decepcionante Quantum of Solace (Marc Forster, 2008),  existían altas expectativas acerca del camino que tomaría la franquicia. En manos de Mendes, Bond se ha oscurecido un poco, parece un hombre que tiene conflictos como un ser terrenal. Problemas de verdad, no los habituales relacionados con una organización secreta que quiere destruir el mundo. Se trata del Bond más minimalista de todos, sólo necesita de una radio liliputiense y de su Walter PPK para poner freno a la venganza urdida por Silva. Esta asepsia instrumental puede interpretarse como un guiño al nacimiento cinematográfico del personaje; el Aston Martin plateado homenajea el primitivo despertar del agente en la piel de Connery. Bardem borda al malvado repulsivo y sádico a pesar de que no se ha doblado a sí mismo en la versión española; el doblaje de la película es de cárcel y llave al mar, pero eso es harina de otro costal y merece un artículo propio. El doblaje es una tradicional lacra que cada uno lleva como mejor puede, pero es que de un tiempo a esta parte, cada vez me parecen peores. Además de no dejar opción para ver –quien quiera- las versiones originales, nos las tenemos que tragar directamente tergiversadas, con lamentables traducciones y sincronizaciones penosas. Directamente mal hecho. Volviendo a Skyfall. Comienza con la clásica escena de acción y créditos espectaculares, no aburre en prácticamente ningún momento pese a existir algún que otro forzamiento narrativo, los habituales encajes a martillazos de las películas de Bond. Sólo se me ha hecho un poco pesada al final, para mí demasiado extendido. Mendes nos propone un Bond humano, acuña una nueva vertiente del personaje, su dimensión como individuo y recupera un elenco de personajes que puede funcionar para numerosas películas más.

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