ESTRUCTURAS Y CULPABLES

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Zero Dark Thirty. 2012. Estados Unidos. Dir: Kathryn Bigelow.

Acuérdense de la movida. Aunque la realidad avanza a velocidad de vértigo, no hace tanto tiempo de ello; 2005, 2006 o 2007. Me refiero a la polémica acerca de los vuelos transeuropeos de prisioneros hacia los centros clandestinos de detención de la CIA. La que se formó en los medios; que no podía utilizarse el espacio aéreo europeo para prácticas que –siempre presuntamente- violaban los derechos humanos, que si los Estados Unidos se extralimitaban en su “guerra contra el terror”, que no, que la inocente Europa no podía participar en semejante pisoteo de la Convención de Ginebra. Que si había centros de tortura en suelo europeo, que no, que tenemos plena conciencia de lo que ocurre en el crisol de culturas que son los  países de la UE… No se preocupen si lo han olvidado porque la nueva película de Kathryn Bigelow, Zero Dark Thirty se encargará de refrescarles la memoria mediante su más que cínica existencia. Según nos informa Bigelow, gran parte de la película está basada en informes de la propia CIA sobre cómo se ejecutó al enemigo público número uno, Osama Bin-Laden. Y ahí lo tienen, empieza el film y leemos el rótulo de CIA Black Site (así llaman a dichas mazmorras los yanquis), somewhere, para ponernos en situación. Aparecen unos señores encapuchados torturando a un pollo con una saña que ríete tú de Fu-Manchú y sus secuaces. Con toda la cara del universo; cinco o seis años después, llega la CIA, vía Hoollywood y nos dice que sí, que aquello pasó, que no sólo existían los vuelos secretos sino que también habían levantado alguna que otra delegación de tortura rápida en la vieja Europa, en Polonia y Rumanía. Qué quieren que les diga. Yo me quedé estupefacto, no puedo valorar la película de una manera adecuada. Admito que estoy absolutamente condicionado, me parece tétrico este asunto. La película está bien hecha, es buena, pero todo lo que hay tras ella es un inmenso sumidero. Es tan solo una peli, es verdad, no va a pasar nada por ella. He leído el texto de Slavoj Zizek sobre la misma y la normalización de la tortura que se intuye en su metraje; infligir dolor a tus semejantes con la máxima frialdad por los mecanismos del estado no solo existe sine que se asume como algo cotidiano, con lo que hay que acostumbrarse a vivir. Estoy bastante de acuerdo. Ya no escandaliza a nadie lo que se ve en Zero Dark Thirty; repugna y hasta puede llegar a entenderse. El concepto de salvar vidas cercenando otras. Subyace la idea de que si los ciudadanos nos enteramos de algo así, del comportamiento mafioso de las autoridades que nos representan, si hay un gran fin que alcanzar mediante ellos, preferimos no estar al tanto del horror que se está produciendo. Que el estado haga bien su trabajo implica que tales hechos jamás salgan a la luz. Una frase muy repetida cuando salta a la palestra el tema GAL es la siguiente; es que aquello fue una chapuza, aquello se hizo mal. ¿Preferirían los autores de estas afirmaciones que jamás se hubieran investigado tales hechos? ¿No es torturar hacer el mal? Si no es así, el último que apague las luces. Zero Dark Thirty ganará, al menos, un par de Oscars y seguro que se contemplará como una gran película objetiva y transparente que alumbra muchos de los rincones de la lucha contra el terrorismo norteamericana. Quizá sea así, no lo discuto, pero ensombrece lo demás. Es el argumento de obedecíamos órdenes o no estábamos al tanto o esto no lo he inventado yo, colega. Hoy en El País aparece una entrevista a una líder de las Juventudes Socialistas y comenta algo que ya parece un lugar común en política. Al hilo de sus críticas al funcionamiento de los partidos nos dice que “son las estructuras las que no funcionan, los sistemas de trabajar, los métodos de comunicación…No se señala con el dedo a nadie”. Es una buena forma de escurrir el bulto; nadie es responsable de nada. Siento ser repetitivo, pero parece que estas famosas “estructuras que no funcionan” han sido establecidas por alguna lejana civilización extinta a la que fuera imposible rendirle cuentas. Que son inamovibles y se han generado espontáneamente. Que no hay culpables.

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