LAS FORMAS

1944Madrid-2

La ciudad es nuestra. 1975. España. Dir: Tino Calabuig / Miguel Ángel Cóndor.

Uno de los aspectos que más sorprenden de entre todas los que rodean el torrente de comentarios, comparecencias, monólogos y entrevistas que los miembros del gobierno se han visto obligados a realizar a raíz del escándalo de la financiación en negro del Partido Popular, se relaciona con su soberbia y estupidez. Al habitual discurso laberíntico, de retórica hueca, se suma –o acrecienta, depende del orador- la altivez y agresividad en la respuesta; la moral deforme e inversa contempla esta obligación con los ciudadanos como un injusto acorralamiento. La plana mayor del gobierno se revuelve y clama contra todavía no sabemos qué o quién, parece que los papeles de Bárcenas hayan caído del cielo, en una cápsula procedente de un lejano planeta cuyos desagradecidos habitantes han urdido una conspiración contra su privilegiado estatus terrestre, legalmente apuntalado e inmune a terremotos políticos. Molesta hablar con aquéllos que –se supone- representan. La culpa es tuya por golpearte contra mi puño. Es nefasta la imagen que se reflecta de este comportamiento, no sólo por la sensación existente de que se encuentran por encima de lo humano y lo divino, levitando en una nebulosa legislativa traidora y mentirosa, sino que, a medida que el tiempo transcurre, su forma de dirigirse a nosotros va perdiendo cualquier tipo de forma e inteligencia, si es que alguna vez la tuvo. Pese a sus indignadas aseveraciones exculpatorias, cada vez parecen más dedicarse a la política para aprovecharse de su situación y arramplar con todo lo que se ponga por delante, que han medrado en las estructuras de sus partidos, no por los méritos académicos u honestidad en su trabajo, más bien al contrario; su falta de escrúpulos y su buena posición social y económica parecen determinantes a la hora de ocupar las poltronas más elevadas. Así lo demuestra la red de familiares de políticos colocados en cargos con nombres muy largos y rimbombantes, especialmente diseñados para ellos, para trincar sin hincarla. Es curioso que las palabras más acertadas de esta última semana hayan sido las de Ada Colau en el Congreso y no tiene que ver con la importancia del tema expuesto. Contrastan con la intervención rocambolesca, digna de Groucho Marx, que nos ha dedicado la directora general de la Agencia Tributaria o cualquiera de los greatests hits de nuestro presidente del gobierno, empezando por el “sólo es verdad algo” y finalizando con el “estoy un poquillo cansado”. Todavía en Colau se vislumbra al ser humano inteligente, lo acertado de exponer una situación injusta a todas luces de una manera concisa y rauda. Sobre todo rauda, porque los señores serios tuvieron la deferencia de escucharla, pero rapidito. Colau tenía la verdad como escudo, así que sólo pudieron atacarla diciendo que se retractara de haber llamado “criminal” a otro tipo muy serio y respetado en su círculo de potentados. Ridículo.

Pensaba en todo esto hace un par de noches, viendo el documental La ciudad es nuestra de Tino Calabuig y Miguel Ángel Cóndor. Un amigo lo había colgado en una red social y desconocía su existencia. Rodado en 1975, recoge los testimonios de miembros de las asociaciones vecinales de las barriadas madrileñas de Orcasitas, el Pozo del tío Raimundo, Barrio del Pilar, Leganés o San Blas, originarios núcleos de chabolas o ciudades colmena muchos de ellos , creados en los años cincuenta para albergar a la inmigración procedente del campo empobrecido; una denuncia del abandono premeditado de la clase trabajadora por parte de las autoridades gubernamentales, un retrato de la situación infrahumana de la vida en la urbe. Sin escuelas, sin alcantarillado, sin calles asfaltadas, los vecinos se organizaron de manera activa. Sobrecoge la claridad y rotundidad de su discurso, muy alejado de la palabrería descafeinada típica de las clases medias, el parapeto de los poderosos. Lo único que recibieron del Estado fue la dejadez total y la hostilidad hacia cualquier medida que pudiera mejorar las condiciones de vida en el barrio. Olé. Y qué forma de exponerlo todo, qué vehemencia y dignidad en sus palabras. Aprendamos todos un poco, no acierto a decir más. Compárenlo con la ignorancia galopante y el desdén feudal de los señores serios. Y luego saquen conclusiones.

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  1. tinocalabuig

    Muchas gracias por el comentario que veo hoy en tu blog.
    Me agrada ver como gente joven como tú se interesa por las circunstancias en las que hoy en día nos debatimos los ciudadanos en una ceremonia de la confusión y el cinismo de la clase dirigente.
    Quisiera aclarar que Miguel Angel Cóndor fue el operador de cámara de la película, no por quitarle ningún mérito, el error de atribuirle la coautoría es culpa de que en los títulos de crédito se quedó vacío el lugar donde debía decir CAMARA, debajo de Realización.
    Un saludo cordial
    tinocalabuig

  2. incitatusblog

    No hay de qué. Descubrí el documental de casualidad y, después de verlo, me pareció un documento indispensable y de visionado obligatorio. Todavía sobrecogen la claridad y la concisión de los vecinos a la hora de exponer su vida ante la cámara. Choca con las maneras descafeinadas y/o burdas de hoy. Respecto al tema de Miguel Ángel Cóndor; no tenía ni idea, muchas gracias por la aclaración. Desde aquí te animo a que eches un vistazo al resto del blog; quizás haya cosas de tu interés o quizás no. Un saludo.
    G. M

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