VUELTA AL MUSEO DE CERA

The_Expendables_2

The Expendables 2. 2012. Estados Unidos. Dir: Simon West.

Les cuento. El cine hasta la bandera, la cola en el vestíbulo al borde del vahído a causa del calor pegajoso, un tipo en traje militar de camuflaje, casco incluido; por un momento recordé la matanza de Colorado… Encontrar el cine atestado se está convirtiendo en algo cotidiano –al menos los días de estreno-, no sé si porque la gente está aprovechando el tiempo antes de la inminente subida del IVA o quizás se deba a que, efectivamente, los años cincuenta están volviendo no sólo en su versión político-separadora de sexos y económico-subsistente, sino que también sus mecanismos de ocio reaparecen. Justo ahora que ir al cine se había convertido en algo tan residual como comprar heroína y ya le estaba empezando a coger el gusto a ver películas de grandes directores sólo, o levemente acompañado, como si estuvieras viendo El fontanero, su mujer y otras cosas de meter o alguna película prohibida. También puede que la razón sea más sencilla que todo esto; es de lo pocos sitios del centro que tienen un buen aire acondicionado y puede salvarte en un momento dado de la canícula veraniega. También el cierre de Megaupload ha hecho de las suyas, no hay nada como prohibir. Sea como sea, el caso es que algo –parece- está cambiando y los empleados del cine -que son cada vez menos y se han transformado un una única figura que vende las entradas, limpia la sala después de cada sesión y proyecta la película- han inmortalizado estos instantes propios de otro tiempo con sus cámaras de fotos. Sucedió también este verano en el estreno de El Caballero Oscuro: la leyenda renace; antes de la proyección de la misma, observé cómo –discretamente- los trabajadores se situaban en lugares estratégicos de la sala, cuales francotiradores, estupefactos, como si hubiesen esperado ese momento durante años y ahora les pillara desprevenidos. La expectación ante el regreso de Batman era mucha después de su anterior entrega marcada por la muerte de Heath Ledger y aún así me pareció desmedida la afluencia de público. Pero Batman es historia para otro momento -yo también creo, como Santiago Roncagliolo, que Bane es el mejor alcalde de la historia de Nueva York- y no es el porqué de este texto que ya ha empezado demasiado desviado.

La razón de tanta fila condenada y del cartel –inédito en los últimos diez años- de “no hay billetes” es el estreno de la pirámide de testosterona llamada The Expendables 2. Vi la primera parte en su día y mi cerebro ya la había borrado por completo así que esta secuela puede decirse que es algo nuevo. Del museo de cera han retirado a Mickey Rourke y en su lugar han colocado las estatuas de Chuck Norris y Jean-Claude Van Damme, otorgando más horror –si cabe- al plantel de mercenarios. Otro cambio es la sustitución de Jet Li por su compatriota Yu Nan, una aguerrida fémina que también se une a la fiesta de mamporros. La película es absolutamente ridícula pero entretenida; da vergüenza ajena constantemente y te ríes si sabes a lo que vas. El comienzo es trepidante, los mercenarios gastan una cantidad de balas de fogueo que seguro supera el PIB de algún país, la sangre está digitalizada al estilo del cine Hong-Kong porque sería muy tedioso transportar la cisterna que gastan por escena, y en un momentito convierten el montañoso Nepal en un descampado lleno de chatarra. Me ha sorprendido que al final de la película, en el apartado del Story by aparezcan tres fulanos para escribir semejante chorrada. En fin. Lo grotesco emerge prácticamente en cualquier plano que escojamos aunque sea al azar, todo en The Expendables 2 es penoso y la auto-parodia de musculosos sesentones en declive es de lo poco interesante de la cinta. El otro interés residía en saber a quiénes iban a hacer pedazos los mercenarios; en esta ocasión, además de los nepalíes, los malos son una especie de mafia georgiana o de algún país cercano que –por supuesto- quiere vender plutonio a enemigos potenciales de los Estados Unidos.

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