PARADISE OF USELESS FACILITIES

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Aquellos aficionados a los juegos de mesa quizás lo recuerden; ignoro si en estos momentos se halla descatalogado, puede que sí, se trata de uno ya bastante antiguo. Su nombre es Junta y los participantes ocupan puestos de máxima relevancia tanto en los ministerios como en el ejército de una república bananera. Nótese que pese a ser una creación norteamericana o británica el nombre del juego está en perfecto castellano; se confirma el español como lengua materna de la corrupción urbanística, política, policial y judicial. Mi abuelo decía que el español se había inventado para hablar con dios y no erró demasiado el tiro si convalidamos los sobres de Bárcenas y el dinero depositado en bolsas de basura como nuevas deidades con multitud de fieles. En alguna de sus diferentes ediciones, Junta lleva el servil e irónico sobrenombre de Viva el presidente! Su portada se ha quedado un poco anticuada para mi gusto; quizás sus creadores hayan hecho demasiado hincapié en las dictaduras militares latinoamericanas obviando lo que ocurre en nuestro lado del charco, que es, a fin de cuentas, lo mismo pero sin bigotes poblados, gorras de plato, chaquetas metálicas y gafas de sol. Mas de aquí, pelo pa’tras, traje, fariña y Mercedes oficial blindado cual tanque Leopard. A lo que vamos. En Junta como he dicho antes, los diversos jugadores encarnan un mando de los diferentes ejércitos, tierra, mar y aire, controlando las unidades militares relacionadas. Por ejemplo, si a usted le toca la Marina pues tendrá a su servicio a las fragatas y a un par de regimientos de infantería anfibios… También entre estos agentes se encuentra el temido (lo digo por experiencia) Ministro del Interior que controla la a la policía y al asesino; el ministro del Interior puede valerse de las cloacas del Estado para deshacerse de algún jugador molesto para sus intereses. De entre todos ellos se erige un Presidente de la República cuyo papel fundamental es elaborar los presupuestos; es decir, trincar dinero y repartirlo –aquí esta el quid del juego- según le plazca entre los demás participantes. Dependiendo de este reparto el presidente tendrá apoyo por parte de los estamentos militares o no, pudiendo arriesgarse a un golpe de estado que acabe con su mandato. El objetivo del juego no es que la peña en nuestra querida república viva decentemente, por favor. Como parte de la oligarquía que somos, nuestro objetivo último es salvar dinero en una cuenta suiza. El dinero que cada jugador obtenga a lo largo de la partida se guarda en el bolsillo (son billetes como los del Monopoly), pero esos ahorros no son seguros y pueden ser (de hecho lo serán) sustraídos si eres eliminado. Sólo si el dinero está en Suiza es intocable. Al final, el jugador que más dinero haya depositado en su cuenta suiza es el ganador del juego.

En la partida que el gobierno está actualmente jugando las cosas van bastante bien. Aquí, como en Junta, dimitir no aparece en el libreto de reglas, la legalidad,-hip, hip, hurra- se ha merendado a la moralidad. No hay solución a la vista, se han alcanzado cimas inéditas de cinismo en un país de Europa occidental. La Marca España está batiendo récords; ya tenemos a dos presidentes del gobierno que –presuntamente- deberían haber dado con sus huesos en la trena, y otro que participó en una guerra declarada ilegal por los organismos encargados de mantener la paz en la galaxia. Y todo eso siendo una de las democracias más jóvenes del viejo mundo, ya ven. Pensando en todo esto de reforzar la imagen de nuestro país allende los mares y las fronteras sugiero varias medidas. La primera hacer caja con la corrupción; porque señores, no se están rentabilizando los desfalcos de los que somos testigos. Hay que construir inmediatamente el Museo Guggenheim de la Corrupción. Eso sí que iba a causar sensación; imagínense las filas de japoneses esperando fotografiarse junto a los papeles de Bárcenas, nuestra Gioconda. O una visita guiada por las construcciones más absurdas de la historia del capitalismo: la Ciudad de las Artes y las Ciencias, la Cidade da Cultura en Galicia, el aeropuerto sin aviones, la estación sin trenes y así ad infinitum. También fomentar el turismo cultural de monumentos, como en Italia, que parecemos tontos, y observar la grandiosidad del último arte escultórico ibérico en el busto de Fabra, por nombrar alguna de las inmortales obras con las que el afortunado pueblo español ha sido obsequiado. Hay que diversificar, no va a ser todo mover el culo en Benidorm puesto hasta las cejas de sangría. No señor, hay que dar un giro copernicano a nuestra principal fuente de ingresos. Spain. Paradise of Useless Facilities. Vengan, no se arrepentirán.

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