LA SIMA

conchitamontenegro

Rojo y Negro. 1942. España. Dir: Carlos Arévalo.

No sé si el valor de Rojo y negro reside más en su importancia como documento histórico que en sus cualidades cinematográficas. Todavía no estoy seguro; y es que la película es curiosa no solo por su prohibición al poco tiempo de su estreno ni por el barniz  enigmático del que está impregnada, sino porque es radicalmente diferente a otras películas patrocinadas por el régimen franquista en la posguerra. Por lo menos de las que yo recuerdo. Pese a estar construida a base de (a mi parecer) rudimentos cinematográficos eficaces pero limitados, traducidos en metáforas visuales (un vaso que gota a gota se llena hasta derramarse) que pueden parecernos muy evidentes, el planteamiento del director Carlos Arévalo se sitúa en el polo opuesto de las fanfarrias fascistas de celuloide. La escenografía de la Checa de Fomento, el uso de la luz, utilizando claroscuros que  la dotan de una sobriedad trágica me remitieron instantáneamente al expresionismo alemán. Me sorprendió, lo reconozco. Quizás subestimé a Carlos Arévalo al pensar en él simplemente como un falangista de cuyo cine, exento de arte y empachado de patriotismo mitológico, nada útil o beneficioso pudiera extraerse. Aún  del pozo más negro y detestable se puede obtener algo que pueda servirnos de utilidad; pero hay imposibles, y 1942 es un agujero de negrura insondable que hiede a kilómetros. Es la sima de la que emergió Raza. Los personajes parecen querer serlo, pero se pierden en el transcurso de la cinta porque son apenas un boceto ramplón. Únicamente Conchita Montenegro -en la foto- se desenvuelve con naturalidad, libre del encorsetamiento y austeridad interpretativa de la que adolece el resto del reparto. Se nota que fue una diva de la década precedente y algo queda; hace gala de una gran elegancia dando vida a una bella falangista. El film tiene deficiencias pero no aburre, no es un pestiño conmemorativo. La clave del film, lo que la hace interesante en comparación con otras películas de la época, es la humanización del enemigo que hace Arévalo. Resulta que los rojos tienen dos piernas y dos brazos, y además sienten, toma ya. No son emisarios satánicos a los que  han practicado lobotomías en una cochera de Moscú, devoran recién nacidos y dedican su tiempo libre (que es mucho porque son unos vagos) a conspirar y a pincharles el culo a las monjas con sus horquillos. Arévalo, que (no lo olvidemos) debía ser muy falangista, subraya el carácter popular y el poso obrero de Falange que nunca terminó de cuajar en el proletariado aquí, a diferencia del fascismo alemán o italiano. Nunca lo sabremos, pero quizás  este tratamiento  tan fuera de tono sea el culpable de que Jaime de Andrade mandara retirarla de los cines. Porque  humanismo en la sima 1942 no había demasiado. Más bien nada.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s