UN SALDO MUY CARO

the_tourist_2010

The tourist. 2010. Estados Unidos. Dir: Florian Henckel von Donnersmarck.

Sigue siendo un misterio difícil de explicar por qué los organizadores de los premios cinematográficos más prestigiosos continúan obstinados en desparramar y pisotear su –por momentos más afectada-  reputación proponiendo productos que inducen al sonrojo instantáneo –cuando no a la carcajada o cabreo inmediatos- para su consagración mundial y fulgurante paseo bajo palio por todas las salas de cine. Dudo de que tal manera de proceder -agasajar la mediocridad de una película absolutamente vacía, impostora y deliberadamente construida para el consumo rápido, concebida como fiesta al presupuesto desorbitado e inútil- sea beneficioso para nadie; ni para los aspirantes a premiados ni mucho menos para la entidad que los otorga. Por sí solos dichos filmes ya cosechan millones de dólares, muchos más de los que deberían si atendemos a su calidad. ¿Qué es lo que realmente se premia? ¿Recaudar fortunas? ¿Conseguir la mayor taquilla con la más ínfima de las películas? Una cosa es construir la máquina de hacer dinero, con los méritos y respetos que cada uno voluntariamente le procure y otra muy distinta que la invención deba premiarse aún cuando el talento se encuentre bajo cero.  De esta forma los premios se devalúan, pierden su credibilidad como los sobresalientes globales en una clase.

Sólo desde este punto de vista puede explicarse que The Tourist fuese candidata a tres Globos de Oro; mejor comedia o musical (¿?), mejor actor y mejor actriz en dicha categoría. Florian Henckel-Donnersmarck –ganador del Oscar por la estupenda La vida de los otros– dirige esta superflua cinta de espionaje que cimienta su existencia en la relación que mantienen sus protagonistas Angelina Jolie y Johnny Depp. El ramplón arranque del film no es la mejor presentación que una película de reminiscencias hitchcockianas pudiera tener; el suspense no adquiere la intensidad adecuada en ningún momento, el dueto  Depp – Jolie carece del mínimo interés y el decorado veneciano donde han insertado -a martillazos- la historia, naufraga sin que nada pueda salvarlo. El encuentro en el tren, un recurso manido en las intrigas persecutorias de falsos culpables que funciona como estímulo para continuar pegado a la pantalla se cortocircuita en The Tourist; la complicidad entre Jolie y Depp es nula y tampoco el infame guión ayuda a que los actores brillen, alejados del difuso umbral entre comedia y drama en el que se situaban Cary Grant y Eva Marie Saint en North by Northwest, el mismo  galán y Audrey Hepburn en la inocua pero entretenidísima Charade o Robert Donat y Madeleine Carroll en la paradigmática The 39 steps. Alexander Pearce es la enigmática identidad que trae de cabeza a Scotland Yard y a un mafioso ruso tan peligroso como poco creíble; precisamente, el esquivo rostro de Pearce es el eje sobre el que gira la película, un sujeto escurridizo que ni siquiera se han molestado en camuflar demasiado puesto que desde los primeros compases del filme sospechamos de quien se trata.

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