LA GRAN CRUZ

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Balada triste de trompeta. 2010. España. Dir: Álex de la Iglesia.

Un collage a base de recortes de fotografías de libros de historia del colegio y de algunas cosas que no se estudiaban en el colegio, como la carátula de Holocausto Caníbal, icono de los tiempos dulces que vivieron los videoclubes. Es curioso que cuando intento recordar los videoclubes de mi barrio (entonces había muchos)  me vienen a la cabeza tres imágenes aparte de la mencionada: la portada heavy-metal de Nekromantik, la de La historia interminable y la de El barco de la muerte, que no sé por que razón, me inquietaba más que ninguna otra. Instantáneas que persisten en nuestra memoria y que resumen épocas, a veces de modo somero y otras no tanto. Son momentos clave de la historia, muy celebrados algunos cuando conviene, muertos y enterrados la mayoría de ellos. Balada triste de trompeta es la pugna que mantienen un sádico chalado y  un cuerdo que acabará perdiendo el juicio, por el amor de  la misma mujer. Locura, fanatismo y muerte, tres ingredientes esenciales que no pueden faltar en el puchero histórico y que, como los vaqueros, sobreviven modas pasajeras. Una película que abarca muchos años, que prende su mecha en la guerra civil y se consume durante el franquismo para explotar en los primeros años de la democracia.

Álex de la Iglesia arriesga mucho haciendo una película peculiar que puede parecer, a priori, presuntuosa e irrealizable, de listillo resabiado. Con gran pericia narra una tragicomedia surrealista que se mezcla con realidades pasadas concretas. Técnicamente brillante. Álex se rebela como un creador de imágenes sublimes, para el recuerdo, como las de la secuencia de créditos. Descompensada y amorfa pero con un encanto mágico. Una película en la que todo lo que ocurre está destinado a desembocar en un final apoteósico;  la ascensión a la gran cruz. Los personajes escalando el rostro del evangelista como Cary Grant jugándose el tipo entre los caretos de los presidentes del Monte Rushmore en Con la muerte en los talones. Hay mucha violencia e historia- ficción como en Malditos Bastardos. Todo es desmesurado en Balada triste de trompeta, y yo lo agradezco; es una película valiente y masoquista a partes iguales.

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